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"Francisco debe restaurar el pluralismo en la Iglesia"

"Francisco debe restaurar el pluralismo en la Iglesia"

José Manuel Vidal y Jesús Bastante presentan el primer libro sobre el Papa Francisco (Desclée-Rd)

"Francisco. El nuevo Juan XXIII", escrito por José Manuel Vidal y Jesús Bastante (RD/Desclée)

"Francisco debe restaurar el pluralismo en la Iglesia"

"No hace falta ninguna revolución, hace falta que la democratización y la colegialidad se activen"

Redacción, 27 de marzo de 2013 a las 18:49

(Vicente Poveda, dpa).- El nuevo papaFrancisco despierta en José Manuel Vidal y Jesús Bastante esperanzas de cambio en la Iglesia católica similares a las generadas en su día por Juan XXIII, iniciador del Concilio Vaticano II. "Francisco, el nuevo Juan XXIII" es por ello el título del libro que acaban de publicar ambos periodistas españoles, una de las primeras obras sobre el nuevo pontífice argentino.

Vidal y Bastante dirigen religiondigital.com, portal de información religiosa entre cuyos colaboradores se encuentra desde hace ocho años el mismo Jorge Mario Bergloglio. "Podemos presumir de que tuvimos al papa de columnista", afirman en una entrevista con dpa en Madrid. Su libro está prologado por el ex presidente del Congreso de los Diputados José Bono y ha aparecido en Desclée De Brouwer.

dpa: Francisco está dando muchos gestos de sencillez y cercanía. ¿Cuánto hay de natural en ellos y cuánto de pose?

Vidal: "Creo que no tiene pose. Es un tipo absolutamente transparente que se transparenta en esos gestos, y lo que hace es porque le sale del alma, le sale de dentro. Cuando sigue llevando sus zapatos negros o cuando elimina el trono es porque es lo que ha hecho toda la vida."

Bastante: "A mí me gusta mucho su manera de improvisar. En todas sus homilías siempre ha encontrado un hueco para una improvisación muy personal: cita mucho a su abuela, habla de las cosas que ha vivido. A diferencia de papas anteriores, intenta continuar siendo lo que ha sido siempre, un pastor, un obispo que se dedica a su grey."

Vidal: "No sólo improvisa, sino que sintoniza, con gestos y tonos. Estábamos acostumbrados a la linearidad de Benedicto XVI que lo decía todo siempre en el mismo tono monocorde. Francisco subraya, enfatiza, se para, improvisa."

dpa: ¿Qué implicaciones tiene el que sea jesuita?

Vidal: "Muchas. Juan Pablo II se echó en manos de los nuevos movimientos neoconservadores y marginó a todas las congregaciones religiosas. A los jesuitas les nombró incluso un comisario, les tutorizó. Benedicto XVI empezó a recuperar a los jesuitas, pero con Francisco la Compañía de Jesús se convierte en un referente. La tortilla se va a volver. Los nuevos movimientos tendrán que bajar el pistón de su protagonismo en la Iglesia, y las congregaciones se recuperarán, también los dominicos, franciscanos o salesianos. El papa tendrá que situarse en el centro para que tengamos algo de pluralismo. En la Iglesia hasta ahora no había pluralismo."

Bastante: "La clave es que consiga que todos nos sintamos Iglesia. La Iglesia por católica es absolutamente plural, o debe serlo. Todas las realidades son necesarias. La Iglesia no debe estar copada por kikos, legionarios, Comunión y Liberación y demás, y también sería malo que sólo fuera una Iglesia de jesuitas, franciscanos y dominicos."

dpa: ¿Qué otros cambios se necesitan para esa Iglesia "de centro"?

Vidal: "Resituar el péndulo eclesial en el centro significa que hay que resituar la Iglesia también ideológicamente. Hay que volver al Concilio Vaticano II, a explotar y aplicar el Vaticano II. Lo que se hizo en estos últimos 30 años fue involucionar, dar marcha atrás. No hace falta ninguna revolución, ni ningún Vaticano III. Hace falta que la democratización y la colegialidad que se pedían en el Vaticano II se activen, se pongan en marcha, no se congelen como hasta ahora."

Bastante: "Los cardenales han dado una muestra de lo que pueden ser. Son tipos acostumbrados al "ordeno y mando" que han tenido que elegir democráticamente a un señor que además está fuera del aparato curial. Esto debería ser un mensaje para reformar el papel de la curia y que haya un gobierno más participativo. La Iglesia es una estructura muy piramidal y probablemente cueste rebajar esa pirámide, pero si se horizontaliza un poco lo veremos con los nuevos nombramientos y en cómo funciona la nueva estructura curial."

dpa: Francisco habla mucho de los pobres y de una "Iglesia pobre".

Vidal: "La Iglesia tiene que volver a ser menos triunfante y a ser más pobre de verdad. Y eso está previsto también en el Vaticano II. La involución ha sido tremenda en este sentido. Cuando vuelven del concilio, los obispos dejan sus palacios y se van a pisos. También los seminaristas dejan sus grandes seminarios y se van a vivir en medio de la gente. Después hubo una marcha atrás. Creo que una de las cosas que va a hacer y que va a ser muy impactante va a ser la reconfiguración del Banco Vaticano como una banca ética. Hay quien habla incluso de que se estaría planteando seguir viviendo en el Vaticano como referencia, pero dejar de ser jefe de Estado."

Bastante: "De los cardenales que entraron en el cónclave, uno de los pocos que podría llevar a cabo esto es Bergoglio. Cuando era arzobispo de Buenos Aires vivía en un piso al lado de la catedral, de dos habitaciones, compartido con otro sacerdote. Todas las medidas anticrisis que les planteamos a los políticos sería conveniente que nuestros obispos empezaran a tenerlas, que no tuvieran tanto chófer."

dpa: ¿Qué significa tener un primer papa latinoamericano?

Bastante: "Primero reconocer que la Iglesia es universal. En América están viviendo la mitad de los católicos del mundo y hasta ahora no tenían prácticamente peso en la toma de decisiones. Es interesante que sea un papa fuera del juego curial y muy cercano a la sensibilidad de América Latina, tan distinta a la de la vieja Europa. Es muy interesante a la hora de dejar de considerarnos en Europa y en Roma el ombligo del mundo y de la Iglesia, y cambiar mentalidades."

dpa: ¿Y en lo político?

Vidal: "Creo que va a tener una gran influencia geopolítica. Su gran caballo de batalla ha sido siempre la moral social, no la moral religiosa o la conyugal. Sabemos muy bien que no sólo se ha dedicado a ir a hacer caridad a las villas miserias, sino que ha hecho una denuncia profética clarísima incluso ante un gobierno de izquierdas como es el de los Kirchner. Creo que los que están más a la expectativa de cómo va a reaccionar y de los subrayados que va a hacer no es tanto la izquierda argentina o de Venezuela, sino la derecha. Los grandes poderes financieros están preguntándose por dónde va a salir, qué es lo que va a denunciar y poner en evidencia."

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Ivone Gebara, brasileña, monja y feminista: ‘Es un derecho pensar diferente’

Ivone Gebara, brasileña, monja y feminista: ‘Es un derecho pensar diferente’

 

Adital

Página 12
–¿Por qué quiso ser monja?
–Es una larga historia. Yo siempre había estudiado en escuela de monjas pero nunca había querido ser monja. Pero de repente, en los años ’60 entré en la universidad para estudiar Filosofía y me encontré con algunas monjas que estaban muy conectadas políticamente y trabajaban con las poblaciones pobres, y empezó a dibujarse para mí como una alternativa de vida. No lo tenía tan claro pero me parecía una vida más libre que la vida de familia y tener pareja.

Suena raro que haya ido a un convento en busca de libertad…

–Es que nunca me he sentido encerrada. A veces iba a conferencias en la Universidad de San Pablo, que era un foco de lucha antidictadura, y tenía la llave de la casa de las monjas. Mi historia fue de búsqueda de libertad. No soporto que me impidan pensar. Es un derecho pensar diferente. Y ésa ha sido la clave de mi vida, con todos los tropiezos y las contradicciones, porque a veces una no ve claro, y va por un camino y después no es por ahí.

–Realmente suena contradictorio que una mujer busque libertad dentro de una estructura patriarcal, machista y conservadora como la Iglesia Católica. ¿Cómo se entiende?

–Sí, muy contradictorio. Cuando entré en la vida religiosa, fue en 1967, cuando tenía 22 años. Era el momento de los grandes cambios de la Iglesia Católica, justo después del Concilio Vaticano II. Las congregaciones religiosas eran invitadas a aggiornarse. Fue el tiempo en que dejamos las instituciones para vivir entre los pobres. Y ésa ha sido una característica de la vida de las mujeres: salir de las instituciones y vivir en las comunidades populares. Para mí era una vida llena de desafíos.

Desde que era estudiante quería cambiar el mundo. Siempre me pareció una injusticia que hubiera gente tan, tan rica y gente tan, tan pobre. Pensaba que algo se podía hacer. La vida de las monjas me parecía “un” camino, no “el” camino, que se ajustaba un poco a mi tradición familiar, donde había sido muy protegida y resguardada.

–¿Su familia era muy religiosa?

–No. Vengo de una familia de inmigrantes siriolibaneses, con todos los miedos que los inmigrantes tienen sobre todo con las chicas, que los lleva a no permitirles que salgan solas. Soy hija de la primera generación en Brasil. Luché mucho por ir a la universidad. Mis padres no querían. No por el hecho de no querer que yo estudiara, pero sí porque pensaban que el mundo podía ser peligroso para mí. Esas cosas nunca me entraron. Siempre he sido una rebelde. Siempre he sido una peleona dentro de las estructuras familiares.

–¿No se sintió limitada en el convento con ese espíritu tan rebelde?

–No puedo decir que no hubo cosas que me limitaban. Claro, hubo, como en todas las formas de vida. Pero una característica de mi congregación es que hay que respetar la libertad de las personas. Eso es muy fuerte. Y llega a veces a ser bastante contradictorio.

–¿Cuál es su congregación?

–Hermanas de Nuestro Señor, una congregación de origen francés, sólo de mujeres. Estamos en muchos países, Francia, Bélgica, Holanda, Inglaterra, Vietnam, Hong Kong, y en Latinoamérica, en Brasil y México.

–¿Cómo es el vínculo de las congregaciones de mujeres con el Vaticano?

–Oficialmente hay un vínculo de dependencia en el sentido de que la organización de las congregaciones es aprobada por el Vaticano. Algunas mujeres se han sometido, pero nosotras hemos querido hacer lo que creíamos, que era nuestra interpretación del Evangelio. Siempre hemos peleado incluso con el Vaticano, discutiendo nuestros textos.

–¿La suya es una congregación feminista?

–No. Hay poquísimas monjas feministas en la congregación. No sé si puedo nombrar más de cuatro conmigo.

–¿Cómo empezó a incorporar la conciencia de género?

–Yo pertenecía a la Teología de la Liberación. Siempre trabajé desde la perspectiva de la liberación de los pobres, de los movimientos sociales y políticos. El foco era cambiar el mundo desde los pobres. Yo sabía que existía el feminismo, conocía algo del feminismo norteamericano, brasileño y argentino. Pero en la Teología de la Liberación, sobre todo los varones más eminentes, nos decían que el feminismo era cosa de América del Norte, que el feminismo en Latinoamérica era importado.

En tanto militante de la Teología de la Liberación trabajaba en el Instituto de Teología de Recife dando charlas. Siempre, siempre había una sospecha en relación al feminismo. Hasta que mi camino y el del feminismo se cruzaron de muchas maneras. Una primera manera fue con una mujer de un barrio popular, adonde yo iba a dar clases para los obreros varones sobre la Biblia. Iba una vez por mes a la casa de uno de ellos, donde se reunían ocho a diez obreros. Estudiábamos la Biblia desde una perspectiva social, para fundamentar las huelgas, las reivindicaciones laborales.

Yo tenía siempre la lectura de la Biblia que confirmaba los derechos de los trabajadores. La esposa del dueño de casa nunca participaba de las charlas, se quedaba en la cocina, o nos traía café. Hasta que un día fui a visitarla sólo a ella y le pregunté por qué no iba a nuestras charlas. Me dijo que tenía que cuidar a sus niñas, que tenía que hacer café. Discutimos. Hasta que me dijo, casi enojada: “¿Quieres saber por qué no voy? Porque tú hablas como un hombre”.

Yo intenté defenderme. Ella me preguntó: “¿Tú conoces los problemas económicos que nosotras, mujeres de obreros, tenemos?” No. “¿Tú sabes que el viernes es el peor día para nosotros porque el sueldo del obrero sale el sábado y el viernes casi no hay comida?” No, yo le decía. “¿Tú sabes el tipo de trabajo que hacemos para aprovechar el sueldo del esposo?” No. “¿Tú sabes las dificultades sexuales que tenemos con nuestros esposos?” No. “Entiendes por qué no quiero ir a tus charlas, porque no hablas desde nosotras”, me dijo. Esa mujer me abrió los ojos. No me daba cuenta de que abría los ojos para mi condición de mujer en la Iglesia.

–¿Y cómo llegó al feminismo?

–Empecé a leer a las teólogas feministas norteamericanas como Mary Daly. Leí su obra Más allá de Dios Padre. Casi me morí porque ella criticaba casi todo lo que yo creía. Me tomaba las entrañas, empecé a pensar… Leí a Dorothe Sölle, una alemana, que hablaba de la complicidad de las iglesias cristianas con el nazismo y hacía una relación entre la figura del Dios padre y el general.

Cuando recién había entrado al convento yo había vivido de cerca la represión. Enseñaba Filosofía en una escuela pública y eran tiempos de la dictadura militar. Con una de mis amigas que era profesora de Química fuimos detenidas juntas, pero la policía a las dos de la mañana me dejó salir a mí y ella quedó detenida. Mi amiga pertenecía a un grupo político. La torturaron y finalmente cuando salió, al ver a los torturadores en la calle, terminó enfermándose y murió. Ese artículo sobre el nazismo me abrió las puertas para pensar la dictadura de Brasil y cómo también la religión se mezclaba en todo eso. Las manifestaciones en plazas públicas de Tradición, Familia y Propiedad con rosarios en la mano –no sé si aquí también se hicieron– para defender a la gente del comunismo y apoyar a los militares. También leía a muchas norteamericanas. Eso empezó a iluminarme.

La clave fue que un día me encontré con dos feministas en San Pablo, una de ellas me dijo: “Ustedes trabajan teología, ¿pero cuáles son los contenidos?”. Sobre Jesucristo y otras cosas, le dije. Y me preguntó qué cambio tenía eso en la vida de las mujeres, si yo trabajaba la cuestión de la sexualidad, si había enfrentado el tema del aborto. No, le dije. Y me di cuenta de que no conocía nada de las mujeres. Ese fue el comienzo. Me acerqué a grupos feministas de Recife como SOS cuerpo, democracia y ciudadanía. Decidimos programar tres encuentros entre feministas liberales y teólogas en Recife, San Pablo y Río. Desde ese momento, hice mi opción por el feminismo, alrededor de 1992.

–¿Qué la movilizó a involucrarse con la defensa de la despenalización del aborto, uno de los pecados más graves para la Iglesia Católica?

–Fueron muchas casualidades. Los grandes cambios en mi vida vinieron por azar. Yo apoyaba la causa por saber de mujeres que se habían hecho abortos en mi barrio y también entre las feministas. Las apoyaba como persona pero no tenía muy claras las cosas. Hasta que un día una de las feministas de San Pablo me llama por teléfono a Recife y me dice si podría dar una entrevista a la revista Veja sobre la Iglesia Católica y la formación de curas, y acepté. Hice la entrevista.

Al final, el periodista me pregunta en off the record si yo conocía casos de mujeres que se habían hecho abortos. En ese momento justo había ocurrido que una chica que yo conocía del barrio, que tenía ya cinco hijos y se había enamorado de un hombre que trabajaba en una estación de servicio, después de una noche juntos había vuelto a quedar embarazada. Ella tenía problemas mentales y se había hecho el aborto con misoprostol. Se lo comento. El periodista me dice que en ese caso el aborto no es un pecado. Yo digo: “Claro, no es un pecado”. Entonces, rompiendo el off the record, el periodista publica en la revista la entrevista diciendo que una monja católica está en contra de la hipocresía de la Iglesia y a favor del aborto. Me molestó que lo pusiera.

–¿Era la primera vez que usted se manifestaba públicamente a favor del aborto?

–Sí. Fue un lío total. El tema repercutió en la prensa nacional e internacional. Publicaron una foto mía con un crucifijo y la Virgen para hacer sensacionalismo con el tema. Eso fue en el ’94 o ’95. El obispo de mi diócesis me pidió una retractación pública. Yo no acepté. Le dije que sabía de los dolores de las mujeres. De pronto me vino un gran coraje. Pero me llegó una segunda carta pidiendo otra vez una retractación pública, querían que acusara al periodista de mentiroso. Me negué. En la tercera carta me avisan que iban a enviar un dictamen al Vaticano para abrir un proceso en mi contra. El Vaticano reaccionó y tuve que hacer muchas cosas.

–¿Cuál fue el castigo?

–Primero quisieron sacarme de mi congregación. Pero no lo consiguieron porque las autoridades de mi congregación no apoyaban el aborto, pero me apoyaban a mí. Me propusieron otra alternativa: salir de Brasil y volver a hacer estudios de Teología. Yo ya tenía una licenciatura y un doctorado en Filosofía. Me obligaron a estudiar de nuevo. En la carta del Vaticano decían que yo era una persona muy ingenua, que no había razonado desde las claves que la Iglesia negaba, y por mi ingenuidad me mandaban a estudiar para aprender de nuevo la doctrina católica. Querían que fuera a Europa.

Como ya había estudiado en Bélgica, decidimos que fuera allí. La gente ha sido muy buena conmigo. No tuve ningún problema. Hice otro doctorado allá. La contradicción es ésa: te condenan y después hasta se olvidan que te condenaron y te dan un doctorado en nombre del papa Juan Pablo II. Es casi chistoso.

–¿Con qué argumentos defiende la despenalización del aborto en una estructura como la de la Iglesia Católica, que condena tan duramente esa práctica incluso cuando se trata de un embarazo producto de una violación o corre riesgo la vida de la mujer?

–Ni en caso de fetos anencefálicos lo permite la Iglesia. Es algo espantoso. Hay una forma de hacer teología metafísica que naturaliza la maternidad, que te hace dependiente de un ser suprahistórico. Yo hago la deconstrucción de ese tipo de pensamiento. En mi militancia por la causa de las mujeres, no sólo del aborto, trabajo en la teología feminista. Y ellos no lo aceptan. He tenido un segundo proceso por mi pensamiento también. Tuve que contestar tres páginas de preguntas. Si creo en la Trinidad, si creo que el Papa es infalible, cosas de ese tipo.

Lo que hago es la deconstrucción del discurso religioso justificador de la superioridad masculina. Justificador también de que hay una suprahistoria que nos conduce, deconstruyo qué es la naturaleza. Un obispo incluso justifica que se lleva a término un embarazo de un feto anencefálico porque Dios lo quiere, es de un primitivismo hasta chocante. Una persona más sencilla no dice una tontería como ésa. Mi trabajo es deconstruir eso y también la Biblia como la palabra de Dios. Yo digo: no es la palabra, es una palabra humana, donde se pone una persona a la cual se le atribuye, dependiendo de los textos, una característica. A veces Dios es vengador, a veces bueno, a veces manda matar profetas. Intento entrar por la línea del humanismo, donde el dolor del otro me toca, me provoca. Dios es más un verbo. Quiero diosar, quiero sentir tu dolor y quiero que sientas mi dolor. No hay una ley de arriba que dice “no hagas abortos” o “no mates”.

El hecho es que de muchas maneras nos matamos, incluso afirmando que no mates. La vida social es una vida de vida y muerte. Mi trabajo principal es la deconstrucción del pensamiento, de la filosofía, de la teología que mantiene estas posiciones en contra de las elecciones de las mujeres, en contra de los cuerpos femeninos, en contra de los dolores femeninos.

Y esto les molesta mucho, porque dicen que, según Santo Tomas, el alma masculina viene primero, para de nuevo demostrar la superioridad masculina, o sostienen que desde el principio de la unión del óvulo y el espermatozoide está el alma creada por Dios. Y ahora toman la ciencia del ADN para justificar sus posiciones.

–¿Qué contesta a esas argumentaciones?

–Digo cosas muy sencillas: el óvulo es una posibilidad de ser un ser humano, pero para poder ser un ser humano necesitas de sociabilidad, de vida. La Iglesia valora mucho más la vida del feto que la de las mujeres, y entonces mi pregunta es por qué la vida de las mujeres tiene menos valor. Hablan de la inocencia. Y yo digo: ¿Qué es la inocencia? ¿Por qué se habla de la inocencia del feto y no de la inocencia de la mujer que fue violada?

No son argumentos que convencen a todas las mujeres católicas, pero si puedo hacer un proceso de formación hay luces que se encienden. A veces me dicen: “El de arriba quiere esto”. Y yo le digo. “El de aquí, tú, tienes que decidir”. Lo que hago es siempre volver la responsabilidad no para el sacerdote, el obispo, a Dios, a la Virgen. El que decides, digo, eres tú. También hago la reconstrucción de algunas cosas del cristianismo. El cristianismo habla de la reencarnación.

Ellos creen que sólo Jesús encarna. No es así. Hay muchas corrientes. Lo divino está en carne humana. También ahí argumento. Y digo a las mujeres que hay que cambiar esa creencia. El divino habita en cada una. Es un poco por ahí que hago la reconstrucción de la teología y las filosofías que mantienen esta postura.

–¿Y en su congregación la apoyan?

–Me apoyan como persona. Hacemos una distinción. Yo estoy muy presente cuando me necesitan, si alguien está enferma, si me piden un texto para un retiro, para unas ancianas, también en mi barrio en Recife, con la gente sencilla, que me viene a decir que hizo una promesa. Yo escucho. Pero también tengo el otro lado, la cara de la intelectual, de de-constructora de las teorías dominadoras de la gente, no sólo de las mujeres: dominan también a los pobres. Me da pena ver la cantidad de iglesias neopentecostales en la televisión que toman la plata de la gente para hacer milagros y sacar el diablo de la gente: eso no es religión, es mercado, negocio.

–¿Por qué voces como la suya son tan aisladas dentro de la Iglesia Católica?

–Es que no nos dan ningún espacio. El Vaticano cerró el Instituto de Teología de Recife, donde yo trabajaba, porque nos decían que éramos comunistas, y no era una institución seria para la formación del clero. Después del cierre y por defender la legalización del aborto no tengo lugar en la institución como maestra con dos títulos doctorales, con más de 30 libros publicados y tantísimos artículos, porque les molesto.

Y también hay otro problema que es muy serio: tampoco tenemos lugar en las parroquias, en los lugares donde está la gente. Hay un convento de monjas de clausura cerca de mi casa, donde me invitaban a que fuera a darles charlas para que les contara cómo estaban las cosas afuera, y el obispo –no el actual, el anterior– las llamó por teléfono y les dijo que yo era una mujer muy peligrosa, que no me invitaran más. Los espacios de reproducción de este pensamiento son absolutamente escasos.

–¿Ha pensado en irse de la Iglesia?

–No, por coherencia con cierto feminismo y con el cristianismo. Porque irse significa también desconectarse de las mujeres, las que más sufren, todas son creyentes. Creo que las feministas no han trabajado suficientemente las cadenas religiosas de los medios populares, que son cadenas que consuelan y oprimen al mismo tiempo. No puedes ser feminista ignorando la pertenencia religiosa de las mujeres; si no son católicas, son de la Asamblea de Dios, o de la Iglesia Universal, o del candomblé o del espiritismo. Y en cada lugar de éstos hay una dominación de los cuerpos femeninos.

La religión es un componente importantísimo en la construcción de la cultura latinoamericana y, a tal punto, que aquí en la Argentina la conexión entre Iglesia y Estado es tan fuerte. En Brasil tenemos oficialmente la separación, pero en la cultura no. A la presidenta Dilma la han presionado, en la cultura, tanto que ya no habla más de su posición a favor de la despenalización del aborto. Se retractó. Hay que cambiar la Iglesia desde adentro.

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“Lo más preocupante es que no se echa en falta a los profetas”

“Lo más preocupante es que no se echa en falta a los profetas”

José Antonio Pagola: “El Vaticano no escucha las llamadas constantes que se le hacen en nombre del Evangelio”

3 de abril de 2012
José Manuel Vidal

Religión Digital

“Estamos desgastando palabras tan evangélicas como perdón y reconciliación”
“El abandono del Concilio es uno de los hechos más deplorables en la Iglesia actual”
“El día en que tratemos a las personas como las trataba Jesús, la gente se acercará a la Iglesia”
Lleva años vigilado. Los libros de José Antonio Pagola, que se venden como rosquillas, sufren todo tipo de censuras eclesiásticas, pero él no siente “resentimiento”. Al contrario, los conflictos le ayudan a vivir su fe de una forma “más desnuda”.

Siempre libre, le duele la actual situación de involución eclesial y el “abandono del Concilio”. Pero, siempre positivo, cree en una Iglesia “más indignada” y “más samaritana”, al tiempo que se alegra por el proceso de paz que se está viviendo en Euskadi y pide que no se desgasten “palabras tan hermosas y evangélicas como perdón y reconciliacion”.

Después de tantos años de oscuridad y sufrimiento, ¿siente que la paz en Euskadi ha llegado para quedarse?

Sí. Ahora la hemos de ir consolidando día a día. Hemos sufrido tanto que no podemos volver a caer de nuevo en un horror parecido. Nos hemos visto frustrados tantas veces, que no podemos sino trabajar con todas nuestras fuerzas por conseguir una convivencia digna, más sana, más dialogante.

¿Reconciliación y perdón tienen que ir de la mano para conseguir la paz definitiva?

Tengo la sensación de que estamos desgastando e, incluso, manipulando estas palabras tan hermosas y tan evangélicas. Las declaraciones públicas honestas son necesarias, pero yo creo más en los pequeños pasos de distensión y acercamiento que se dan día a día en los ayuntamientos, en los bares y en diferentes ambientes de los pueblos… Creo también en la tarea educadora y concienciadora de organismos como Baketik, desde el santuario franciscano de Aránzazu, o en esa docena de encuentros entre miembros de ETA y sus víctimas, que está impulsando la Secretaría General de Instituciones Penitenciarias en la cárcel de Nanclares de la Oca. Es necesario crear un clima en el que, dejando a un lado ideologías fanáticas y partidismos viscerales, aprendamos a sentir mucho más el sufrimiento ajeno. No superaremos el mutuo recelo si no nos sentimos más unidos en la búsqueda de un futuro más digno y humano para todos. Yo creo en esos miles de personas buenas y sensatas, que nos pueden arrastrar hacia una convivencia reconciliada.

¿Hay resistencias a la reconciliación también dentro de la Iglesia?

A nadie le oigo decir que está en contra de la reconciliación, pero siempre ha habido entre nosotros creyentes de diverso signo político en los que la propia ideología tiene más fuerza que la fe para configurar su comportamiento práctico.

¿La Iglesia vasca ha estado mediatizada por la violencia, que tapó su excelente labor pastoral?

Creo que la actividad de ETA ha dañado gravemente y durante largos años la convivencia de este pueblo, la imagen real del País Vasco, el desarrollo económico, la información veraz, la tarea educativa y también el quehacer de la Iglesia. Yo pude conocer de cerca el esfuerzo que tuvimos que hacer para impulsar la renovación conciliar, sin asfixiarnos en el clima de asesinatos, Estados de excepción, redadas de presos, secuestros inhumanos, polémicas alimentadas por intereses ajenos a la verdad…

¿La involución eclesiástica, al menos en España, está poniendo en sordina al Vaticano II?

Sí. A mi juicio, el abandono del Concilio es uno de los hechos más deplorables en la Iglesia actual. Es un drama que la Iglesia pretenda caminar hacia el futuro, en medio de una sociedad plural y secularizada, de espaldas a la perspectiva, las líneas de fuerza y el espíritu del Concilio. Si el Vaticano II ha sido, según Juan Pablo II, la mayor gracia que ha recibido la Iglesia en el siglo veinte, estamos cometiendo un grave pecado contra esa gracia. En muchos lugares la gracia del Concilio no está llegando al pueblo de Dios.

¿Cómo recuperar la ilusión pastoral de aquella primavera eclesial?

No hay que pensar en un nuevo Concilio ni esperar el liderazgo de un Papa renovador. Tampoco podemos soñar en recetas mágicas. Necesitamos conocer, cuanto antes, un clima más sano y amable, introducir en la Iglesia la confianza, sentirnos unidos en un proyecto de fondo con el que nos podamos identificar todos. Este clima sólo lo puede generar Jesús. La reacción vendrá de los sectores más evangélicos de la Iglesia: los grupos de gente sencilla, reunida en torno al evangelio de Jesús. Es ahí donde se está gestando ahora mismo una ilusión nueva por una Iglesia más evangélica. Creo que desde esos pequeños grupos se va a caminar en las próximas décadas hacia una nueva fase de cristianismo más fiel a Jesús y a su proyecto del reino de Dios.

¿Hay un intento por parte de un sector de la jerarquía, capitaneada por el cardenal Rouco, de cambiar la línea pastoral de la Iglesia vasca? ¿Tan mal lo hicieron ustedes hasta ahora?

Probablemente, las cosas no son tan simples. El cambio drástico de orientación pastoral no es un episodio de las diócesis vascas. Está sucediendo en bastantes diócesis de España, de Europa y Latinoamérica… Este cambio no se está produciendo como resultado de una evolución de la reflexión postconciliar. Es fruto de una estrategia decidida a espaldas de las iglesias diocesanas: designación de obispos de perfil no conciliar, consignas muy precisas de actuación pastoral, marginación de las generaciones de presbíteros del Concilio, imposición de un estilo de gobierno más autoritario, debilitamiento de los Consejos Presbiterales, impulso de prácticas preconciliares… Probablemente, todo esto nació de la voluntad de corregir abusos y desviaciones después del Concilio, pero es evidente que se ha ido demasiado lejos. Como decía K. Rahner poco antes de su muerte, yo también creo que sólo se trata de una «ola pasajera de resistencia al Concilio». Antes de muchos años, se impondrá una mayor sensatez evangélica y eclesial.

¿Por qué el Jesús de la historia asusta todavía en ciertos ambientes eclesiásticos?

El miedo a Jesús ha existido siempre. Es un fenómeno casi inconsciente, pero muy explicable. Jesús hace a las personas más libres; atrae hacia el amor, no hacia las normas; llama a sus seguidores a colaborar en el proyecto del reino de Dios, no en cualquier estrategia pastoral; nos recuerda que los últimos han de ser los primeros; centra a sus seguidores en lo esencial del Evangelio, no en prácticas y devociones secundarias… Nada hay más peligroso para una Iglesia que busca seguridad, orden y disciplina, que una corriente fuerte de seguidoras y seguidores de Jesús, que recuperan su espíritu, su fuego y su pasión por el reino de Dios.

¿Cómo lleva los vetos, directos o indirectos, a su obra por parte de algunos jerarcas?

Poco a poco, me voy dando cuenta de que es lo mejor que me ha podido ocurrir al final de mi vida. Estos conflictos me están llevando a un contacto más vital con Jesús, pues me obligan a vivir mi fe con más verdad y de manera más desnuda. Si no me apoyo en Jesús, mi vida y mi trabajo no tienen en estos momentos ningún sentido. Además, no soy capaz de sentir resentimiento contra nadie. No es ascesis. Es un regalo que me ha hecho Dios a través de mi madre. Ella era así.

¿Con Rajoy la Iglesia vivirá mejor?

A la Iglesia no le ha de preocupar si vivirá mejor o peor, sino cómo estará más cerca de los que viven mal y cómo mostrará mejor el rostro bueno de Dios a tanta gente necesitada de aliento y esperanza. Si piensa en Rajoy o en Zapatero, ha de ser para no dar a ningún César lo que sólo es de Dios. Y de Dios son los pobres y los pequeños: de ellos es el reino de Dios. Estos tiempos están pidiendo una Iglesia más indignada y solidaria, que defienda a los parados, a las familias sin ingreso alguno, a los desahuciados… Nadie ha de ser sacrificado a ningún mercado, a ningún poder financiero.

¿Cómo puede recuperar nuestra Iglesia la credibilidad y la confianza social, perdidas según todas las encuestas?

La gente empezará a creer en nosotros el día en que no nos preocupemos tanto de nuestra credibilidad. No podemos seguir viviendo en medio de los sufrimientos, contradicciones y conflictos de esta sociedad con «la ilusión de inocencia» propia de «espectadores» que pretenden estar casi siempre por encima del bien y del mal. La sociedad creerá en nosotros si nos ve vulnerables y cercanos, aceptando nuestros errores y torpezas, pero sufriendo de verdad junto a los que sufren. En la Iglesia hemos de preguntarnos de quiénes nos preocupamos, además de preocuparnos de nosotros mismos. Sólo la compasión hará a la Iglesia más humana y creíble. El día en que descubramos el mundo con los ojos de Jesús y tratemos a las personas como las trataba él, la gente se acercará a la Iglesia. ¿Cómo creerán hoy en la Iglesia las mujeres maltratadas si no sienten nuestra indignación y nuestra defensa?

¿A qué obedece el miedo que se palpa entre los teólogos, los religiosos y las organizaciones eclesiales más abiertas y proconciliares?

Creo que no todo es miedo. En ambientes que yo conozco, percibo un clima complejo de desconcierto, pena, decepción, orfandad, cansancio… Hay comunidades y grupos cristianos que se sienten marginados o suplantados, en su propia parroquia, por otros grupos y movimientos. Se sienten perdedores. Saben que les toca sufrir, sin que apenas nadie escuche su sufrimiento. Recientemente he podido ver las lágrimas en dos militantes de la Pastoral Obrera que se sienten postergados por la Iglesia. Pero conozco también con qué fe acuden muchos a Jesús para encontrar aliento y fuerza, cómo oran algunas comunidades religiosas por esta Iglesia que les hace sufrir… Estos «granos de trigo», caídos en tierra… darán un día mucho fruto.

¿Dónde están los profetas de la Iglesia española a los que cantaba otrora Ricardo Cantalapiedra?

Tal vez, lo más preocupante es que no se les echa en falta. Pedimos vocaciones para el servicio presbiteral porque hay pocos curas, pero no pedimos que surjan profetas. ¿No los necesitamos? Hoy, una vez más, corremos el riesgo de caminar hacia el futuro, privados de espíritu profético. Más aún. Corremos el riesgo de organizarnos de manera anti-profética, quedándonos ciegos para discernir los signos de los tiempos y sordos para escuchar lo que el Espíritu de Jesús nos está diciendo a las iglesias. Sin profetas, es difícil que la Iglesia tome conciencia de su pecado e infidelidad a Jesús. Pero, tal vez, lo que necesitamos es comunidades proféticas donde aprendamos a vivir con indignación, con compasión solidaria, con gestos liberadores, con libertad de espíritu, defendiendo a los últimos, acogiendo incondicionalmente a todos, sembrando en la sociedad signos de esperanza. Este espíritu profético sólo puede nacer de Jesús al contacto con su Evangelio.

¿Es pecado ser nacionalista? Porque eso es lo que sostienen sectores eclesiales más conservadores.

Todo el mundo sabe que ser nacionalista no es pecado. Ni en Bilbao, ni en Barcelona, ni en Santiago de Compostela ni en Toledo o Madrid.

¿Qué siente ante la proliferación de noticias sobre las intrigas vaticanas?

Tristeza e indignación. Suelo pensar en Jesús, que, al llegar a Jerusalén, se echa a llorar diciendo: «¡Si comprendieras los caminos de la paz! Pero tus ojos siguen cerrados». No sé si en el Vaticano se siente necesidad de conversión. Sus oídos no escuchan las llamadas que constantemente se le hacen en nombre del Evangelio. Sus ojos están cerrados: no ven los caminos que nos podrían llevar hacia una Iglesia más fiel a su único Señor. Y, sin embargo, intuyo que un intento lúcido y responsable de conversión, promovido por el Papa, encontraría prácticamente la aprobación entusiasta de todos los obispos de la Iglesia universal.

Para defender a los que más sufren la crisis y a los parados, ¿no tendría que hacer «un gesto fuerte» la Iglesia española y su jerarquía?

La crisis va a ser larga. Nos puede hacer a todos más humanos y más solidarios. Para la Iglesia, para la Jerarquía y para todos nosotros, puede ser un tiempo de gracia. Sería un error publicar cartas pastorales y exhortaciones para luego permanecer más o menos como espectadores de la crisis. Es el momento de dar pasos decisivos hacia una Iglesia samaritana. En primer lugar, hemos de aprender a relacionarnos de manera más directa con los sufrimientos que está generando la crisis (familias desahuciadas, sin ingreso alguno, necesitados privados de atención social, inmigrantes sin futuro alguno…). En segundo lugar, hemos de «recortar» nuestros presupuestos y nivel de vida para poder compartir más lo nuestro con los necesitados. Cada uno sabrá qué «gestos fuertes» puede hacer. Creo que, en los próximos años, podemos aprender a vivir de manera más austera y más sana, renunciando a muchos gastos superfluos y encontrando cauces sencillos pero eficaces para ayudar a gente que lo está pasando muy mal.

Algunos titulares:

“Hemos sufrido tanto que no podemos volver a caer de nuevo en un horror parecido”

“Estamos desgastando e, incluso, manipulando palabras tan hermosas y tan evangélicas como perdón y reconciliación”

“Dejemos a un lado ideologías fanáticas y partidismos viscerales, y aprendamos a sentir mucho más el sufrimiento ajeno”

“Hay creyentes en los que la propia ideología tiene más fuerza que la fe”

“La actividad de ETA ha dañado gravemente y durante largos años la convivencia de este pueblo y tambien el quehacer de la Iglesia”

“El abandono del Concilio es uno de los hechos más deplorables en la Iglesia actual”

“En muchos lugares la gracia del Concilio no está llegando al pueblo de Dios”

“La reacción (frente a la involución) vendrá de los sectores más evangélicos de la Iglesia”

“Necesitamos introducir en la Iglesia la confianza y un clima más sano y amable”

“Al igual que Rhaner, creo que sólo se trata de una ‘ola pasajera de resistencia al Concilio’”

“No soy capaz de sentir resentimiento contra nadie”

“Los conflictos con la jerarquía me obligan a vivir mi fe con más verdad y de manera más desnuda”

“Creo que en las próximas décadas llegaremos a una nueva fase de cristianismo más fiel a Jesús”

“Hay una estrategia no conciliar decidida a espaldas de las iglesias diocesanas”

“Pronto se impondrá una mayor sensatez evangélica y eclesial.
El miedo a Jesús ha existido siempre”

“Nada hay más peligroso para una Iglesia que busca disciplina, que una corriente fuerte de seguidoras y seguidores de Jesús”

“Estos tiempos están pidiendo una Iglesia más indignada y solidaria”

“Nadie ha de ser sacrificado a ningún mercado, a ningún poder financiero”

“La gente empezará a creer en nosotros el día en que no nos preocupemos tanto de nuestra credibilidad”

“El día en que tratemos a las personas como las trataba Jesús, la gente se acercará a la Iglesia”

“Sólo la compasión hará a la Iglesia más humana y creíble”

“Percibo en la Iglesia un clima complejo de desconcierto, pena, decepción, orfandad, cansancio…y miedo”

“Lo más preocupante es que no se echa en falta a los profetas”

“Todo el mundo sabe que ser nacionalista no es pecado”

“El Vaticano no escucha las llamadas que constantemente se le hacen en nombre del Evangelio”

“Un intento lúcido y responsable de conversión, promovido por el Papa, encontraría prácticamente la aprobación entusiasta de todos”

“La crisis nos puede hacer a todos más humanos y más solidarios”

“Es el momento de dar pasos decisivos hacia una Iglesia samaritana”

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Entrevista a A. Paniker

Entrevista a A. Paniker

“La religiosidad es un aspecto connatural al ser humano”

Agustín Paniker: “El Vaticano y el Papa suscitan en mi mente la imagen de poder”

“Panikkar fue una pieza incómoda para la iglesia en vida y, ahora, intenta reapropiarse de su carisma”

José Manuel Vidal, 07 de febrero de 2012 a las 10:36

(José Manuel Vidal).-Hijo y sobrino de grandes estudiosos hispano-hindúes de las religiones, Agustín Pániker es uno de los pensadores hispanos más influyentes de la actualidad, tanto por sus libros como por su trabajo como director de la Editorial Kairós. Siguiendo esa estela familiar e intelectual, en'El sueño de Shitala' nos presenta un "viaje al corazón de lo sagrado". Desde su visión "ateísta", reconoce que "la religiosidad es connatural al ser humano", cree que la Iglesia católica debería abandonar su imagen de poder y buscar "un nuevo lenguaje con el que comunicar" y reivindica la memoria de su tío, Raimon Panikkar, un personaje "incómodo para la Iglesia en vida y que, ahora, intenta reapropiarse de su carisma".

"El sueño de Shitala", un título evocador para un libro que se subtitula "viaje al mundo de las religiones"
 
El título tiene, en efecto, un eco poético y literario (Shitala es una metáfora de la Divinidad en la India), pero la clave del contenido del libro la aporta el subtítulo: un viaje -entre personal, periodístico y antropológico- al denso y rico mundo de las religiones. 
 
¿Qué pretende con el libro?
 
Mi intención consiste tanto en entretener y dar información sobre distintos aspectos de la religiosidad -en todos los continentes y en un espectro muy amplio de tradiciones- como abrir interrogantes acerca de los fenómenos religiosos: ¿qué es una religión? ¿qué significa convertirse? ¿cuál podría ser el origen de lo religioso? ¿qué es la ortodoxia? ¿y el sincretismo? Etcétera. No ofrezco ninguna gran teoría de lo religioso sino que, a partir de planteamientos que creo son originales, dejo que los lectores saquen sus propias conclusiones.
 
Usted se declara ateo y, sin embargo, escribe de religiones. ¿Se casa el ateísmo con a espiritualidad religiosa?
 
Me declaro ateísta o trans-teísta (alguien que no necesita identificar un Dios como Causa Última) más que ateo, que en su acepción popular es alguien que no solo no cree en Dios sino que tiende a devaluar las religiones y el sentimiento religioso. Yo, en cambio, me considero espiritual (próximo a una espiritualidad que podríamos llamar secular o a un agnosticismo místico) y reivindico que existen muchas religiones abiertamente ateístas. Estoy pensando en corrientes de China como el confucianismo, el taoísmo o el maoísmo; también en el budismo, el bön y el jainismo; o en secciones del hinduismo; y en muchas de las religiones que designamos primales, esas que han cristalizado en sociedades de pequeña escala. Desde mi punto de vista, el concepto "Dios" no es universal. Y, desde luego, no es necesario para llevar una vida espiritual e incluso religiosa. Muchos místicos suscribirían este enunciado. Este talante me permite desmarcarme tanto de los estudios confesionales (normalmente muy sesgados) como de los académicos (que pretenden una objetividad que luego resulta no ser tal), y, por contra, me posibilita ofrecer una visión empática de las distintas y muy variadas religiosidades del mundo. 
 
¿Una visión oriental de un occidental?
 
Algo de ello hay. Porque si bien mi bagaje es claramente occidental, tengo un conocimiento seguramente más amplio y profundo de las tradiciones de Oriente (he escrito extensas monografías sobre el jainismo o el sikhismo, por ejemplo), lo que me permite situarme con relativa facilidad en la posición de alguien que contempla la realidad de las religiones del mundo desde un ángulo distinto al habitual en lengua castellana; en otras palabras, desde una perspectiva quizá menos eurocéntrica o menos tamizada por filtros judeocristianos. El panorama religioso es muy distinto si lo contemplamos desde un pueblito de Thailandia, desde el altiplano mexicano o desde la ribera sur del Mediterráneo.
 
¿Cuáles han sido y son las religiones más beneficiosas para la Humanidad?
 
No creo que podamos enjuiciarlas en términos de más o menos beneficiosas. Las ha habido de más influyentes, sin duda. Todas han aportado aspectos sublimes (estoy pensando en obras de sabiduría, de arte, en valores y prácticas) lo mismo que aspectos muy negativos (guerras, inquisiciones, torturas, que normalmente dimanan de su asociación al poder). Pero más allá de cómo queramos ver la balanza, todavía falta por encontrar una sociedad sobre la Tierra que no posea sus formas de religiosidad. Por ello, sostengo que es un aspecto connatural al ser humano. 
 
¿Y las más místicas?
 
Se tiende a pensar que las tradiciones índicas son más proclives al misticismo (dada su vocación eminentemente práctica y soteriológica), pero lo cierto es que si dejamos a una tradición cualquiera el tiempo y el espacio suficientes, albergará en sus seno todas las formas posibles de religiosidad y religazón. El caso del cristianismo es elocuente. Dicho esto, hay que admitir que eso que llamamos hinduismo (en realidad, una familia de religiones) contiene en su seno las más variadas formas de mística. No sé si será la más mística de las religiones (¿cómo podría ello medirse?) pero sin duda es una de las que puede admitir -dada su legendaria ausencia de dogmas-

¿Fuera de la religión hay salvación?
 
Primero habría que definir lo que significa "salvación" para cada uno. Si entendemos eso como la liberación de la ignorancia o el sufrimiento, entonces claro está que existe salvación fuera de la religión. Si lo interpretamos en el restringido sentido agustiniano de salvación de un pecado original, entonces tiende a regir la vieja bula extra ecclesiam nulla salus. 
  
¿"Dios no ha muerto" e incluso vuelve con más fuerza que nunca?
 
No pienso que Dios vuelva con más fuerza. Simplemente, la religiosidad se transforma, se reubica en nuevos y variados contextos. Algunos hablan de una "revolución espiritual" (en los nuevos movimientos espirituales, la nueva era...), pero yo entiendo estos fenómenos más como una "reconfiguración". En último término, esas proclamas dicen más acerca de quien las enuncia que no acerca de la realidad social que nos configura o nos rodea. 
 
¿Sin paz entre las religiones no habrá paz, como dice Hans Küng?
 
Indudablemente. Sin un lenguaje y una práctica de paz entre quienes lideran las religiones ¿cómo va a haber paz en el mundo? No deja de ser irónico que muchos de los que más fervorosamente dicen proclamar la paz hayan declarado o legitimado tantas guerras y conquistas o tengan visiones tan dualistas y exclusivistas del mundo. 
 
¿Qué imagen suscitan en usted el Vaticano y el Papa?
 
Me viene a la mente la imagen de poder. La asociación entre la religión y el poder ha sido muy recurrente en la historia de muchas civilizaciones. Puede que en estos tiempos semi-secularizados el Vaticano y la Iglesia Católica necesiten de un nuevo lenguaje con el que comunicar con los creyentes y practicantes. En este contexto, la imagen que me suscitan estas instituciones es que no han encontrado todavía ese nuevo lenguaje. Las inercias son bien poderosas. ¿Para cuándo un Papa brasileño, filipino o camerunés? 
 
¿Tiene resuelta España la "cuestión religiosa"?
 
Me temo que muy pocos países tienen resuelta su particular "cuestión religiosa". Y la de España (esto es, la relación entre la sociedad española y la Iglesia Católica) es particularmente compleja y, para más inri, lastrada con una enorme carga emocional. Yo pienso que solo en el marco de una verdadera secularización puede hoy una sociedad moderna desarrollar sus capacidades y su creatividad religiosa. Mientras los estamentos clericales sigan tan pendientes de conservar sus cuotas de poder (ideológico, espiritual, económico, ritual, político, moral...) van a seguir generando ateos tan militantes y anti-clericales como los españoles. Algo tendrá que ver en la paulatina desertización de las iglesias de España la histórica asociación de la Iglesia con regímenes opresivos o su alejamiento de las necesidades de inmanencia y sacralidad de lo cotidiano de los practicantes. 
 
¿Pesa el apellido Pániker, sobre todo al abordar estos temas "religiosos"?
 
El apellido es parte de mi karma; es decir, de mi historia, mi condición y contexto. Es un lastre a veces enrevesado de llevar pero plenamente asumido e interiorizado. Como escritor, voy destilando mi propio lenguaje, discurso y punto de vista. Aunque próximo en ciertos aspectos al de Raimon o al de Salvador, mi formación, mi realidad y mi intención es bien distinta. No soy ni un teólogo, filósofo o preceptor espiritual, aunque por defecto se tiende a ubicarme en ese espectro.
 
¿La Iglesia Católica le hizo justicia a la figura y a la obra de su tío, Raimon Panikkar?
 
No conozco en profundidad el tema, pero uno tiene la sensación de que, una vez fallecido, la Iglesia intenta reapropiarse de su carisma. Pero está claro de que, en vida, Panikkar fue una pieza incómoda para muchas secciones y estamentos de la Iglesia. Cuando lo cierto es que -sin ánimo de exagerar- su obra constituye uno de los hitos del pensamiento filosófico del siglo XX. 
 
Volviendo al libro, ¿qué pretende demostrar con el capítulo dedicado al mito de la Virgen?
 
Es un capítulo con múltiples lecturas. Por un lado, destapo la importancia y la vigencia del mythos, incluso entre aquellos que dicen sentirse menos proclives al mismo. Por otro lado, indago en la construcción del arquetipo de la Virgen; una imagen muy poderosa que se fundamenta tanto en las diosas del Mediterráneo Antiguo como en el nuevo discurso de la feminidad promovido por la incipiente Iglesia. Al margen de estas interesantes cuestiones de historia de las religiones, en otro nivel de lectura reivindico una visión más émic (la del creyente) de la figura de María: la Virgen como símbolo de la presencia Divina en la Tierra. Esta es una lectura solo asequible al creyente, que no necesita de más pruebas que la fe o devoción que en él o ella despierta. Me he preocupado en todo el libro de ofrecer la perspectiva del practicante de una u otra religión. De ahí mi proclividad a hablar de prácticas y símbolos más que de dogmas o metafísicas. 
 
¿Qué hay que hacer para "respetar la diferencia y reconocer la semejanza"?
 
No creo que existan fórmulas universales e infalibles, pero, sin duda, algunos ejercicios hermenéuticos facilitan la cuestión, que para mí es cardinal. Por un lado, recomiendo esforzarse en no sucumbir a la ansiedad perennialista o universalista de que si las religiones en último término no apuntan a lo mismo (Cielo, salvación, libertad...) o provienen de una misma fuente (Dios, Tradición, vacío...), entonces quedan invalidadas -porque no pueden coexistir formulaciones de la Verdad diferentes y contradictorias-. Esto es una falacia cartesiana que estimo recomendable trascender. Considero que no solo es sano "respetar" la diferencia sino que es necesario reconocerla y saborearla. Pero por otro lado, recomiendo con la misma vehemencia no sucumbir a aquel credo culturalista que es incapaz de reconocer la semejanza y la universalidad de valores, símbolos, prácticas, ideas o metas. Existe lo particular, pero asimismo una común naturaleza humana y religiosa. Mantener esta doble orientación, hacia lo particular y lo universal, de forma simultánea, es lo que llamo pluralismo.

Algunos titulares

"Más que ateo, me declaro ateísta o trans-teísta, alguien que no necesita identificar un Dios como Causa Última"

"Me considero espiritual, próximo a una espiritualidad que podríamos llamar secular o a un agnosticismo místico"

"La religiosidad es un aspecto connatural al ser humano"

"Todavía falta por encontrar una sociedad sobre la Tierra que no posea sus formas de religiosidad"

"El hinduismo es la religión que puede admitir un espectro más amplio de vías místicas"

"No pienso que Dios vuelva con más fuerza, simplemente, la religiosidad se transforma, se reubica"

"El Vaticano y el Papa suscitan en mi mente la imagen de poder"

"La Iglesia Católica necesita un nuevo lenguaje con el que comunicar"

"¿Para cuándo un Papa brasileño, filipino o camerunés?"

"Mientras los estamentos clericales sigan tan pendientes de conservar sus cuotas de poder van a seguir generando ateos"

"Panikkar fue una pieza incómoda para la iglesia en vida y, ahora, intenta reapropiarse de su carisma"

"La obra de Panikkar constituye uno de los hitos del pensamiento filosófico del siglo XX"

"El pluralismo consiste en respetar la diferencia y reconocer la semejanza"

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Hans Küng: "Creo en Dios y en Cristo, pero no en la Iglesia"

Hans Küng: "Creo en Dios y en Cristo, pero no en la Iglesia"

Hans Küng

 

"La Iglesia católica está enferma. Hay que desarrollar el Vaticano II"

Hans Küng: "Creo en Dios y en Cristo, pero no en la Iglesia"

"Me hacía ilusiones, pero ahora tengo claro que el cambio no vendrá de la mano de Ratzinger"

Redacción, 13 de enero de 2012 a las 11:58

Lleva 83 años en el seno de la Iglesia católica y no lo lamenta. Nunca ha querido darse de baja ni convertirse al protestantismo para perder de vista al Papa de una santa vez. Una aclaración que no sobra cuando se trata del cura suizo Hans Küng, una leyenda viva de la teología en lengua alemana, que todavía se mantiene en la brecha, ya sea reivindicando el sacerdocio de las mujeres o el uso de la píldora. A pesar de su edad, no le faltan ganas para explayarse en una conversación telefónica con este periódico desde su despacho de la Fundación Ética Mundial, una institución interdisciplinar con sede en Tubinga. Lo entrevista Isabel Urrutia en Diario vasco.

Bastan unos segundos para detectar de inmediato la energía y carácter que le han permitido seguir adelante y no arrugarse ante la Santa Sede: «¡Se ha retrasado diez minutos! Ya veo que su sentido metafísico del tiempo no coincide con el mío», se queja con fina ironía. Nunca le ha gustado que le hagan esperar ni mirar a las musarañas. Acaba de reeditarse en España 'La Mujer en el Cristianismo' (ed. Trotta) y en su país natal ya se ha hecho un hueco en las listas de 'best-sellers' su último trabajo, 'Ist die Kirche noch zu retten?' ('¿Puede salvarse todavía la Iglesia?').

Los que le conocen sospechan que es descendiente de Guillermo Tell, a la luz del arrojo con que dispara sus críticas. «Ya es hora de que el Vaticano abandone un sistema absolutista que data del siglo XI. Fue entonces cuando los Papas se hicieron con todo el poder e impusieron el clericalismo, es decir, la preponderancia de los curas que margina a los laicos. ¡Eso no puede ser!», reflexiona en voz alta, con la convicción de «un miembro fiel de Ia Iglesia, que cree en Dios y en Cristo, pero no en la Iglesia». He ahí el matiz.

Su condición de teólogo 'independiente', sin autorización eclesiástica, le permite hablar con total libertad. Desde que, en 1979, la Congregación para la Doctrina de la Fe le privara de la licencia, se siente un hombre nuevo. Se le castigó por hablar sin tapujos y, de rondón, se le dio alas para apuntar todo lo lejos que quisiera. Hace poco en la revista alemana 'Der Spiegel' llegó a comparar a Benedicto XVI con Vladimir Putin, «porque ambos han heredado un legado de reformas democráticas y, en lugar de ir hacia adelante, van hacia atrás».

A su juicio, el Concilio Vaticano II es la gran asignatura pendiente, una hoja de ruta que permitiría recuperar el camino perdido antes de que sea demasiado tarde. «La Iglesia católica está enferma. Su mal es una jerarquía absolutista que no forma parte esencial de su naturaleza. No es algo imprescindible. Hay que desarrollar el Concilio Vaticano II», insiste con pasión y los ojos puestos en aquella época, la década de los 60, cuando creía que el autoritarismo y el culto a la personalidad -«de eso hay mucho ahora»- no tardarían en superarse gracias al impulso de Juan XXIII.

Piña con Ratzinger

Entonces hacía piña con Joseph Ratzinger, cuando ambos eran unos treintañeros 'progres' y brillantes que aspiraban a renovar la Iglesia. No obstante, sus caminos no tardaron en separarse, llevados por las circunstancias y talantes muy dispares. Benedicto XVI se aferra a la tradición y el orden, mientras que Hans Küng todavía se inclina por el diálogo y el progreso. Son duros, constantes y con una inteligencia descomunal. Germanos de pura cepa, que se resisten a tirar la toalla.

Una actitud que tiene mérito a la vista de las estadísticas de 2010 sobre apostasías y bautizos en Alemania: por primera vez, había más abandonos (181.000) que ingresos (170.000). Desde los años 60, han perdido a decenas de miles de curas, cada vez más parroquias se quedan sin servicio religioso y los monasterios languidecen sin relevo generacional. La patria de Ratzinger, donde el 32% de la población es católica, no sigue en masa los dictados del Vaticano. Una tendencia que confirma la crisis del catolicismo, apostólico y romano en Europa.

- ¿Qué piensa de los movimientos conservadores (Opus, Legionarios, kikos...)?

- Me consta que en España se habla mucho de ellos. Y no dudo que habrá quienes depositen toda su confianza en ellos... Pero yo no. ¡La sociedad va en otra dirección! Si se apuesta solo por la línea conservadora, todos saldremos perdiendo.

- Si usted ahora tuviera 20 años, ¿le atraería hacerse cura?

- No me arrepiento de formar parte de la Iglesia. Ni mi bautizo ni mi ingreso como sacerdote son motivo de amargura. Todo lo contrario.

- Pero si fuera joven ahora...

- A ver, no me interrumpa. ¿Qué le puedo decir? La Iglesia actual es muy jerárquica, nada democrática y no responde a las expectativas de la mayoría de la juventud. Los movimientos conservadores, insisto, no representan a la gente joven.

- A estas alturas, ¿qué le parece el actual Papa?

- Me hacía ilusiones, pero ahora tengo claro que el cambio no vendrá de la mano de Ratzinger.

- ¿Cuándo fue la última vez que le escribió Benedicto XVI?

- Hace poco, me agradeció por mediación de su secretario el envío de mi último libro, 'Ist die Kirche noch zu retten?' ('¿Puede salvarse todavía la Iglesia?'). Me alegro de que la relación entre nosotros no se haya roto. Por lo demás, espero que el siguiente Papa sea muy distinto.

- Por cierto, usted critica el celibato entre los curas, pero ¿le parece sano el de los monjes y monjas?

- Ah, eso es diferente. Las órdenes religiosas son como asociaciones privadas, con una serie de cláusulas que se aceptan libremente. El celibato forma parte de su identidad. Les enriquece. Nada que ver con el supuesto de los curas, en los que hay una imposición sin ningún fundamento.

- Una curiosidad: ¿por qué Dios es Padre y no Madre?

- No, no, Dios está más allá de la identidad sexual. En las Sagradas Escrituras hay metáforas tanto masculinas como femeninas. En fin, ya ve, es una de tantas confusiones que han ido arraigando a lo largo de la historia.

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José Arregi: "La Iglesia española está especialmente politizada"

José Arregi: "La Iglesia española está especialmente politizada"

José Arregi: "La Iglesia española está especialmente politizada, derechizada, a la defensiva y agresiva"

"Lo importante ahora es tratar de curar y cuidar en lo posible a todas las víctimas"

José Manuel Vidal, 28 de noviembre de 2011 a las 17:24

Franciscano de corazón y sin papeles, el teólogo José Arregi sigue alentando la mística de la resistencia activa en la Iglesia. Con sus artículos, conferencias y libros. Acaba de publicar dos. 'Jesús siglo XXI' (Fe adulta) y 'Cristianismo, historia y mundo moderno' (Nueva Utopía). Más libre que nunca, asegura que la Iglesia "sigue anclada en paradigmas trasnochados", denuncia a la jerarquía española "politizada, derechizada y agresiva", reivindica "el placer sexual como sacramento de Dios"y defiende a José Antonio Pagola. Tras sufrir en su propia familia la violencia de ETA, pide "curar y cuidar a todas las víctimas" y perdonar. Pero sabiendo que "el perdón ni se puede imponer ni exigir".

 ¿Por qué "la fe no consiste en creer sino en confiar"?

"Fe" significa eso, confianza. Eso es la fe para san Pablo: la confianza incondicional en Dios como misterio de pura gracia. Esa confianza es la que nos hace libres, felices, buenos, compasivos como Jesús. Las creencias dependen de la cultura, de la cosmovisión, del lenguaje. Las creencias, todo el credo, todas los dogmas, no son más que formas y soportes de la fe, y pueden cambiar, han de cambiar según las culturas. Antes creían que el cielo estaba arriba y que Dios estaba en el cielo como un gran señor, que hacía llover o hacía milagros si se le pedía bien o simplemente si le daba la gana. En ese Dios ya no cree casi nadie; es que no se puede creer, no entra dentro de "lo creíble" hoy. Pero lo mismo pasa con otras muchas creencias, con todas: han de cambiar, para poder seguir confiando en el misterio de gracia, es decir, belleza y bondad, que llamamos "Dios". La Carta de Santiago dice: "¿Qué haces con creer que Dios existe, o esto o lo otro? También los demonios creen" ("demonios" es hoy una forma de hablar). Solo hay que creer "lo creíble" y solo en la medida en que ayuda a confiar, mientras que en aquello que resulta increíble o impide confiar no se ha de creer. O, si se prefiere, hay que reinterpretar todas las creencias para seguir confiando, es decir, siendo felices y buenos, como Jesús.

¿Vive la Teología anclada en paradigmas del pasado, anacrónicos y nocivos?


Eso es, es cuestión de paradigmas. Las imágenes y categorías fundamentales, el credo y la organización, de todas las grandes religiones, responden a culturas agrarias de hace miles de años: Dios como personaje supremo, la tierra y el ser humano como centro del universo, el pecado y el perdón, el "más allá", jerarquía y poder sacralizados... Al cristianismo tradicional y, en concreto, a la iglesia católica, le pasa lo mismo: sigue anclada en paradigmas trasnochados. Y una de dos: o la Iglesia transforma su lenguaje y sus instituciones para que puedan seguir suscitando y soportando la confianza y la bondad en el mundo de hoy, o se condena a sí misma al ostracismo y la marginación inoperante, deja de ser levadura y sal. En la Iglesia del Vaticano II se hizo un enorme esfuerzo para que fuera posible la primera alternativa, pero la jerarquía católica, desde el año 80, parece empeñada en que se dé la segunda. Es por miedo.

¿Por qué hay miedo en la Iglesia española y entre los teólogos?

El miedo es un mecanismo sano, porque nos alerta de unos riesgos. Pero el miedo se convierte en el mayor riesgo, cuando nos encierra y paraliza, nos pone a la defensiva, y no pocas veces a la ofensiva; el propio miedo crea fantasmas, en vez de energías positivas y transformadoras; el propio miedo se convierte en el mayor peligro. Creo que es lo que está pasando en la Iglesia católica en general, y creo que ese fenómeno es especialmente patente en la Iglesia española, especialmente politizada y derechizada, especialmente defensiva y agresiva. Es verdad que vivimos tiempos de crisis cultural, pero creo que la reacción del Vaticano y de la jerarquía española están siendo muy contraproducentes; están provocando una ruptura social masiva con la Iglesia, una ruptura que puede ser definitiva. La jerarquía está sectarizando a la Iglesia.

¿A qué se debe el intento "oficial" de enterrar el Vaticano II?

No se trata de mala voluntad. Pienso que se debe, fundamentalmente, a un error de diagnóstico. El Concilio Vaticano II quiso ponerse al día en un mundo marcado por la modernidad, pero lo hizo demasiado tímidamente; incluso los que quisieron ir más lejos -en la línea de Rahner- no pudieron hacerlo, porque había un fuerte sector ultraconservador y el sector mayoritario era moderado, pero básicamente conservador, como el mismo Pablo VI. Los documentos del Concilio, fundamentalmente referidos a la Iglesia, son producto de consensos y equilibrios, y albergan no pocas contradicciones. Después del Concilio se iniciaron reformas interesantes, aunque muy insuficientes. Al mismo tiempo, la sociedad europea occidental emprendió una transición rápida y profunda de la era moderna industrial a la era posmoderna de la información y el pluralismo, con la secularización consiguiente. El sector episcopal conservador, con los teólogos von Balthasar y Ratzinger al frente, se alarmó y pensó que la secularización era consecuencia de las reformas conciliares. La elección de Juan Pablo II en 1979 responde a ese diagnóstico, y trajo consigo un viraje, y en eso estamos todavía: están enterrando el espíritu renovador del Concilio, apelando a la letra del Concilio. La lectura que hacen del Concilio, como toda lectura, es muy selectiva e interesada. Pero los resultados en Europa están siendo catastróficos, y creo que pronto lo serán también en otros continentes. Ya lo están siendo en América Latina, donde se extiende sobre todo el pentecostalismo emocional y neoconservador.

¿Qué quiere decir, en concreto, cuando aboga por "una espiritualidad más allá de la religión"?

La religión, en cuanto sistema de creencias, normas y ritos, es la forma que adopta la espiritualidad en una determinada cultura. Las formas pueden ser más o menos necesarias, y en general algún tipo de institucionalización es necesaria para una comunidad de creyentes, pero la forma institucional nunca es lo fundamental de ninguna religión entendida como espiritualidad, como experiencia religiosa personal o colectiva. La religión en cuanto forma no es lo fundamental. Lo fundamental es la espiritualidad, que viene de "espíritu" y es respiro, inspiración, esperanza activa. La espiritualidad es espíritu y vida, es veneración, respeto, compasión solidaria, más allá de todas las formas religiosas, más allá de las creencias, de los ritos y de la moral. La institución religiosa puede sostener y fomentar la espiritualidad, debe hacerlo, pero a menudo resulta que ahoga la espiritualidad, impide respirar.

¿Cómo explicar a tantos creyentes atormentados por la moral tradicional católica una nueva espiritualidad de la carne y de los sentidos?

Es una de las manifestaciones de la transformación cultural que se está dando. El discurso de la jerarquía sigue aferrado al dualismo enemigo del cuerpo, sobre todo de la sexualidad, que ya está presente en San Pablo y que se impuso definitivamente en la gran Iglesia con San Agustín, y que no tiene raíces propiamente en la Biblia ni en Jesús, sino en el platonismo y en el maniqueísmo. Es preciso revisar a fondo toda esa antropología y cosmología. No estaría mal que leyéramos un poco más el Cantar de los Cantares. Y que se enseñara que el cuerpo, el placer sexual y la relación sexual en cualquiera de sus formas, siempre que sea para bien de uno mismo y de los demás, es sacramento de Dios. Todo lo que tiene que ver con la sexualidad y el sexo es muy delicado, y hay que fomentar esa delicadeza, porque es muy fácil hacerse daño a sí mismo o al otro. Pero no se puede decir: "Te hace daño porque está prohibido", sino: "Solo está prohibido lo que hace daño". Todo disfrute y placer, comer, pasear, tomar el sol, bañarse, la caricia, el placer sexual..., en la medida en que es delicado y bueno, es sacramento de Dios, aunque lo prohíba la moral vigente. Creo que es el espíritu del Evangelio de Jesús.

¿Es hora de que los cristianos "conciliares" volvamos a ocupar los espacios que hemos abandonado en la Iglesia institucional?

Sería deseable, en la medida de lo posible. Debemos reivindicar que "somos Iglesia" a todos los efectos. Por ejemplo, ¿por qué vamos a depender de que haya sacerdotes ordenados para celebrar juntos la memoria de Jesús, dejarnos consolar e iluminar por el evangelio, compartir pan y vino, fortalecernos para la acción? A Jesús no se le ocurrió nunca que hicieran falta sacerdotes ordenados y varones para celebrar su memoria. Pues lo mismo con otros muchos ámbitos de la Iglesia.

¿Por qué hay tanto odio entre los católicos más ortodoxos, que destilan en los comentarios en la Web?

No es fácil entenderlo, o tal vez es fácil entenderlo: los más ortodoxos suelen ser a menudo demasiado estrechos, y la estrechez nos crispa con nosotros mismos y con los demás. Los comentarios e insultos llenos de resquemor y agresividad que algunos vierten a menudo, por ejemplo en Religión Digital, son pura negación de la fe que dicen defender. Supongo que si algún alejado de la Iglesia o del cristianismo los lee, debe de decirse: "¡Qué horror de religión!" y alejarse más todavía, espantado.

¿Hay un cisma silencioso entre la jerarquía y las bases de la Iglesia?

El cisma es evidente. Pero la mayoría de los cristianos ya son lo suficientemente adultos en su mentalidad y en su fe, como para vivir en libertad y paz, a pesar de no acatar las directrices dogmáticas o morales de la jerarquía. Pienso, por ejemplo, en tantas y tantos que viven su fe sin aferrarse a determinadas creencias tradicionales que muchos obispos abusivamente llaman "fe de la Iglesia". No es fe de la Iglesia, sino creencias de una determinada parte de la Iglesia. O pienso en quienes viven su sexualidad fuera de las normas canónicas: quienes utilizan anticonceptivos, los gays y lesbianas, los  divorciados o separados que viven con otra pareja... Si se quieren y se ayudan, son sacramento de Dios. Dios los bendice, aunque la jerarquía los condene.

Dice usted: "La Iglesia de Jesús, en contra de Jesús, ha humillado a la mujer". ¿Para cuándo la reparación?

Ya es muy tarde, tal vez demasiado tarde. Las mujeres, como antes los jóvenes, como antes los intelectuales, como antes los trabajadores, están abandonando esta institución eclesial católica, porque no encuentran en ella su lugar de dignidad. Pero conste: no pienso que su lugar de dignidad sea ser sacerdotes de acuerdo al modelo clerical de hoy. La inmensa mayoría de las mujeres católicas de hoy, al igual que la inmensa mayoría de los hombres creyentes, aspiran a otro modelo de Iglesia con otro modelo ministerial muy distinto, más parecido al movimiento de Jesús, un modelo democrático, comunitario, más allá de la distinción clérigo-laico, ministerios ordenados-no ordenados... Que las mujeres sean sacerdotes y obispos según el modelo actual no cambiaría gran cosa, aunque tal vez pudiera ser un paso intermedio para una reforma mucho más profunda.

¿Sigue siendo usted un fraile sin convento? ¿Y un cristiano sin Iglesia?

¡Qué va! Sigo siendo franciscano fuera del marco institucional, pero me siento acogido y querido por los franciscanos tanto o más que antes, y sus conventos son mi casa. En la fraternidad de Bilbao ceno y duermo tres días por semana, cuando estoy en Deusto. Y en Arantzazu tengo mi habitación de antes, y voy cuando quiero. En cuanto a la Iglesia, en ella hay muchas moradas, como diría Jesús, y si te echan de una puedes ir a otra, y allí te encuentras con muchas hermanas y hermanos, y todos formamos una Iglesia sin fronteras, aunque algunos quieran cerrar puertas y ventanas y poner límites claros entre dentro y fuera, y aunque a veces haya conflictos. Son inevitables. No puede haber comunión eclesial sin espacio para la diferencia y el disenso.

Imagino que la página de monseñor Munilla está pasada. Pero, ¿le sigue doliendo la situación de la diócesis de San Sebastián?

Mentiría si dijera que todos mis sentimientos son puros, evangélicos. No lo son, y lo siento y pido perdón. Pero mi problema nunca ha sido y menos lo es ahora con la persona de monseñor Munilla, sino con el sistema que él representa y quiere imponer como único: una doctrina, una autoridad, una política, una moral, una Iglesia... la suya. Muy distinta, por cierto, de la Iglesia que vive y quiere la inmensa mayoría de la diócesis. Creo que el mayor atentado contra la comunión eclesial viene hoy de la jerarquía, y nuestra diócesis de San Sebastián es un buen ejemplo, un ejemplo doloroso. No hay más que ver lo que ha pasado con el caso Pagola, el Seminario, el Proyecto Pastoral.

¿José Antonio Pagola es un "hereje", como dicen los sectores ultracatólicos?

La peor de todas las herejías me parece el sectarismo de algunos de esos "ultracatólicos". Es negación radical de la catolicidad, que significa no solo pluralidad, sino universalidad. Pero bueno, vayamos al concepto formal de "herejía": "doctrina contraria al dogma". No conozco ningún ultracatólico que haya demostrado en qué punto Pagola enseña algo contrario al dogma, entre otras cosas, porque Pagola es listo y ha eludido cuidadosamente toda cuestión dogmática. De todos modos, ni Jesús ni San Pedro ni San Pablo conocieron ningún dogma cristológico. Los dogmas son fórmulas históricas. Y no concibo que se pueda anunciar hoy el Evangelio de Jesús a la inmensa mayoría de los hombres y mujeres de hoy sin revisar -con libertad, con riesgos, y a fondo- todos, todos los dogmas cristológicos, que son de otros tiempos muy distintos. El evangelio no se juega en esas fórmulas y en sus interpretaciones.

Ha vivido usted en su propia familia la herida de ETA. ¿Cómo se siente, tras el anuncio de que los terroristas dejan las armas?

Me siento inmensamente aliviado, como casi todos los vascos y vascas. ¡Lo hemos esperado tantos años, demasiados! ¡Se ha sufrido tanto por todos los lados! En cuanto a mi familia, sí, ha sufrido también directamente la violencia de ETA: un cuñado mío, marido de una hermana mía, es guardia civil, y la casa donde vivían fue seriamente dañada por una bomba en junio del 1991, y antes y después han vivido de miedo, y toda la familia con ellos. Y amigos de la familia han sido asesinados por ETA. Pero también hay miembros de la familia que han sufrido injustamente cárcel y tortura. De todos modos, cada víctima es única, tiene su padre, su madre, su marido, su mujer... Se pueden contar las víctimas, "tantos de este lado, tantos del otro", y tal vez habrá que hacerlo. Pero lo importante es que no haya más víctimas, y tratar de curar y cuidar en lo posible a todas las que ha habido, a cada una en particular, más allá de bandos. Aprovecho la ocasión que me ofrece para referirme a algunos comentarios sobre mí que aparecen reiteradamente en Religión Digital. Por ejemplo: que nunca he defendido a las víctimas de ETA. Es absolutamente falso. O que enviaba "todos mis escritos" al "diario proetarra GARA". También es enteramente falso. Nunca lo hice, salvo dos artículos que envié a todos los periódicos del País Vasco y que publicaron casi todos ellos: cuando me rebelé contra la prohibición de predicar, enseñar y escribir por parte de Mons. Munilla en junio del 2010 y cuando decidí dejar la Orden en agosto del mismo año. Si GARA publicó otros artículos míos -no lo sé; otros periódicos sí lo han hecho-, será porque los tomó de Internet

¿Ha llegado la hora de que ETA pida perdón a las víctimas?

La cuestión del perdón es demasiado personal e importante para que se la utilice con intereses torcidos. Creo que nadie que haya hecho daño curará su memoria y se reconciliará consigo mismo mientras no reconozca el daño y de alguna forma diga: "Lo siento. ¡Perdón!". Y nadie que haya sufrido el daño, sea quien fuere, curará sus heridas mientras no perdone sinceramente, es decir, supere el odio y la venganza, y vuelva a confiar en cuanto pueda en el que le hizo daño. Todo eso requiere tiempo. Y el perdón ni se puede imponer ni exigir. Los políticos debieran estar a la altura y tener la grandeza para facilitar, en vez de obstaculizar, este proceso de curación de todos los que han hecho daño y de todos los que lo han sufrido.
 
Algunos titulares

"Hay que reinterpretar todas las creencias para seguir confiando, es decir, siendo felices y buenos, como Jesús"

"La Iglesia católica sigue anclada en paradigmas trasnochados"

"La Iglesia española está especialmente politizada, derechizada, a la defensiva y agresiva"

"La jerarquía está sectarizando a la Iglesia"

"Están enterrando el espíritu renovador del Concilio, apelando a la letra del Concilio"

"A menudo, la institución ahoga la espiritualidad e impide respirar"

"La relación sexual y el placer son sacramento de Dios"

"A Jesús no se le ocurrió nunca que hicieran falta sacerdotes ordenados y varones para celebrar su memoria"

"Los comentarios de los más ortodoxos, llenos de resquemor y agresividad, son pura negación de la fe que dicen defender"

"Dios bendice a gays y lesbianas, aunque la jerarquía los condene"

"Hay un cisma evidente entre la jerarquía y las bases de la Iglesia"

"Que las mujeres sean sacerdotes y obispos según el modelo actual no cambiaría gran cosa, aunque tal vez pudiera ser un paso intermedio para una reforma mucho más profunda"

"Sigo siendo franciscano fuera del marco institucional"

"El mayor atentado contra la comunión eclesial viene hoy de la jerarquía, y nuestra diócesis de San Sebastián es un buen ejemplo"

"No conozco ningún ultracatólico que haya demostrado en qué punto Pagola enseña algo contrario al dogma"

"Mi familia también ha sufrido directamente la violencia de ETA"

"Lo importante ahora es tratar de curar y cuidar en lo posible a todas las víctimas"

"El perdón ni se puede imponer ni exigir"

"Que las mujeres sean sacerdotes y obispos según el modelo actual no cambiaría gran cosa, aunque tal vez pudiera ser un paso intermedio para una reforma mucho más profunda"

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José Mª del Castillo «En la Iglesia no existen los derechos humanos»

José Mª del Castillo «En la Iglesia no existen los derechos humanos»

El jesuita José María Castillo (Puebla de Don Fadrique, 1929) fue apartado de la docencia de la Facultad de Teología granadina hace dieciocho años, pero su prestigio internacional no ha hecho más que crecer desde entonces. Reclamado en medio mundo para que ofrezca conferencias sobre temas sociales, se muestra crítico sobre muchos aspectos de la Iglesia, «a la que le tengo un profundo afecto y la prueba es que sigo en ella y la sigo defendiendo». Este teólogo de renombre habla con mesura pero sin miedo, y no puede evitar la indignación cuando aborda el tema de la pobreza. Su último libro, una recopilación de artículos ya publicados, ha sido rechazado por la Congregación para la Doctrina de la Fe. Incluso lo acusaron de masónico. Lo entrevista M. Victoria Cobo en El Ideal de Granada.

-Es usted un ejemplo de que en la Iglesia existe la censura.

-En la Iglesia no existe la debida libertad de expresión. Además, la Iglesia defiende los derechos humanos fuera de ella pero dentro no existen los derechos humanos, no funcionan. El poder del Sumo Pontífice es equivalente al de las monarquías absolutas. En el estado de la ciudad del Vaticano, se dice que el Papa posee los tres poderes, así que no es un estado de derecho. En la Iglesia si a uno lo castigan o trasladan, a quién recurre. Hay bastante miedo en los estamentos eclesiásticos.

-¿Se considera usted un rebelde?

-Yo no me considero un rebelde, es posible que haya quienes me consideren rebelde. Lo que ocurre es que en la Iglesia, como en todas las instituciones en las que hay algo de humano, hay cosas deficientes. Hay mucho de bien y de verdad pero hay también deficiencias e incoherencias y yo no me suelo callar. Pero siempre he tenido mucho cuidado en no decir nada contrario a la fe cristiana y en no ofender a nadie en concreto. Pero sí soy crítico con cosas que se dan en la Iglesia y que no coinciden con lo que enseñó Jesús y el Evangelio, me parece que puedo y debo decirlo.

-Usted siempre ha sido batallador. Ha cuestionado asuntos como la postura sobre el uso del preservativo...

-La doctrina de la Iglesia en estas cosas es conocida. Pero incluso dentro de la Iglesia, personas de gran autoridad como el cardenal Martini, que era obispo de Milán y uno de los papables que nombró a Benedicto XVI, lo dice también. La Iglesia tiene sus motivos para prohibir el uso del preservativo, pero habida cuenta de que puede evitar el contagio de enfermedades como el sida, que es un gran problema en África y en todo el mundo, pues evidentemente se puede opinar. Y no es una cuestión de fe, es una cuestión de doctrina moral que se puede modificar si hay razones que lo aconsejen.

-¿Con qué otras cosas se muestra crítico?

-Por ejemplo con la evolución de la Iglesia desde lo que fue su origen, hasta la realidad actual. Jesucristo fue un campesino de la Palestina del siglo primero, un hombre humilde que pronunció un discurso muy crítico con cosas que ahora se hacen en la Iglesia. Por ejemplo, Jesús critica a quienes buscan los primeros puestos, preminencias, títulos, cuestión de privilegios. En la Iglesia hay más preocupación por sus propios privilegios, sus propios intereses, que por lo que le pasa a la gente, o lo que pasa en el mundo.

-En España da la impresión de que la Iglesia se alinea con determinadas opciones políticas.

-El término Iglesia es muy ambiguo. Si entendemos que son todos los creyentes, hay de todas las tendencias. Pero si nos referimos a los obispos, efectivamente hay un sector importante en el episcopado que tiene una marcada preferencia por la derecha, concretamente por el Partido Popular. Esto se nota mucho, por ejemplo, en la Cope. Es algo notorio. Así como el grupo Prisa tiene una tendencia conocida por el PSOE o socialista. Entiendo que se pueda tener una opción u otra. Lo que yo ya no entiendo es que se sirvan de la religión o de la Iglesia para empujar en la dirección de sus ideas políticas.

-¿Qué ha pasado entre el arzobispo y la Facultad de Teología?

-Lo que ha pasado no lo conozco, sólo sé lo que veo en el periódico. En este caso se ve claramente cómo se usan estos asuntos para expresar otros sentimientos que tienen poco que ver con la Iglesia. Hay que tener gran respeto, porque ahora se le falta el respeto a la Iglesia hablando mal de ella. Si lo que se hace es criticar las incoherencias de la Iglesia sobre lo que dicta el Evangelio, estoy de acuerdo porque soy el primero que lo hago. Pero así como de Biología o de Derecho hablan los que entienden, de Iglesia y de religión entiende todo el mundo, y todos dan su opinión dogmatizando y sentenciando. Pero también se le puede faltar al respeto desde dentro de ella. Por ejemplo, utilizando a la Iglesia para fines políticos, intereses económicos, para obtener privilegios o cargos, trepar o hacer carrera.

-Esta decisión de apartar a los seminaristas de la Facultad es difícil de entender, sobre todo cuando el centro tiene un gran prestigio

-No sé más que lo publicado o en la sección de cartas al director. Ante eso, como no dispongo de los datos, prefiero no opinar.

-¿Cómo ha sentado esto en la Facultad?

-Noto a la gente tranquila. Ha sido inesperado, nadie se lo imaginaba, pero tampoco está el ambiente revuelto. Hay serenidad, las cosas son como son. Pero yo insisto mucho en el respeto. Me parece que hay, sobre todo en la teología, ciertos elementos constitutivos que sabe muy poca gente.

-Da la impresión de que el problema ha sido que el centro se ha mostrado progresista, el curso se abrió con un discurso sobre bioética

-Yo voy a trabajar a la facultad porque uso la magnífica biblioteca, que debería ser un orgullo para la ciudad de Granada. Pero no sé lo que enseñan los profesores en las clases de teología -está ya retirado-. Pero sí le puedo garantizar que no enseñan doctrinas contrarias a la de la Iglesia ni que perviertan a los futuros sacerdotes, de eso estoy absolutamente seguro. Al mismo tiempo, si el señor arzobispo ha tomado esta decisión, tendrá sus motivos que yo respeto.

-Habla usted de que la Iglesia no debe buscar privilegios. El arzobispo intentó evitar a la justicia ordinaria en su contencioso con el ex canónigo, ¿Qué le parece?

-Pienso que todo ciudadano español tiene que estar sometido a las leyes del estado español. No veo por qué tiene que haber nadie que goce de privilegios que no tiene otro ciudadano. No tengo más que decir, ni menos tampoco.

-Usted siempre trata temas de actualidad, ¿Cree que a la Conferencia Episcopal le falta poner los pies en el suelo?

-En España, a partir del momento en que el PSOE ganó las últimas elecciones, se ha producido un proceso de crispación fuerte, hasta el punto de que se vuelve a hablar de las dos Españas. Creo que el que tenga las manos limpias que tire la primera piedra. En lugar de resolver los problemas que hay que resolver, pienso en los problemas de corrupción urbanística o en las carencias que tiene la educación, nos dedicamos a pelarnos unos con otros y eso no hace bien. Por otra parte yo creo que la jerarquía eclesiástica tiene que entender que la sociedad española no es como hace cuarenta años, ni siquiera como hace veinte años.

-¿Hay corrupción en la Iglesia?

-Los cargos eclesiásticos no son cargos políticos, son una responsabilidad de representación religiosa y de transmisión de valores y creencias, que va en otro orden de cosas y ante todo se tiene que predicar con el ejemplo. Esto ante todo y sobre todo. Si no predicamos con el ejemplo, de qué sirven las palabras. Y en ese sentido, habría que vigilar mucho más para que hubiera mayor coherencia. Vigilar para que la gente viera mayor claridad, mayor ejemplaridad y mayor transparencia en todos los que tenemos dirección eclesiástica.

-Es habitual que usted critique a los gobiernos porque no destinan el 1% del PIB que podría erradicar la pobreza

-Es tremendo pensar que hay 800 millones de personas que se alimentan por debajo del umbral mínimo de calorías que necesita un ser humano. 800 millones de personas que están abocados a una muerte de hambre, que es quizá la más cruel que se puede sufrir. Hambre o sus consecuencias. Y sin embargo, en el mundo se produce un 10% más de comida de la que necesita toda la población mundial para alimentarse suficientemente. Además, es notable que la Unión Europea se gaste muchos miles de millones de euros cada año en pagar a los agricultores para que no produzcan más leche, vino, cereales, cuando a pocos kilómetros de nuestras fronteras, la gente se está muriendo de hambre. Ahí es donde quisiera ver a las religiones y a la Iglesia. Sin darnos cuenta ha emergido una nueva religión en el mundo, la religión del mercado neoliberal. Se ha convertido en la gran religión en la que cree el mundo entero. Y es la que está ocasionando mas desigualdades y más sufrimientos.010D7GRA-LGR-P1_11

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