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Ante la pederastia clerical, breve decálogo X. Pikaza

Ante la pederastia clerical, breve decálogo X. Pikaza

Ante la pederastia clerical, breve decálogo

Desde hace algunos años vuelve regularmente a de prensa (y por desgracia a la vida), el tema de la pederastia,especialmente en su vertiente clerical, aunque son infinitamente más los casos ocultos que los desvelados.

En este momento está en primera plana el asunto de una presunta “mafia” de pederastas curas de Granada (España), sacudiendo la conciencia clara o "farisea" de millones de personas. Es bueno que así sea, si sirve para orientar a la Iglesia y para "curar" (de formas distintas) no sólo a las víctimas, sino a los posibles pederastas.

El tema en general es muy complejo y no tengo gran autoridad para abordarlo, pues no soy médico, educador, psicólogo o juez…. Pero lo he vivido de cerca, desde hace mucho tiempo, he conocido muchos casos, y eso me permite opinar con libertad, desde una perspectiva cristiana (humana).

El problema nos sitúa en la raíces de la conflictividad afectiva de hombres y mujeres, mayores y niños, y nadie tiene las claves para resolverlo, aunque muchos piensan que, al fin, en esta sociedad, es insoluble. No se puede solucionar, pues forma parte de la trama de la vida… pero puede encauzarse quizá un poco mejor, y así pienso hacerlo en las reflexiones que siguen, abriendo caminos de cambio para la sociedad (y de un modo más concreto) para la misma Iglesia, en línea de humanidad, que es la línea de la Iglesia, para bien de los niños y de todos los hombres y mujeres.

1. Pederastia, un tema humano

La pederastia se inscribe en el proceso de educación y maduración afectiva y sexual de los niños. En un momento dado, algunos educadores (del entorno familiar o social) en vez de acompañarles y guiarles en respeto, gozo y libertad, hasta que ellos puedan elegir y recorrer personalmente su opción afectiva, tienden a aprovecharse de ellos, para encontrar placer o ejercer su poder.

Algún tipo de pederastia se ha dado y seguirá dándose siempre en el contexto familiar y educativo, recibiendo valoraciones distintas en las diversas sociedades, desde los sistemas tribales antiguos, pasando por las culturas clásicas (Grecia. la India…) hasta la actualidad. En algunos contextos culturales un tipo de pederastia se sigue considerando legal e incluso se admite el matrimonio con menores.

2. Perversión suprema. Dos tipos de pederastia

Está por un lado la pederastia “casual”, por así decirlo, mucho más frecuente de lo que se dice, en contextos de cercanía afectiva, especialmente familiar. Un tanto por ciento bastante elevado de niños y niñas han sido objeto de miradas y “tocamientos”, que a veces se “resuelven” con la edad, pero que otras veces causan en ellos grandes traumas, como saben bien los expertos (amigos y educadores, psicólogos y médicos etc.). Muchas veces, este tipo de pederastia casual no necesita resolverse en los tribunales, sino que se resuelve (y sufre) con la misma vida, aunque en otros casos debe llevarse ante el juez.

Está por otra parte la pederastia organizada en forma de “trata de niños y niñas”, desde el llamado “turismo sexual” (para conseguir por dinero el “trato” con menores, hasta la prostitución infantil y el utilizamiento organizado de niños y niños. En este caso se sitúan las “mafias” que actúan a veces por dinero, otras por simple “placer”, de forma duradera. En esta línea se pueden situar los casos de “aprovechamiento” continuo de niños y niñas. Ésta es una de las grandes lacras de nuestra sociedad. Aquí debe acudirse siempre al juez.

3. Iglesia, un lugar sagrado (y peligroso) para niños

La iglesia cristiana puede y debe concebirse como espacio de maduración en el amor, en libertad. Por eso, en ella cobra un sentido especial el “amor” a los niños, entendido en forma de respeto y de acompañamiento en el proceso de la educación personal, familiar, afectiva. En esta línea se (nos) sitúa de un modo especial evangelio de Marcos (y de Mateo) que presentan el “escándalo de niños” (es decir, la utilización sexual o humana de menores) como el mayor de todos los pecados: “Más le valdría atarse a una piedra de molino y tirarse al mar que hacer daño a los niños”.

Pero la misma cercanía afectiva que ofrecen los grupos de Iglesia (y otros grupos semejantes: ciertos centros educativos, escuelas deportivas etc.) puede convertirse en espacio de alto riesgo, si es que los “educadores cristianos” pierden su norte (no son hombres y mujeres de madurez afectiva) y buscan en los niños una satisfacción sexual compensatoria. Siempre se ha sabido que lo más alto puede convertirse en lo más bajo, pasando del “creo en Dios Padre” a la “resurrección de la carne” en un lugar equivocado.

4. Pederastia clerical. Una situación de riesgo

La iglesia debería ser (y en gran parte ha sido y sigue siendo) un espacio ejemplar de acogida, educación y maduración de los niños. Así lo muestra la inmensa labor de miles de religiosas y religiosos que han entregado su vida a la educación de los niños, en libertad y respeto. Pero en ciertos sectores de Iglesia, un tipo de celibato ministerial (o de autoridad), impuesto de un modo apresurado (para captar vocaciones de grupo) y vivido en contextos “sacralizados” (con poca libertad y madurez) ha podido servir de “caldo de cultivo” para un tipo de “tendencia a la pederastia compensativa” (ante otras carencias afectivas).

Con seguridad, esta pederastia clerical sacralizada no es mayor que la que se da en otros contextos de familia y escuela, o en centros educativos y organizaciones sociales de diverso tipo, pero presenta una mayor gravedad por el hecho de que se produce en un ambiente sacralizado donde el educador clérigo ejerce una autoridad espiritual sobre los menores (y se aprovecha de su dignidad) para utilizarles sexualmente, de un modo más o menos claro. Siempre se ha dado la mirada especial al más “guapito/a”, algún tipo de preferencia (¡y es normal!), pero si ese gesto sale del cauce normal de la vida puede convertirse en fuente de satisfacción sexual sustitutoria (enfermiza, y a veces criminal).

5. Justicia social (y cristiana), el derecho del niño

Pues bien, en este contexto se ha dado un cambio fundamental que (para sonrojo de los eclesiásticos) ha comenzado en la sociedad civil antes que en la Iglesia: Desde hace unos decenios (y especialmente en los últimos años) la justicia de los países occidentales está condenando severamente la pederastia. Se ha dado aquí un salto cualitativo, algo que antes (y en otros países todavía) resultaba impensable: La sociedad civil ha tomado a su cargo la defensa de la libertad y de la autonomía “afectiva” de los niños.

Este cambio (el descubrimiento y protección de los derechos personales, afectivos y sexuales de los niños) constituye un elemento clave en el despliegue de la humanidad. La sociedad civil se siente capaz de proteger a los niños, por encima incluso de su mismos entornos familiares y sociales (donde ellos vivían antes). Pues bien, en este campo, eso es absolutamente normal (y necesario) que la Iglesia acepte en este campo el veredicto y control de la sociedad civil, sin privilegios clericales,

6. Estamos en un tiempo bueno. Contra la “omertá” clerical

Ha existido desde antiguo una pederastia de ese tipo, envuelta en gestos de secreto sagrado y mantenida oculta por la “omertá” típica de todos los grupos cerrados (desde la mafia siciliana hasta una gran iglesia). Estos problemas se resolvían en silencio, dentro de la propia iglesia (o familia), conforme a una larga tradición, que tenía sus valores, pero también sus grandes (mayores) riesgos; han sido miles y miles de hombres y mujeres los que han sufrido en la Iglesia (y más en otros grupos sociales) un tipo de presión afectiva, sexual y personal de este tipo.

Pues bien, nos hallamos en un tiempo bueno, propiciado por la nueva libertad social, y por la misma actitud de la Iglesia Católica que quiere abrirse y mostrar sus problemas, sin miedo ante el mundo, por el cambio de actitud del Papa Benedicto y más por el de Francisco. Está terminando la omertá clerical, está es una de las mejores noticias que hemos escuchados en los últimos decenios en un campo eclesiástico. No es que ahora haya más casos de pederastia, posiblemente hay muchos menos, pero se conocen, ye es muy bueno que se conozcan, para que así sepamos lo que somos y podamos plantear de mejor manera nuestras experiencias, caminos y metas.

7. Un tema “social”. No sólo “castigar”, sino reeducar (también) al pederasta

La justicia social (cf. Constitución Española 25, 2) tiene como fin no sólo el “corregir” (castigar) a los infractores (y proteger a los niños sometidos al abuso sexual de los mayores), sino abrir a los mismos pederastas un camino de “corrección” (de re-educación, re-socialización). No se trata sólo de castigar, sino especialmente de ofrecer espacio de maduración distinta, empezando quizá por la cárcel (¡qué utopía!), para centrarse sobre todo en el cambio social.

El problema de la pederastia no se resuelve sólo con el miedo al castigo, ni con la “cárcel que debe reeducar”, sino con el establecimiento de una sociedad madura y sana en el campo social y afectivo. Como decimos, la sociedad no debe ocuparse sólo de defender al niño jurídicamente al niño (cosa necesaria), sino también de educar y ofrecer espacio de cambio para el pederasta, haciendo posible el surgimiento de una sociedad donde los adultos puedan desplegar en libertad su opción sexual, sin descargarla (de forma enfermiza o “voluntaria” y criminal) sobre los niños.

8. Una iglesia para niños, pero también para “pederastas” (para su perdón y “conversión”)

Conforme a lo anterior, la iglesia debe abrir espacio de educación en madurez y libertad para los niños; esto es lo más importante, ofrecer espacio sociales de madurez en el amor, sin imposiciones, ni magias estructurales, sin normas que se impongan sobre individuos y grupos. Por eso, ella no puede condenar sin más al pederasta, sino ofrecerle también espacios, estímulos y caminos para una educación en el amor y libertad (y para el surgimiento de una sociedad sin pederastas).

También el pederasta merece un respeto y una atención. No podemos hacerle chivo expiatorio de todos nuestros males, como ahora tiende a decirse en ciertos círculos de Iglesia. (He oído decir a un jerarca muy alto de la iglesia hispana que hay que arrancar a los pederastas y expulsarlos de la iglesia, como manzanas podridas…). Ciertamente, los pederastas clericales han de ser juzgados sin más por las leyes sociales, pero ellos siguen siendo “hijos queridos” de la Iglesia, que (en muchos casos) tiene la responsabilidad real (¡no la culpa!) de lo que ellos son, pues les ha hecho vivir (hasta ahora) en un ambiente que parecía propicio para cierto tipo de pederastia. En esa línea, muchos pederastas clericales son producto de un tipo de iglesia, y no se les puede condenar sin que la Iglesia haga “penitencia” (y abra un camino de conversión) con ellos.

9. Un cambio de iglesia (más allá de un celibato)

Creo (y sé por experiencia) que el celibato temporal o para siempre es un “don” evangélico, si evangélicamente se vive. Creo, además, que el celibato ofrece unos cauces de autonomía y responsabilidad fuerte en la entrega por el Reino de Jesús. Pero vivido en ambientes de poder (¡sólo el célibe puede…!) y desarrollado en espacios de afectividad “cerrada” ha podido convertirse en caldo de cultivo de un tipo de pederastia (vinculada sobre todo con un tipo de homosexualidad entendida como pecado).

Por eso es necesario un cambio fuerte en la vida de la Iglesia, más allá de pequeños maquillajes de imagen, de simples cambios de cosmética propagandística. Se trata de volver al Evangelio, a la raíz de la vida humana, en libertad y autonomía, destacando la madurez de las personas (con opciones afectivas básicamente estables). Por eso me alegro de “presunto” crimen del “clan” de Granada, si sirve para replantear algunos temas básicos del celibato y del “poder” eclesial y si, al mismo tiempo, sirve para que los pederastas puedan encontrar, al fin, si es que lo han sido, un camino de madurez humana, no como “manzanas podridas”, sino como pecadores (culpables) arrepentidos y transformados (es decir, como cristianos de primera).

10. Un tema para la Congregación de la Doctrina de la Fe.

Éste es finalmente un problema que me viene impactando hace ya tiempo. Los mayores de edad, dedicados a la teología, con cierta libertad, amor y riesgo, hemos sentido en la nuca la mano fría de esta Congregación, que nos ha vigilado (y a veces perseguido) por la forma de entender la Encarnación del Logos, la Personalidad el Espíritu Santo o el sentido biológico de la maternidad divina de María… Pues bien, los años altos y “gloriosos” de esta Congregación han pasado, y ahora ella se ocupa de temas “bajos” de pederastia clerical, considerada como tema de fe.

Tengo mis grandes dudas sobre la efectividad de este cambio. No sé si los clérigos de la Doctrina de la Fe de “Pedro” son los mejor preparados para entender, vigilar, castigar y “convertir” a los que tienen problemas de “petrina”. Pero ahí están. No sé si han caído o han subido en el escalafón vaticano… Pero es evidente que han cambiado. Les deseo un buen trabajo. Quizá vuelva a hablar de ellos otro día, si el tema lo merece.

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La mujer de Jesús, Jesús célibe. X, Pikaza

La mujer de Jesús, Jesús célibe. X, Pikaza

La mujer de Jesús, Jesús célibe

14.04.14 | 16:41.

Muchos medios de comunicación han vuelto a presentar estos días (¡como huevo de pascua!) el tema de la “mujer de Jesús”, diciendo que el papiro donde él decía “mi mujer” es auténtico, y suponiendo con eso que Jesús tuvo que estar casado. Como sabrán los lectores, el papiro decía:

Mi madre me ha dado la vida… los discípulos preguntaron a Jesús... negó. María es digna de eso... Jesús les dijo: mi mujer... podrá ser mi discípula. Que los malvados se inflen... en lo que me concierne, viviré con ella por... una imagen.

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Pero hay que distinguir dos cosas muy distintas. (1) Si el papiro es auténtico demuestra sólo que en el siglo IV d.C. (y en la segunda mitad del II d.C.) había cristianos gnósticos que pensaban que Jesús estaba "místicamente" casado (sin interesarse por el Jesús histórico). (2) Otra cosa muy distinta es saber si el Jesús histórico estuvo casado o no, en sentido real, no místico.

No me ha sorprendido nada la vuelta de noticia, y ya hace dos años (22.019.12) presenté en este blog una nota sobre el tema del celibato de Jesús (http://blogs.periodistadigital.com/xpikaza.php/2012/09/21/p321644#more321644 ), inclinándome por la autenticidad del papiro. Siga leyendo quien quiera conocer el tema, en este tiempo esencial de Semana Santa. Buen día a todos.

Evocaba allí la opinión del Prof. A. Piñero, que ha vuelto a escribir otra vez una nota esencial sobre el tema:http://blogs.periodistadigital.com/antoniopinero.php/2014/04/12/p350701#more350701.

Datos básicos:

1. Sabíamos todos que el “papiro” (papel) sobre el que estaba escrito el texto era auténtico, pero son muchas las cosas falsas que se han escrito con tinta nueva sobre un “papel/papito” antiguo (encontrado en ruinas, sarcófagos o basureros). Unos “investigadores” afirman ahora que la tinta es también antigua, del siglo IV d.C. y es muy posible que lo sea, como yo había supuesto, aunque no han logrado disipar todas las dudas.

1. Si el texto es auténtico, formaría parte de un escrito gnóstico, escrito en la segunda mitad del siglo II d.C., y copiado en este papiro en torno al siglo IV. Sería un texto significativo, pero no podría ni puede utilizarse en ningún sentido para hablar de un posible matrimonio "físico" de Jesús con María Magdalena o con otra mujer, pues el texto no habla de un matrimonio “físico” (como el descrito en Mc 10), sino de una presencia espiritual del Revelador Celeste en el alma de los fieles, en un contexto en el que (indirectamente) se plantea el tema del puesto de la mujer en las comunidades cristianas (de tipo gnóstico).

2. La madre de la que habla el texto puede ser María de Nazaret, pero mucho más probablemente alude al Espíritu de Dios, del que Jesús ha nacido. María es probablemente María Magdalena, pero ya no como persona concreta con la que Jesús se casó durante el tiempo de su vida, sino como figura simbólica de mujer y creyente. Ella aparece como esposa de Jesús en un sentido místico.

3. El texto sólo nos dice que desde el siglo II dC (y por lo menos hasta el IV) había cristianos que entendían a Jesús como “esposo espiritual” (en la línea de un sacramento de las nupcias sagradas), un fenómeno bien conocido por todos los que nos hemos dedicado un poco al tema. Este Jesús que dice a María "mi mujer" es contrario al matrimonio "real" (material, hýlico). No sabemos si éste papiro formaba parte de un evangelio de la mujer de Jesús (en la línea del Evangelio de Tomás, de Felipe o de María Magdalena…). Pero, al menos a la luz de este pasaje publicado ahora como "auténtico", ese evangelio diría sólo cosas obvias que estamos cansados de saber por otros textos de los grupos gnósticos de aquel tiempo.

4. Todas ideas de este papiro (¡todas!) las conocen perfectamente los investigadores del cristianismo primitivo. Como dice A. Piñero: "Este texto pertenece a un evangelio muy tardío, gnóstico, de los que ahora tenemos, por lo menos, una decena. Su contenido no añade nada a lo que sabemos de Jesús por textos como el evangelio de María Magdalena (Jesús la amaba más que a los otros discípulos) ; el evangelio de Felipe (María Magdalena es la compañera del Salvador; María Magdalena es su compañera, su madre y su hermana; Jesús besaba en la boca a María Magdalena); 2º apocalipsis de Santiago (Jesús besó en la boca a su hermano Santiago); Evangelio de Tomás, logion 60 (Salomé, que no María Magdalena, dice que Jesús ha comido en su mesa y ha subido a su lecho)… Lo que se dice de María Magdalena, tanto mujer como compañera como hermana y madre, ha de entenderse como un conjunto de símbolos gnósticos que afirman que María Magdalena es la discípula perfecta de Jesús pero nada más" (A. Piñero).

5. En contra de la Gnosis, la Gran Iglesia (con Justino e Ireneo, entre otros) optó por insistir, con los evangelios sinópticos (y a mi juicio con buen criterio histórico), en el Jesús social (de carne y hueso), un Jesús que es "sarx", carne. En ese contexto ha de entenderse, a mi juicio, el Celibato de Jesús (tema que recojo de mi libro sobre La historia de Jesús, Verbo Divino, Estella 2013).

EL CELIBATO DE JESÚS

Principios:

1. El celibato de Jesús no es un tema de fe (de hecho, él podría haber estado casado, o ser viudo en el momento en que inició su mensaje de Reino). El Dogma de Nicea no define si Jesús fue célibe o casado, sólo dice que era “hijo de Dios”, y se puede ser Hijo de Dios siendo casado o soltero.

2. Si un día se demostrara que Jesús estuvo casado no cambiaría nada en el plano de la fe de la Iglesia, sino sólo en la forma de entender su experiencia personal y su entrega por el Reino.

3. Pero todo nos lleva a pensar que, a lo largo de su vida pública, Jesús actuó como célibe al servicio del Reino. En sentido intenso, la “familia” de Jesús la formaron los pobres, marginados, enfermos y hambrientos de su entorno galileo a quienes anunciaba y ofrecía el Reino. Probablemente, se consideraba hijo de David, pero no en línea de superioridad, por encima de otros, sino de servicio, de Reino.

4. Invocó a Dios como Padre, y se consideró su hijo, pero eso no le distanció o separó, sino que le unió con otros hombres y mujeres, pues se sintió llamado a compartir con ellos su experiencia. Fue un hombre para los demás, hijo de Dios, siendo hermano y amigo de todos, de forma que tras su muerte en cruz «aquellos que antes le habían amado, no dejaron de hacerlo…» (Josefo, Ant. XVIII, 63-64). En ese contexto se entiende su celibato, como forma de ser y vivir para el Reino.

1. Proyecto de Reino y familia.

La tradición israelita suponía que tanto el varón como la mujer han de casarse, pero ya Sab 3, 13-4, 6 incluye un canto al eunuco y a la mujer soltera/estéril, si son fieles a Dios (cf. Is 56, 3-5). En esa línea, algunos movimientos judíos, helenistas y palestinos (terapeutas, esenios), habían podido aceptar e incluso apoyar un tipo de celibato, vinculado al encuentro espiritual con Dios o a motivos de pureza y cercanía escatológica. No parece que Jesús haya sido célibe por de pureza o espiritualismo (huída de este mundo), sino para identificarse con los pobres, en especial con aquellos que en aquellas condiciones sociales no podían tener una familia.

Era artesano (tektôn), pero no conocemos su estilo de vida anterior, y la tradición (cuidadosa en fijar el lugar de su madre y hermanos en la iglesia; cf. cap. 3) no ha transmitido la memoria de su esposa o de sus posibles hijos, como habría hecho si los hubiera tenido. Ciertamente, es posible que estuviera casado antes de hacerse discípulo del Bautista, pero no se ha conservado recuerdo de ello, en un contexto donde su matrimonio no hubiera supuesto dificultad para la Iglesia posterior (que tuvo, sin embargo, dificultades para situar y entender la función de su madre y sus hermanos).

Eso, unido a su modo de vida, muestra a, mi entender, que era célibe, no para cultivar unos valores interiores, sino por experiencia concreta, en comunión con miles de personas que habían perdido su familia (o no podían tenerla), y porque buscó otro tipo de comunión donde cupieran los excluidos, solitarios y enfermos de diverso tipo.

Su celibato no importaba en sí mismo (¡los evangelios ni lo mencionan!), sino por la forma concreta en que Jesús lo vivió, como expansión y consecuencia de su opción de Reino. En contra de cierta iglesia posterior (que lo exige a sus ministros), el celibato no fue para Jesús un punto de partida, ni expresión de una condena de los lazos familiares (o del sexo), sino un estado de vida que le permitió expresar y cumplir su tarea, al servicio del Reino, como supone el texto sobre los eunucos (Mt 19, 12 (nota 1).

Parece que Juan Bautista, su maestro, había sido célibe por “presura” de tiempo(¿cómo crear una familia si este mundo acaba?), y así puede haberlo sido Pablo (cf. 1 Cor 7, 29-31). En contra de eso, Jesús no lo ha sido porque el mundo acaba, sino porque empieza un tiempo nuevo, abierto a nuevas formas de amor y de apertura al Reino, que le impulsan a crear otro tipo de familia. Por eso, no rechazó el matrimonio por ascesis, sino por felicidad de Reino, no para aislarse como solitario, sino para compartir la Palabra con otros hombres y mujeres, no por carencia o miedo, sino por desbordamiento, en unión con otros carentes de familia, ante la llegada del Reino (2).

Su condición responde no sólo al contexto de desintegración que se extendía en Galilea tras la ruptura del orden antiguo (pérdida de tierra de muchos campesinos), sino que ha de entenderse desde su servicio de Reino. Los nuevos impulsos sociales y laborales habían destruido un orden secular, fundado en la estabilidad e independencia de cada familia, entendida como unidad de vida y generación para hombres y mujeres. En consecuencia, una parte considerable de la población (sin heredad, ni trabajo estable, es decir, sin casa/tierra) tenía dificultad para fundar una familia en sentido antiguo. Pero él buscó y puso en marcha un tipo de fidelidad y familia que superaba el orden patriarcal antiguo.

En esa línea, parece haber sido célibe por solidaridad con los pobres sin casa, e incluso con los pobres sexuales (leprosos, prostitutas, enfermos, abandonados), que no podían mantener una relación familiar estable, socialmente reconocida como indica su palabra sobre los eunucos por el Reino (cf. Mt 19, 12), que se sitúa (y le sitúa) en un espacio de marginación sexual, de tipo biológico, psicológico o social. En su forma actual esa palabra puede haber sido recreada por una comunidad posterior, con tendencias ascéticas, pero ella conserva un recuerdo de Jesús y de su grupo, pues el celibato (eunucato) del Jesús no nace de en un tipo de ascesis, sino por aceptación de una sexualidad distinta (no patriarcal), en solidaridad con marginados y pobres.

Con los expulsados sexuales.

No ha sido célibe por alejamiento y pureza espiritualista (para contemplar el misterio sin mancha), sino para desarrollar una forma distinta de amor, superando las limitaciones del orden patriarcal, para vivir con personas del último estrato humano y afectivo, carentes de familia, sexualmente marginadas. Entendido así, su gesto es extrañamente fuerte, pues le une a los que nadie unía (eunucos: Mt 19, 10-12), abriendo nuevas formas de relación, comunidad de Reino, con varones y mujeres sin familia o que la habían abandonado por un tiempo, para crear nuevos tipos de solidaridad y comunión humana (cf. Lc 8, 1-3; Mc 15, 40-41).

Rompe así los moldes de su entorno, pues no acepta la función de “padre de familia”, ni los esquemas de relación social de su entorno, caminando rodeado de varones y mujeres, sin miedo a mantener con ellos/ellas unas relaciones que muchos juzgaban ambiguas y acogiendo con afecto real a los niños (cf. Mc 9, 10-13 par.). No sabemos lo que habría hecho si el Reino hubiera llegado en Galilea o en Jerusalén, en un sentido histórico y social, y debemos evitar las especulaciones; pero sabemos lo que hizo mientras buscaba y promovía el Reino

(a) Trató con varones fuera de su grupo. Mc 10, 21 afirma que “amó” al hombre rico que estaba dispuesto a seguirle. Tanto Mt 8, 5-13 como Lc 7, 1-10 suponen que no criticó al “siervo querido” del centurión, que en aquel contexto parece amante homosexual. Ciertamente, el joven que le seguía y escapó desnudo del Monte de los Olivos, cuando le arrestaron (Mc 14, 51-52) puede ser una figura simbólica de Jesús o de los creyentes, a quienes nadie puede prender, pero ofrece rasgos que se sitúan (nos sitúan) en un plano abierto a diversas interpretaciones de intimidad y amor entre varones.

(b) Amó a sus los discípulos, con rasgos de fuerte intimidad dramática. Mc 4, 10-12 supone que Jesús mantenía con ellos una intensa relación de intimidad personal. En ese contexto es significativo (perturbador) el modo en que Jn 23, 23; 19, 26: 20, 22; 21, 7. 20 ha planteado su relación afectiva con “aquel a quien amaba”. Sin duda, esa relación ha de entenderse en un contexto simbólico donde el trato del maestro/iniciador con sus discípulos aparecía marcado de tintes afectivos. Pero esa forma de presentar los datos hubiera sido imposible si Jesús no hu
biera mantenido una intensa relación de amor con ellos (cf. Flavio Josefo, Ant XVIII, 63-64).

(c) Se vinculó con mujeres. Jn 11, 5 sostiene que “amaba” a Marta y a su hermano Lázaro, y Lc 10, 38-39 supone que amaba de un modo especial a María, hermana de Marta, que escuchaba su palabra. Las relaciones de Jesús con María Magdalena han sido objeto de especulaciones sin base, pero es evidente que en el fondo de ellas se conserva el recuerdo de una amistad especial, que la tradición no ha podido (ni querido) borrar. Por estos y otros datos sabemos que no ha sido célibe por odio (o miedo) a las mujeres, sino para establecer con ellas una relación de respeto, intimidad y diálogo que, en aquel tiempo, resultaban infrecuentes en un contexto patriarcal (3)

(d) En ese fondo se sitúa el tema de su orientación sexual. Ciertamente, no fue machista (o mejor dicho patriarcalista) en el sentido ordinario del término, como lo avala su forma de oponerse al poder masculino en el divorcio (Mc 10, 1-7) y su manera de referirse a los “eunucos”, solidarizándose con ellos (Mt 19, 10-12). Los evangelios le presentan valorando las mujeres, amando a varones y relacionándose con el discípulo amado (cf. Mc 10, 21; Mt 8, 5-13; textos de Jn ya citados), de manera que algunos han podido decir que tenía una tendencia homosexual (o bisexual). Pero esa interpretación va más allá de lo que dicen los textos. Lo único que podemos afirmar es que mostraba un amor abierto a varones y mujeres, y que su celibato ha de entenderse en forma de potenciación afectiva (4).

No quiso recrear una sociedad patriarcal, con superioridad de varones (padres), sino una comunidad donde cupieran todos (varones y mujeres, casados y solteros, niños y mayores…; cf. cap. 15, 16), Sólo en ese trasfondo se entiende su celibato, que no es signo de carencia o debilidad (iba contra el mandato de ¡creced, multiplicaos!: Gen 1, 28), sino principio de abundancia, una forma de solidarizarse con los más pobres, abriendo para y con ellos una esperanza de familia y resurrección, donde hombres y mujeres serán «como ángeles del cielo», en libertad de amor (Mc 12, 15 (5).

Un celibato al servicio del Reino.

No rechazó el matrimonio, que era signo del Reino de Dios (cf. Mc 2, 19), lugar y camino de fidelidad humana (cf. Mc 10, 7-9; cf. cap. 11), y por eso su celibato no pudo entenderse en clave de rechazo, sino de creación de una familia abierta a todos, especialmente a los más necesitados. Por eso, no excluía, sino que incluía en su Reino el signo de filiación y bodas, la comunión del Reino, con madres, hermanos, hermanas e hijos (cf. Mc 2, 18-19; Mc 3, 31-35; 10, 30). Había en aquel tiempo muchos que no podían casarse, por razón económica, social o personal. Pues bien, Jesús pudo convertir esa situación en medio para la creación de un tipo más alto de familia, en fidelidad personal de hombre y mujer (cf. Mc 10, 11), donde hubiera un espacio afectivo de cien madres, hermanos e hijos (cf. Mc 10, 30), como aparece al compararle con Juan y con otros personajes significativos.

a. El celibato de Juan Bautista responde a su visión del fin de este mundo: El tipo actual de sociedad está acabando y no es posible crear y educar una familia en el pequeño tiempo restante. Por eso, sus seguidores parecían el resto liberado de un naufragio, más que germen de nueva humanidad. Pero Jesús ha sido célibe al servicio de la nueva familia de Reino: hermano de los pobres, levadura de Reino, en un contexto de relaciones rotas, superando el patriarcalismo dominante de algunos y la marginación de otros.

b. Moisés convocó y lideró a los hebreos, aplastados bajo el Faraón, para dirigirse con ellos a la tierra prometida. Jesús inició un éxodo de Reino con los oprimidos y expulsados de su tiempo, no para buscar una tierra distinta (prometida), sino para plantar el Reino en Galilea (pasando por Jerusalén). Ciertamente, podría haberse casado como Moisés y haber tenido hijos, pero la urgencia de la hora y la radicalidad de su obra parecen haberle impulsado al celibato.

c. Elías se opuso también a la opresión de Jezabel (reina que aparece como idólatra), para sostener e impulsar a los fieles de Yahvé, iniciando con ellos un camino fidelidad social y religiosa. No conocemos sus relaciones familiares, pero la Escritura le presenta sin hijos ni esposa, dedicado a la causa de Israel, en la línea de Jeremías, quien aparece ya expresamente como célibe (cf. Jer 16, 1-4). En esa línea parece avanzar Jesús, para anunciar y preparar la llegada del Reino, con los enfermos y expulsados, que eran su auténtica familia (6)

d. David levantó en armas a sus “valientes”, héroes de la guerra (los treinta de 2 Sam 23, 8-39) para iniciar conquistar Jerusalén, fundando así el reino, y por eso le venimos comparando con Jesús. Pero su historia está llena de matrimonios, rupturas y tragedias familiares. En contra de eso, Jesús, nuevo David, apoyado en sus Doce, abrirá un camino de fidelidad familiar (afectiva) que culminará en Jerusalén, con los pobres y excluidos, que su auténtica familia, de manera que en la última cena, podrá integrarles en su mismo cuerpo mesiánico (7).

Asumiendo y transformando la tarea de esos israelitas antiguos, Jesús despertó gran amor y entusiasmo, pues le escucharon y siguieron multitudes de pobres y enfermos, excluidos de la vida, que provenían, casi siempre, de las clases oprimidas de Galilea. De esa forma, él pudo ser signo de familia para muchos sin familia, tanto varones como mujeres. No le podemos presentar como patriarca y progenitor ejemplar (como Adán o Abrahán), pues no engendró hijos por su semen (de su misma carne), pero pudo presentarse como hermano universal, por la Palabra, capaz de abrirse en amor más extenso, especialmente hacia a los rechazados del sistema.

Otra forma de familia.

No ha sido garante del orden establecido, expulsando a los marginados, ni profeta exclusivo de los rechazados, para luchar contra los ricos, sino mensajero de un Reino que se abre desde los pobres a todos, instaurado su nueva familia, desde el margen de la sociedad, iniciando, desde los carentes de familia y tierra, un proyecto universal de comunicación o Reino (Mc 10, 30; cf. Mc 3, 31-35) (8).

Supo que el Reino ha de venir aún, pues la vida de los hombres y mujeres (y de un modo especial en Galilea) no responde a las promesas de Dios y al sentido de su creación; por eso quiso proclamarlo e instaurarlo, retomando, de un modo radical, la tarea de los grandes creadores de Israel (Moisés, Elías y David…), con los carentes de familia, los perdidos y enfermos (cf. Mc 6, 34; Mt 9, 36):

El radicalismo ético de la tradición sinóptica era un radicalismo itinerante que podía practicarse únicamente en condiciones extremas y marginales. Sólo alguien aquel que se había desligado de los lazos cotidianos con el mundo; aquel que había abandonado hogar y tierras, mujer e hijos; aquel que había dejado que los muertos enterraran a los muertos y que tomaba como ejemplo los lirios y los pájaros, podía practicar y trasmitir con credibilidad ese ethos (forma de vida y conducta). Ese ethos sólo podía practicarse dentro de un movimiento de marginados. No es de extrañar que en la tradición encontremos incesantemente marginados: enfermos y discapacitados, prostitutas y “tunantes”, recaudadores de impuestos e hijos perdidos. Por su estilo de vida, los carismáticos eran personas marginadas en su sociedad; pero, por sus convicciones, representaban valores centrales de dicha sociedad: el mensaje acerca del solo y único Dios, que se impondría pronto en contra de todos los demás poderes (9).

Así, acompañado de pobres, pecadores, prostitutas y “tunantes”, lejos de los valores de aquella sociedad, Jesús pudo ser signo y principio de esperanza mesiánica, es decir, de familia del Reino, sabiendo que en ella los primeros son los niños abandonados, con los pobres (sin familia real), a los que Jesús dirige su primera bienaventuranza (cf. Mc 9, 33-37; 10, 13-16; Lc 6, 20), los campesinos sin campo, prôjoi o mendigos, sin medios de vida... habitantes de aldeas dominadas por los nuevos ricos de las ciudades (Séforis, Tiberíades) que controlan la riqueza de las tierras. Más que pobres por naturaleza eran empobrecidos por injusticia social, víctimas del proceso económico que se está imponiendo en Galilea, en contra de la promesa de Dios (10).

Así ha marcado el comienzo de una revolución de familia, sin patriarcas varones con dominio sobre todos, ni gobernantes con poder sobre los súbditos, ni sacerdotes que dirigen la vida del resto de la comunidad, sino comunión de todos, lo que implica un cambio radical en la vida de las personas y las instituciones (11).

No ha creado una nueva “religión” en sentido actual, sino un movimiento de renovación, desde los estratos inferiores de la sociedad, entre los pobres y excluidos. No ha querido fortalecer el orden que había (con sacerdotes, jefes, padres de familia), sino que ha propuesto un estilo nuevo de vida, vinculado a su celibato al servicio de la familia del Reino. No ha querido restaurar lo dado, aunque en forma “mejor”, sino crear una comunidad o familia de amigos, desde los más pobres, aunque abierta a todos (12) .

NOTAS

1 Su situación de célibe responde al proyecto y tarea del Reino. Ciertamente, no puede demostrarse de un modo absoluto que lo fuera, y algunos investigadores han supuesto que podía haber sido viudo y sin hijos. Otros, más fantasiosos, han hablado de sus relaciones con Magdalena o de su apertura afectiva más extensa (un tipo de “amor” extendido hacia hombres y mujeres, de forma no genital). Otros, en fin, aseguran que, tras la venida del Reino (si hubiera llegado, sin que le hubieran matado) él se habría casado, iniciando un matrimonio distinto…Pero nada de eso sabemos, nada se puede apoyar en fuentes. Lo único cierto es que en el tiempo de su ministerio de Reino, desde su misión con Juan, pasando por su mensaje en Galilea, hasta su muerte, fue célibe, sin que tuviera que defender o comentar su opción (a no ser de un modo indirecto, en Mt 19, 12), a diferencia de Pablo (1, Cor 7, 7). En esa línea, algunos han supuesto que, si Pablo hubiera sabido que Jesús fue célibe, se hubiera apoyado en ello para defender el celibato, y al no hacerlo se puede suponer que pensaba que Jesús estuvo casado. Pero ese argumento no prueba, pues Pablo apenas apela a Jesús para defender sus posturas. De todas formas, esta reflexión sobre el celibato y familia de Jesús no puede absolutizarse, pues él podría haber sido Hijo de Dios y Redentor con mujer e hijos. Pero, si los hubiera tenido, ello se hubiera conocido, pues la tradición cristiana ha sido cuidadosa en mantener la memoria de sus familiares (cf. Mc 3, 20.31-35; d, 1-6). En la iglesia de Jerusalén, sus familiares han recibido el título honorífico de «hermanos del Señor», que les reconoce el mismo Pablo (cf. Gal 1, 19; 1 Cor 9, 5), y María, su madre, aparece como Gebîra o Madre del Señor (Lc 1, 43); en esa línea, su esposa e hijos, hubieran cumplido una función importante.

2 Cf. J. P. Meier, Un judío marginal I, Verbo Divino, Estella 1997, 341-354. Cf. también H. Hübner, Zöllibat in Qumrán: NTS 17 (1970/1971) 153-167; H. Stegemann, Los esenios, Qumrán, Juan Bautista y Jesús, Trotta, Madrid 1996. En otra línea, cf. H. Cáceres, Jesús, el varón. Aproximación bíblica a su masculinidad, Verbo Divino, Estella 2011; Cf. D. B. Martin, Sex and the Single Saviour: Gender and Sexuality in Biblical Interpretation, J. Knox, London 2006; M. Broshi, Matrimony and poverty. Jesus and the Essenes: Rev. Qumran 19 (2000) 629-634; J. D. Amador, Eunuchs and the gender Jesus: Matthew 19.12 and transgressive sexualities: JSNT 28 (2005) 13-40; X. Tilliette, Unverwundete Natur? Über die Keuschheit Jesu: IKZ Communio 34 (2005) 90-94.

3 Hay mucha bibliografía sobre el tema y es difícil valorarla. A modo de ejemplo, cf. H. Moxnes, Poner a Jesús en su lugar, Verbo Divino, Estella 2005 y H. Cáceres, Jesús, el varón, Verbo Divino, Estella 2011; Th. Matura, Radicalismo Evangélico, I. Vida Religiosa, Madrid 1980. Cuando algunos apócrifos, como Ev. Felipe 55, dicen que quería y besaba en la boca a Magdalena, han de entenderse en sentido figurado, pues son de tendencia gnóstica.

4 Cf. T. W. Jennings, The Man Jesus Loved: Homoerotic narratives from de New Testament, Pilgrim Press, Cleveland 2003; S. van Tilborg, Imaginative Love in John, Brill, Leiden 1993.

5 Fue varón y aparece relacionándoles con varones y mujeres (y niños), pudiendo aparecer como ejemplo de una sexualidad (varonilidad) que no está hecha de represiones o limitaciones (con un rol particular para varones), sino de apertura afectiva y de comunicación abierta en igualdad a varones y mujeres. Un tipo de moralidad posterior de la Iglesia ha silenciado esta novedad de su figura.

6 Sobre la experiencia de fondo de Jesús, cf. Th. Matura, El radicalismo evangélico, Claretianas, Madrid 1980; J. M. R. Tillard, El proyecto de vida de los religiosos, Claretianas, Madrid 1974; L. Legrand, La doctrina bíblica sobre la virginidad, Verbo Divino, Estella 1976. Ha estudiado el tema desde diversas perspectivas S. Guijarro, Fidelidades en conflicto. La ruptura con la familia por causa del discipulado y de la misión en la tradición sinóptica, Pontificia, Salamanca 1998; La familia en el movimiento de Jesús: Estudios Bíblicos 61 (2003) 65-83; Dios Padre en la actuación de Jesús: Estudios Trinitarios 34 (2000) 33-69; Reino y familia en conflicto: una aportación al estudio del Jesús histórico: Estudios Bíblicos 56 (1998) 507-541; La familia en la Galilea del siglo primero: Estudios Bíblicos 53 (1995):461-88; Kingdom and Family in Conflict. A Contribution to the Study of the Historical Jesus, en: J. J. Pilch (ed.), Social Scientific Models for Interpreting the Bible. Essays by the Context Group in Honour of Bruce J. Malina, Brill, Leiden 2001, 210-238.

7 Cf. Mc 14, 22 par. En Fiesta del pan, fiesta del vino, Verbo Divino, Estella 2006, he destacado la vinculación de Jesús con sus discípulos y amigos, desde su mensaje y opción de Reino.
8 Jesús ha sido portador de un proyecto político y social, desde los marginados y pobres. Cf. R. Aguirre, Del Movimiento de Jesús a la Iglesia cristiana, Verbo Divino, Estella 1998; Ensayo sobre los orígenes del cristianismo. De la religión política de Jesús a la religión doméstica de Pablo, Verbo Divino, Estella 2001; S. C. Barton, Discipleship and family ties in Mark and Matthew (SNTS Mon. Ser 80), Cambridge UP 1994; G. Lohfink, La Iglesia que Jesús quería, Desclée de Brouwer, Bilbao 1986.

9 G. Theissen, El Movimiento de Jesús, Sígueme, Salamanca 2005, 81. Cf. E. Miquel, Amigos de esclavos, prostitutas y pecadores, Verbo Divino, Estella 2007

10 La familia de Jesús está formada no sólo por los pobres (que pueden curar a los ricos), sino también por los ricos que les acogen, formando entre todos comunión de Reino.

11 El centro de Jesús no ha sido el celibato ni el matrimonio, sino el Reino, una comunión universal humana. Así ha iniciado una revolución que no ha culminado todavía, porque, en general, el cristianismo posterior ha retomado (y en parte reforzado) las estructuras patriarcales del entono.

12 No ha sido sacerdote, sino laico: No ha querido transformar la religión desde arriba, con especialistas sagrados, sino desde la base de la vida humana, al servicio de una humanidad distinta. No ha sido padre de familia, con poder para mandar sobre el conjunto de su casa, sino hermano y amigo de todos. No ha sido marido, para instaurar muevas formas de relación jerárquica esponsal, sino un hombre (ser humano) para los demás, en un grupo inclusivo y abierto, de varones y mujeres, ancianos y niños.

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En un papado para el pueblo, una 'Teología popular'

En un papado para el pueblo, una 'Teología popular'

En un papado para el pueblo, una 'Teología popular'

27.03.13 | 07:34. Archivado en Teología
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1. La raíz de la crisis de la Iglesia No parece que sea ninguna exageración afirmar que, en las últimas décadas, jamás se había hablado tanto de crisis de la religión y, más en concreto, de crisis en la Iglesia. Pero, en un asunto tan delicado y tan grave como éste, no basta con lamentarse de escándalos y del daño que hacen quienes los cometen. Por supuesto, es importante saber lo que pasa, si es que queremos de verdad ponerle remedio y atajar el mal. Pero, si nos limitamos a eso, el mal no se ataja. Lo que importa de verdad es ir derechamente a la raíz de la crisis. ¿Dónde está el fondo del problema?

La raíz de los males que aquejan a la Iglesia no está en el Vaticano. Ni está en la Curia y en los escándalos que, según dicen, allí han ocurrido. La raíz de la crisis, que sufre la Iglesia, está en la teología que legitima un sistema de organización y de gobierno que, por múltiples motivos, ha tolerado y, de facto, ha permitido que la gestión de las cosas se hayan sucedido de forma que hemos llegado a donde nos encontramos. Por supuesto, sería injusto y falso afirmar que sólo la teología, que se suele enseñar (la que se permite enseñar) en los seminarios y centros de formación religiosa, es la responsable de la crisis que sufre la Iglesia. Una crisis, como la que padecemos, está motivada por múltiples y variadas causas, que aquí no es posible enumerar y, menos aún, analizar. Pero no olvidemos que estoy hablando de la raíz solamente. Y esa raíz, insisto y, a mi manera de ver, está en la teología que vienen aprendiendo quienes se preparan para el sacerdocio en seminarios, centros de estudios superiores o de formación catequética y similares.

Un ejemplo dará alguna luz sobre lo que estoy intentando explicar. Me refiero al fracaso de la asignatura de religión. En España, al menos, la Conferencia Episcopal ha conseguido que en la asignatura de religión se matriculen una notable mayoría de los niños, adolescentes y jóvenes que cursan los estudios previos al acceso a la enseñanza universitaria. Pues bien, lo que llama la atención y no resulta fácil explicar es que la gran mayoría de los chicos y chicas, que asisten durante años a las clases de religión, en cuanto pasan de la adolescencia, se muestran indiferentes ante el hecho religioso, a veces contrarios a él y, en no poco casos, abiertamente ateos y distantes de la Iglesia. A veces, los hombres de Iglesia despachan este problema asegurando que los jóvenes se han viciado, que la secularización y el laicismo los ha pervertido, que los profesores no están a la altura de las circunstancias, que las familias no ayudan, etc, etc. Pues bien, seguramente jamás la Iglesia había tenido tantas facilidades para enseñar la religión, en los planes de enseñanza, como viene teniendo desde hace bastantes años. Los obispos ponen y quitan a los profesores. Los obispos deciden los libros de texto que se admiten y los que no se toleran. Por no hablar de la importante subvención económica y los privilegios fiscales que recibe la Iglesia de los poderes del Estado. Esto supuesto, no hay más remedio que preguntarse, ¿qué falla aquí? ¿No será que los contenidos que se dan en la asignatura de religión no son integrados por los alumnos?

Los estudios más concienzudos, que se han hecho sobre este asunto, han dado como resultado que las chicas y chicos, que asisten a las clases de religión, asimilan (en una notable mayoría) los contenidos que en ella reciben hasta los doce años, con las lógicas e inevitables variables de quienes se adelantan a este fenómeno o quienes lo viven con cierto retraso de tiempo. Pero el fenómeno es constante: en torno a los 12-13 años, una notable mayoría de alumnos corta con lo que oyen en la clase de religión. Lo que en religión se les dice, deja de interesarles. No es que estén en contra de lo que les dice el profesor, excepto en las consabidas excepciones que confirman la regla. No se trata de que estén a favor o en contra. El problema está en que lo de la religión no les interesa, ni les dice prácticamente nada.

Como es lógico, a cualquiera se le ocurre pensar que, si la religión de la escuela no interesa, eso tendrá algo que ver con la teología que está detrás de la religión de la escuela. Porque, a fin de cuentas, el catecismo, el libro de texto, los temas de catequesis, etc, todo eso se estructura y se formula a partir de la teología que se enseña a seminaristas, religiosos y sacerdotes en los centros donde se elabora y se enseña la teología que acepta la Iglesia, que controla la Congregación para la Doctrina de la Fe y que, en cada país, permite la respectiva Conferencia Episcopal. Por eso, entre otras cosas, hay que afrontar una pregunta elemental: ¿qué pasa con la teología en la Iglesia? ¿no estará en los contenidos de esa teología la razón que explica la profunda crisis que sufre nuestra Iglesia?

2. La “Teología Popular”, otra forma de hacer teología

Hay dos formas de hacer teología: 1) La teología “especulativa”. 2) La teología “narrativa”. Esta dos formas de hacer teología están ya presentes en el Nuevo Testamento. El ejemplo más claro de una teología marcadamente especulativa es la teología de San Pablo. Como el ejemplo más destacado de una teología narrativa se encuentra en los evangelios. No se trata de que cada una de estas dos formas de hacer teología sea excluyente de la otra. El problema no está en eso.

Como es lógico, la diferencia más evidente está en que, mientras que la teología especulativa se elabora a base de ideas, doctrinas, verdades, dogmas..., la teología narrativa consiste en relatos que presentan hechos, al menos presuntamente históricos, por más que necesiten la debida hermenéutica, según el “género literario” en el que está redactado cada relato. No se puede leer lo mismo la narración de un milagro que la de una parábola, por poner un ejemplo sencillo.

Pero entre la teología especulativa y la teología narrativa que tenemos en la Iglesia, existen diferencias que son mucho más de fondo. Ante todo, la teología narrativa, al estar constituida por una serie de relatos, tiene obviamente una “estructura histórica”. Mientras que la teología especulativa, al estar elaborada sobre enseñanzas, doctrinas y especulaciones, tiene una “estructura filosófica”. Como advirtió acertadamente Bernhard Welte, en el caso de la teología narrativa (histórica), nos preguntamos “lo que sucede” (o ha sucedido) (was geschah), en tanto que, en el caso de la teología especulativa (filosófica), en lo que nos fijamos es en “lo que es” (was ist). Los verbos “ser” y “suceder” (acontecer) determinan y configuran ambas teologías. Hay personas que preguntan: ¿Jesús es Dios? (teología especulativa). Como hay quienes (menos) que se preguntan: ¿qué sucede donde Dios se hace presente? (teología narrativa). Y es que, como entiende cualquiera, la teología especulativa centra su atención en el “ser”, mientras que la teología narrativa se interesa sobre todo por el “acontecer”. A la teología especulativa le preocupa, más que nada, el “dogma”. A la teología narrativa le interesa sobre todo la “ética” (la conducta, la moral, la forma de vivir).

Ahora bien, con esto llegamos al fondo del problema. La teología narrativa (la de los evangelios), al estar situada en el ámbito de la historia, no tiene más remedio que empezar interesándose por “lo humano”, lo que sucede en la historia, en el espacio y el tiempo. Es, por tanto, una teología que se hace “desde abajo”. Por el contrario, la teología especulativa (la de Pablo), al empezar situándose fuera de la historia, por eso mismo toma como punto de partida “lo divino”, lo que no podemos pensar sino como “lo trascendente”, más allá del espacio y el tiempo, “desde arriba”. Y esto es justamente lo que hizo Pablo, ya que él no conoció al Jesús terreno, sino que empezó su itinerario de creyente y su apostolado desde el Resucitado, el Señor de la Gloria (Rom 1, 4). De ahí que Pablo explica los hechos históricos más fuertes (por ejemplo, la muerte de Jesús), no desde lo que aconteció en Galilea o en Jerusalén, sino desde el estremecedor decreto divino según el cual Dios hizo a Jesús “pecado” (2 Cor 5, 21) y “maldición” (Gal 3, 13) por nuestros pecados y por nuestra salvación. Ya que, según la carta a los hebreos, “sin derramamiento de sangre, no hay perdón” (Heb 9, 22).

El fondo del problema, por tanto, con el que tropezamos en la teología especulativa, está en que, de pronto y para empezar, nos vemos metidos de lleno en un ámbito de realidad que nos trasciende y que, por eso mismo, es para nosotros un conjunto de realidades, de ideas, de problema y posibles soluciones que no entendemos, ni podemos alcanzar a explicar. Sencillamente porque nos trascienden. De ahí que la teología, la religión y la catequesis constituyen un conjunto de saberes que, a la mayoría de la gente, ni le dicen casi nada, ni le interesan, ni le resuelven los problemas que de verdad preocupan a tantos y tantos ciudadanos, sobre todo entre las generaciones jóvenes. Quizá son muchos los que oyen hablar de Dios, de la Religión y de la Iglesia como “elementos extraños a la vida”, que alguien (o algo) pretende introducir en sus vidas aportando nuevas complicaciones, más bien que soluciones, a una vida que ya se ha puesto demasiado complicada.

3. La “Teología Popular”

La propuesta que hace la “Teología Popular” no se limita al intento, casi desesperado, de explicar la teología de siempre, la teología dominante en la Iglesia, tal como quedó estructurada desde los siglos XI y XII. Pretendiendo explicar aquella forma de pensamiento, de hace casi 800 años, en un lenguaje sencillo, popular y al alcance de todo el mundo. Es evidente que todo lo que se haga en ese sentido merece nuestro reconocimiento y nuestro elogio. Pero, tan evidente como eso, es que, si la Teología Popular se limita a simplificar el lenguaje, manteniendo básicamente la misma estructura y los mismos contenidos, con eso no llegaremos muy lejos. Ni de esa forma arreglaremos la mayor parte de los problemas que mucha gente tiene con la Religión y con la Teología. Entonces, ¿qué hacer?

La propuesta de la Teología Popular consiste en optar decididamente por la “teología narrativa”. El evangelio de Juan dice: “A Dios nadie lo ha visto jamás; el Hijo único, que está en el seno del Padre, es quien lo ha dado a conocer” (Jn 1, 18). Esto quiere decir que el Dios trascendente, al que jamás hemos visto ni podemos ver, al que no conocemos ni podemos conocer, se nos ha manifestado en Jesús. En el hombre Jesús, que es el Dios “hecho carne” (Jn 1, 14), es decir, hecho humanidad y, por tanto, al alcance de nuestra limitada condición humana. Por eso Jesús pudo decirle al apóstol Felipe: “el que me ve a mí, está viendo al Padre” (Jn 14, 9). O sea, a Dios lo vemos, lo escuchamos, lo palpamos, en Jesús, en sus forma de vida, en sus costumbres, en lo que le interesaba o agradaba y en lo que no le interesaba y le desagradaba. Es decir, en el gran relato de los evangelios es donde conocemos a Dios, lo que nos dice Dios y lo que quiere Dios.

Pero aquí es importante hacer todavía algunas aclaraciones. Ante todo, conviene tener en cuenta que la Teología Popular no se limita (o no debe limitarse) a explicar cada texto, cada relato, como siempre se ha hecho en las clases de exégesis bíblica. Por supuesto, es importante conocer bien y poder precisar lo que dicen (y lo que no dicen) los textos de los evangelios. Pero con eso no basta. Lo decisivo es aprender cómo Dios se nos “representa” en las narraciones que nos relatan cómo vivió Jesús y cómo quiso Jesús que vivamos los seres humanos. Y lo que se dice de Dios, hay que decirlo igualmente de la fe, de la salvación, de la esperanza... De todo cuanto Dios, en Jesús, nos quiso decir y en él descubrimos.

Esto supuesto, el asunto capital, para la Teología Popular, está en esto: lo que nos presenta la teología narrativa, que encontramos en los evangelios, es el gran relato de un conflicto: el conflicto de Jesús con la Religión establecida en su tiempo y en la cultura de su pueblo. Jesús se enfrentó a los Sumos Sacerdotes, a los Maestros de la Ley, a los Senadores del pueblo, al Templo, a las normas y tradiciones.... Jesús fue un hombre profundamente religioso, como lo demuestra su frecuente e intensa relación con el Padre del Cielo, su intimidad única con el Padre (Mt 11, 27; Lc 10, 22), su insistente oración en la soledad de campos y montañas, la presentación repetida y constante del Padre como ejemplo y modelo de vida (Mt 5, 43-46; Lc 15, 11-32). Pero sabemos, por los relatos evangélicos, que la intensa religiosidad de Jesús fue una “religiosidad alternativa”. Es decir, lo determinante de la religiosidad de Jesús no fue la fiel observancia de los ritos. Para Jesús, más importante que la sumisión a los ritos fue siempre la felicidad de los seres humanos, la dignidad de las personas, la bondad y la cercanía en su relación con todos los que se ven maltratados por la vida o por la sociedad.

Dicho esto, es decisivo caer en la cuenta de la distancia que Jesús mantuvo siempre en su relación con la exacta observancia de los ritos. No olvidemos que “los ritos condensan todo el sistema de signos de una religión” (G. Theissen). De ahí que, en este asunto, hay que afrontar el problema del comportamiento que, con tanta frecuencia, caracteriza a las personas religiosas. ¿En qué consiste este problema? El ámbito primario del comportamiento del “homo religiosus” es el “rito”, no es el “ethos”. Es decir, las personas muy religiosas suelen centrar más su atención y su interés en la exacta observancia de los ritos que en las exigencias que se derivan del Evangelio y que se deben traducir en bondad, respeto, tolerancia y ternura con todos. ¿Por qué esta prioridad del rito sobre el ethos en el homo religiosus? Porque los ritos son acciones que, debido al rigor en la observancia de las normas, constituyen un fin en sí (G. Theissen). Ahora bien, desde el momento en que ocurre eso, el interés del sujeto se centra en la observancia, en las normas básicas que son vinculantes para todos y que constituyen el kosmos, el “orden”, que ofrece seguridad y libera del miedo al kaos, el “desorden”, que se traduce en violencia. Ésta es la razón por la que la Religión es “orden”, en tanto que el Evangelio es “desorden”. Jesús, de hecho, fue condenado y ejecutado como un subversivo y un agitador (Jn 18, 30; 19, 12; Lc 23, 2. 5). He aquí la razón que explica por qué la gente muy religiosa - y no digamos los “profesionales” de la Religión - con frecuencia producimos y reproducimos pautas de conducta de una violencia reprimida que no imaginamos. Una violencia de la que casi nunca somos conscientes. Pero una violencia que llevamos dentro y de la que no tenemos ni idea e incluso ni la sospechamos. El Evangelio es una clave capital de lectura para la toma de conciencia de este fenómeno tan singular como desconcertante.

4. La Teología Popular en tiempos de un papado para el pueblo

La elección del ex-jesuita argentino Jorge Bergoglio (el papa Francisco), para ser sucesor de Benedicto XVI en el papado, ha sido una noticia inesperada, que está dando mucho que hablar y que pensar. Lo que más llama la atención, en el nuevo papa, es su desconcertante sencillez, su bondad, su cercanía a todos y, sobre todo, su insistente preocupación declarada por recuperar una Iglesia pobre, al servicio del pueblo, especialmente de los pueblos más necesitados de la tierra.

Pues bien, en tiempos de un papado para el pueblo, lo más lógico es que tengamos una Iglesia para el pueblo. Y si, efectivamente, esto es así, parece razonable pensar que la teología que mejor podrá justificar y sustentar a una Iglesia así, será una Teología Popular. La teología que nos evoca constantemente el recuerdo de Jesús. El recuerdo que nos impulsa al kaos del Evangelio, la fuerza profética que nos linera del kosmos de la violencia que es, de hecho, una incesante y criminal agresión contra los más débiles de este mundo.

Es verdad y es evidente que, al plantear así la teología y su razón de ser en la Iglesia, nos acosa el miedo a desviarnos de (o perder) la “ortodoxia dogmática”. Por eso parece conveniente terminar esta presentación de la Teología Popular recordando un texto de J. B. Metz: “La fe dogmática o fe confesional es el compromiso con determinadas doctrinas que pueden y deben entenderse como fórmulas rememorativas de una reprimida, indomeñada, subversiva y peligrosa memoria de la humanidad. El criterio de su genuino carácter cristiano es la peligrosidad crítica y liberadora, y al mismo tiempo redentora, con la que actualizan el mensaje recordado, de suerte que “los hombres se asusten de él y, no obstante, sean avasallados por su fuerza” (D. Bonhoeffer). Las profesiones de fe y los dogmas son fórmulas “muertas”, “vacías”, es decir, inadecuadas para la mencionada tarea de salvar la identidad y tradición cristianas en el recuerdo colectivo, cuando los contenidos que traen a la memoria no ponen de manifiesto su peligrosidad -¡ para la sociedad y para la Iglesia! -; cuando esta peligrosidad se difumina bajo el mecanismo de la mediación institucional, y cuando, en consecuencia, las fórmulas sólo sirven para el automantenimiento de la religión que las transmite y para la autorreproducción de una institución eclesial autoritaria que como transmisora pública de la memoria cristiana ya no afronta la peligrosa exigencia de dicha memoria”.

En tiempos de un papado en el que papa da signos evidentes de estar dispuesto a afrontar esta “peligrosa exigencia”, la Teología Popular produce la impresión reconfortante de recuperar su actualidad.

José M. Castillo

Teología Popular (1) La buena noticia de Jesús (Puesta al día)
Edit. Desclée de Brouwer, 2012, 113 pgs.

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Ángel Aguado: "Tu libro es frescura, aliento, espiritualidad y compromiso real"

Ángel Aguado: "Tu libro es frescura, aliento, espiritualidad y compromiso real"

Nicolás Castellanos publica libro con RD-Herder

"Aquí, lo que era una primavera va pareciéndose cada vez más a un erial"

Ángel Aguado: "Tu libro es frescura, aliento, espiritualidad y compromiso real"

"Gracias por tu valentía de anunciar que es posible otro mundo y otra Iglesia"

Ángel Aguado, 29 de diciembre de 2012 a las 12:03

(Ángel Aguado, párroco de Villamuriel de Cerrato).- Querido Nicolás: He recibido tulibro y me lo estoy leyendo y reflexionando. Y quiero agradecerte todo lo que ahí nos compartes...porque es frescura, es aliento, es espiritualidad y es compromiso real con la situación histórica nueva en la que vivimos y, sobre todo, con los pobres y excluidos que aumentan en todo el planeta.

Menos mal que desde la periferia de la historia nos traéis algo de aire para respirar y asentarnos en la verdadera fuerza que puede tener Jesús y la Iglesia cuando realmente se centran en lo que hay que estar.

Por aquí tengo la sensación de que mucha gente ( y me refiero a curas de los nuestros y laicos) han tirado la toalla cansados de echar esfuerzos en tontadas que nunca deberían de ser primarias en la misión. La gente opta por retirarse y, a lo más, hacer de vez en cuando una reunión para quedarnos en paz con la conciencia. Pero lo que era una primavera...va pareciéndose cada vez más a un erial...

Así que gracias por el libro y, sobre todo, por la valentía de anunciar que es posible otro mundo y otra iglesia...volviendo a lo esencial y pisando firme en la tierra que nos toca vivir.

Yo estoy contento y el trabajo que hago quiere estar en esa línea. Ahora sensibilizando ente la situación que tenemos yconvirtiendo la navidad en una llamada a ser más austeros y solidarios, huyendo de posturas egoncéntricas.

Tenemos cada vez más problemas entre los españoles: paro, desahucios, inmigrantes... y ahí procuramos estar. Es el terreno mejor para poder reconocer a ese Dios del que tanto hablamos estos días.

Así que gracias Nicolás. Haces un favor a mucha gente con ese libro, porque aquí nuestros obispos los mensajes que lanzan, salvo rarísimas excepciones, no aportan esperanza...ni mucho menos...llevan en verdad al encuentro con Dios.

Hay más normas que esperanza, y más doctrina y teología que experiencia y espiritualidad comprometida.

Aprovecho para FELICITARTE LA NAVIDAD. Nosotros nos encontraremos en San Cebrián los hermanos, ya sin Jesús ni la Calixta. Será duro pero esperanzador...porque así nos enseñaron ellos.

Un abrazo. Ángel

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Esta Iglesia no tiene futuro

Esta Iglesia no tiene futuro

Esta Iglesia no tiene futuro

José Mª Castillo

22.09.12 | 08:40. Archivado en Iglesia católica

Los recientes escritos de H. Küng y L. Boff, sobre este asunto, y que estos días circulan por la red, nos obligan a pensar. La Iglesia se debilita por días, pierde credibilidad y a la gran mayoría de la gente ya no le interesa. ¿Será cierto que esta Iglesia no tiene futuro?

Cuando aquí hablo de la Iglesia, no me refiero a la enorme cantidad de personas que, cada cual como puede, se interesan por Jesús de Nazaret y lo que enseña (o no enseña) el Evangelio. No hablo de la fe de la gente, un asunto muy personal que cada uno se lo gestiona como Dios se lo da a entender.

Al decir que esta Iglesia no tiene futuro, lo que quiero indicar (como hace Küng) es que el papado y la curia vaticana, tal como se han organizado y tal como funcionan, no sólo no van a ninguna parte, sino que además - y sobre todo - le están haciendo mucho daño a la misma Iglesia y, más que nada, a tanta gente de buena voluntad que hasta pierde el interés por lo religioso cuando ve el triste espectáculo que está dando el llamado “sistema romano”.

¿Por qué digo estas cosas? La Iglesia, que ha concentrado todo su poder y su autoridad en el papa y en la curia vaticana, y que funciona de tal forma que ella - y sólo ella - piensa tener la verdad plena y el poder incuestionable para imponer esa verdad, para decidir lo que está bien y lo que está mal, y para imponer a la gente lo que debe o no debe hacer, una Iglesia así, ni tiene argumentos para demostrar que todo eso tiene que ser así, ni goza de la credibilidad indispensable para convencer de que es así como se tienen que hacer las cosas.

Precisamente por eso, porque el “sistema romano” carece de argumentos y de credibilidad para persuadirnos de que posee los poderes que afirma tener, por eso el papado y la curia piensan en conciencia que es mejor ocultar cosas que, si se supieran, alejarían más a la gente. Y se multiplicarían los escándalos, las contradicciones, las medias verdades, y tantos asuntos oscuros que el Estado de la Ciudad del Vaticano intenta tapar sin conseguirlo en muchos casos.

De ahí, las incesantes contradicciones del ya mencionado “sistema romano”. En teoría, defiende y elogia los derechos humanos, pero, hasta ahora, ni cumple esos derechos en su legislación y forma de gobierno, ni siquiera ha suscrito los pactos internacionales sobre ese asunto capital.

En teoría, elogia y predica el Evangelio, pero, en la práctica, a cualquier persona que entre en el Vaticano le resulta muy difícil ver que aquello se parece a la sencillez del Evangelio y a la cercanía de Jesús con los más desgraciados de este mundo.

En teoría, el papa y la curia se lamentan y denuncian la corrupción económica, los escándalos sexuales, la mentira como sistema de gobierno... Pero el hecho es que, la banca vaticana ha dado graves motivos de escándalo y, lo que es peor, es bien sabido que la política vaticana es una pieza importante (por lo que dice y por lo que calla) en la legitimación de gobiernos y gobernantes que están siendo causantes de la crisis económica y hundiendo en la miseria a tantas criaturas inocentes.

¿Se puede, en estas condiciones, enseñar el Evangelio de Jesús? Y si el llamado “sistema romano” no sirve para eso, ¿cómo va a ser posible mantenerlo en pie por mucho tiempo? No estamos hablando sólo de una cuestión de buena o mala moralidad. El problema es mucho más serio. Lo que está en juego es el “ser o no ser” de la Iglesia que se deja gestionar por el “sistema romano”.

Porque, en toda la Biblia y en la tradición cristiana, el “ser” está determinado por - y depende de - el “acontecer”. No estamos ante una cuestión de metafísica, sino ante un problema del acontecer histórico. Y cuando lo que acontece, se aleja tanto de su origen y de su razón de ser, lo más razonable es pensar que una Iglesia así, es decir, “esta Iglesia no tiene futuro”.

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Religiones y derechos humanos: dificultades y problemas. Juan José Tamayo

Religiones y derechos humanos: dificultades y problemas. Juan José Tamayo

Religiones y derechos humanos: dificultades y problemas

Juan José Tamayo, Director de la Cátedra de Teología y Ciencia de las Religiones. Universidad Carlos III de Madrid
jul062012
 

Enviado a la página web de Redes Cristianas

Intervención leída en el Ateneo de Madrid 02-07-2012
La actitud que adoptan las religiones hacia los derechos humanos es hoy uno de los criterios de relevancia o irrelevancia social, de validación o invalidación ética, y de reconocimiento o rechazo a nivel cívico. Y ello en los siguientes niveles: la antropología pesimista subyacente, la negativa a su fundamentación autónoma, la jerarquización de los seres humanos en función de sus creencias, el difícil y selectivo reconocimiento en la sociedad, los conflictos institucionales y la ausencia de su práctica en el interior de las religiones. Es en estos escenarios donde las religiones plantean problemas a los derechos humanos y ponen todo tipo de dificultades. Vamos a analizarlos muy en síntesis.

Antropología pesimista

Las religiones en general tienden a considerar a los seres humanos, creyentes o no, como seres dependientes de su hacedor o creador y sometidos al plan que la divina Providencia tiene sobre la humanidad. Carecen de autonomía en su modo de pensar y de actuar Toda persona, antes que ser humano con derechos y deberes, es pecadora a los ojos de Dios y necesita redención. Pero antes debe arrepentirse y convertirse. La concepción antropológica de las religiones suele ser pesimista y negativa. Agustín de Hipona extrema dicho pesimismo hasta considerar a la humanidad como massa damnata. Lo que implica, en buena lógica, un fracaso en el plan del Dios creador y salvador.

Conforme a esta concepción, el ser humano difícilmente puede ser portador de dignidad y sujeto de derechos. Más bien lo es de deberes y obligaciones, expresados en los distintos códigos jurídicos y morales religiosos en forma de prohibiciones y de amenazas de castigo, no sólo temporales, sino también eternos.

Para que las religiones reconozcan a los seres humanos como sujetos de derechos tienen que cambiar de concepción antropológica y, como resultado, de paradigma. De lo contrario, seguirán estando en las antípodas del paradigma de los derechos humanos y oponiéndose de manera pertinaz a su formulación y a su ejercicio.

Fundamentación: El derecho divino, superior

El derecho divino se arroga una serie de características que lo diferencian del derecho humano y le sitúan por encima de éste#. La primera es su superioridad, ya que ha sido revelado por Dios y sus fuentes preceden en jerarquía a las disposiciones establecidas por el ser humano. Se cree que el derecho divino constituye la base y el límite del derecho humano; sus contenidos son desarrollados por el legislador o intérprete humano. La segunda es la inmutabilidad en razón de su origen divino; una inmutabilidad que no puede ser absoluta, ya que los regímenes divinos se sitúan en la historia y se adaptan a los cambios de la comunidad religiosa que ha de cumplirlos#.

La tercera es la plenitud, ya que posee todos los elementos necesarios para la consecución de sus fines. Lo que compete a la autoridad humana no es otra cosa que explicitar lo contenido en el derecho divino y sacar a la luz sus riquezas. La cuarta es la universalidad, que inicialmente se corresponde con el alcance universal de la revelación divina, si bien en la práctica se limita a las personas de una determinada religión y en ese sentido es una universalidad potencial. Una quinta característica, en el caso del judaísmo, del cristianismo y del islam, es que se trata de un derecho revelado, ya que el ser humano llega a conocerlo no por sí mismo sino por medio de una revelación. La iniciativa, por tanto, pertenece a Dios.

Jerarquización de los seres humanos en función de las creencias

Las religiones tienden a establecer diferencias entre los seres humanos en función de las creencias; diferencias que, a la postre, desembocan en desigualdad y generan discriminación y exclusión. En primer lugar, establecen distinciones entre creyentes de la propia religión y creyentes de las otras religiones. Los primeros son considerados elegidos por Dios y gozan de todos los privilegios que la divinidad tiene reservados a sus fieles tanto en esta vida como en la postrera. Los miembros de otras religiones son tenidos por inferiores y son objeto de castigos tanto esta vida como en la futura. Y eso se intenta justificar en una revelación divina dirigida a un pueblo, a una comunidad, a un grupo humano. Al final la fundamentación se basa en un acto arbitrario del Dios en quien se cree.

Las diferencias se tornan más acusadas todavía entre creyentes y no creyentes, hasta afirmar que éstos se encuentran en el error y no pueden ser sujetos de derechos, conforme a la lógica agustiniana: “el error no tiene derechos”, que todavía recordara el papa Gregorio XVI en la encíclica Mirari Vos (1832).

Otra tendencia de las religiones es a establecer rígidas jerarquías en su seno entre las autoridades que representan a Dios y reciben de él el poder, y los fieles creyentes, que deben acatar sumisamente y poner en práctica de manera escrupulosa las directrices emanadas de lo alto y transmitidas a través de los mediadores. Los primeros gozan de todos los derechos; para los segundos todos son deberes. Y eso se considera de institución divina.

Un buen ejemplo de esta tendencia se encuentra en la Iglesia católica, que establece una nítida diferencia entre jerarquía y pueblo cristiano, clérigos y laicos, Iglesia docente e Iglesia discente o, por decirlo con el símil tan repetido como poco afortunado en los documentos eclesiásticos, entre pastores y rebaño. Hasta el concilio Vaticano II (1962-1965), los papas han definido a la Iglesia católica como sociedad desigual. La desigualdad no se considera una desviación a corregir, sino que pertenece a la misma estructura eclesial. Más aún, es voluntad de Dios que así sea y se corresponde con el acto de institución de la Iglesia por parte de su fundador, Jesucristo.

Objeciones a la teoría de los derechos humanos

Las religiones han planteado serias objeciones –algunas siguen planteándolas hoy – para asumir la teoría de los derechos humanos, e incluso se oponen a ella frontalmente por considerar que su formulación y su fundamentación se mueven en el plano antropológico-jurídico y carecen de base trascendente. Es más, se resisten a ponerlas en práctica en la sociedad y se sienten más cómodas en contextos dictatoriales. Llegan incluso a negar valor a una ética que no tenga fundamentación trascendente.

Las religiones suelen resistirse a practicar los derechos humanos en su seno alegando que ellas deben obedecer los preceptos emanados de sus respectivos textos sagrados, que expresan la voluntad de Dios, y no tienen por qué someterse a declaración humana alguna de derechos, por muy universal y consensuada que sea. Dicha actitud constituye una dificultad añadida para la globalización de los derechos humanos a las dificultades que de por sí ya se plantean en un mundo donde impera el interés crematístico sobre el respeto a los derechos humanos, el mercado sobre la democracia y la economía sobre la política.

En el plano doctrinal, el problema radica, a veces, en la no coincidencia entre la “voluntad de Dios” expresada en los textos sagrados y la legislación civil aprobada democráticamente por los representantes del pueblo, entre las leyes reveladas y el derecho positivo.

Conflicto en el plano institucional

En el plano institucional se producen permanentes conflictos entre el poder legislativo y las autoridades religiosas porque éstas tienen por inmodificables determinados principios morales que, a su juicio, pertenecen a la ley natural, de la que las jerarquías religiosas se consideran intérpretes legítimas y únicas. Es el caso, por ejemplo, de leyes sobre el divorcio, la interrupción voluntaria del embarazo, el matrimonio homosexual, la investigación con células embrionarias, la eutanasia. Son leyes a las que se opone la jerarquía católica, quien no reconoce legitimidad a los representantes del pueblo para legislar sobre esas materias. Durante los últimos años hemos podido ver en España numerosos ejemplos al respecto en declaraciones de jerarcas católicos, a cuál más radicales y descalificatorias contra el gobierno socialista y los legisladores, a quienes se les ha acusado de laicismo agresivo, fundamentalismo laicista (cardenal Herranz, cuando era presidente de la Interpretación de los Textos Legislativos), golpe de Estado (monseñor Burillo, obispo de Ávila), fobia religiosa del partido socialista en el poder, suplantación cultural del humanismo cristiano, vertebrador de Europa, por un humanismo cívico y materialista que oculta su totalitarismo de origen (monseñor Del Rio, cuando era obispo de Jerez).

Califican los matrimonios homosexuales de virus y moneda falseada (Juan Antonio Martínez Camino, secretario general de la Conferencia Episcopal Española), y la reforma de la ley del divorcio como reducción del matrimonio a un nivel inferior a un contrato de compraventa (monseñor Sebastián, entonces arzobispo de Pamplona). Pero las descalificaciones no se han quedado en el plano verbal, sino que han desembocado en llamadas a los parlamentarios católicos a no aprobar las leyes y, una vez aprobadas, a los jueces, alcaldes y concejales a desobedecerlas, y a los ciudadanos a movilizarse contra ellas.

Transgresión de los derechos humanos en el interior de las religiones

La mayor dificultad de las religiones para con los derechos humanos en general está en su propia organización, que no es democrática, sino jerarquico-piramidal, hasta el punto de transgredir constantemente los derechos humanos en su seno alegando, en el caso de la Iglesia católica: a) que es de institución divina, b) que se mueve en el terreno espiritual, y no político, y c) que su funcionamiento no es equiparable al de otras instituciones civiles.

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El dogma económico neoliberal y las políticas y estafas que promueve. Vicenc Navarro

El dogma económico neoliberal y las políticas y estafas que promueve. Vicenc Navarro

Este artículo analiza las características de dogma (cuasi religioso) que ha adquirido el pensamiento neoliberal en los establishments que dirigen las instituciones de la Eurozona incluyendo de sus gobiernos, dogma que se reproduce a pesar de la abundante evidencia científica que cuestiona cada una de sus creencias.

Durante la Edad Media hubo un dogma religioso que creía que la tierra era el centro del universo, dogma que se repitió y reprodujo a base de reprimir la evidencia científica que lo cuestionaba, mostrando la invalidez e insostenibilidad de los pilares conceptuales que lo sustentaban. Toda una batería de clérigos y sacerdotes –los intelectuales de aquel tiempo- promovían tal dogma, detrás del cual estaba la Iglesia Católica, que consideraba que la Iglesia era el centro ideológico y político de la Tierra, la cual era, a su vez, el centro del Universo. El tiempo fue mostrando que los críticos llevaban razón, aunque la Iglesia, todavía hoy, no ha pedido perdón a Galileo, el mayor pensador crítico de aquel dogma, que fue brutalmente reprimido por atreverse a cuestionarlo.

Pues, por raro que parezca, estamos viendo una situación semejante con la crisis actual, con la diferencia que ahora el dogma es económico en lugar de religioso, los sacerdotes y propagandistas del dogma son ahora los economistas del establishment, apoyados, promovidos y/o financiados por la Iglesia actual, la banca y el sistema financiero que controlan la vida política mediática, financiera y económica del país. El dogma es el dogma neoliberal. Economistas como la mayoría de firmantes de documentos patrocinados por Fedea (financiada por la banca y la gran patronal) así como economistas “estrella” promovidos en los medios de mayor difusión del país (uno de ellos tiene una hora semanal en la televisión pública catalana, TV3 -claramente instrumentalizada por la coalición conservadora-neoliberal que gobierna Catalunya-, llamada “lecciones de economía” que consiste en promocionar tal dogma neoliberal) dominan las tertulias y los medios televisivos, radiofónicos y escritos, que les ofrece el fórum para la presentación del dogma. Este dogma consiste en creer que los problemas de la economía española derivan de tener un gasto público excesivo (pues supuestamente nos gastamos más de lo que tenemos) y unos salarios demasiado altos (consecuencia de tener unos sindicatos excesivamente fuertes). De este dogma surgen unas políticas públicas que consisten en recortar el gasto público, incluyendo el gasto público social, y en hacer reformas laborales que tienen como objetivo reducir los salarios y despedir más fácilmente a los trabajadores, debilitando a los sindicatos.

La evidencia de que este dogma es erróneo es abrumadora. El gasto público, incluyendo el gasto público social, por habitante es el más bajo de la Eurozona; el porcentaje de la población adulta que trabaja en los servicios públicos del Estado del Bienestar (es decir, el empleo público) es el más bajo de la Eurozona, y de los más bajos de la Unión Europea; el Estado español tenía un superávit (no un déficit público) y una deuda pública bajísima antes de que se iniciara la crisis en 2007; los salarios están entre los más bajos de la Eurozona, con el salario mínimo más bajo de tal área monetaria; y así un largo etcétera.

Es más, la aplicación de las políticas públicas neoliberales durante estos años de crisis han sido un desastre (no hay otra manera de definirlo). El desempleo ya alcanza el 24% (entre los jóvenes es un 50%), y la economía está en recesión. Y los países que han aplicado estas políticas con mayor intensidad (los países periféricos de la Eurozona, Grecia, Portugal, Irlanda y España) están todos ellos en recesión. ¿Qué mayor evidencia desean de que tales políticas neoliberales están equivocadas? En realidad nunca (repito, nunca) un país en recesión (y estamos ya casi en una Gran Depresión) ha salido de ella mediante la reducción de los salarios, del gasto público y de la protección social. Es obvio que en un momento en que la economía está paralizada debido al enorme endeudamiento de las familias y de las medianas y pequeñas empresas, y de la ausencia de crédito, lo que se requiere es una intervención del Estado para estimular la economía mediante la expansión del gasto público a fin de crear empleo tanto en la infraestructura física como social del país, a la vez que la activa participación del mismo Estado en la provisión de crédito. Esto es lo que ha permitido sacar a los países en recesión y/o depresión del bache económico en el que se encontraban. De nuevo, como ocurría con el dogma religioso, en este dogma económico la evidencia científica de que la política de recortes es profundamente errónea es abrumadora, pese a lo cual –impermeables a esta evidencia y a los datos que muestran su error- continúan aplicándose, atribuyéndose la recesión a que no se ha recortado suficientemente el Estado del Bienestar, y a que los salarios continúan demasiado altos.

Los clérigos del nuevo dogma y la nueva Iglesia

Pero como ocurrió en el dogma religioso, este dogma económico se propaga, promueve e impone porque sirve a unos intereses claros: los intereses del capital financiero, aliado a la gran patronal. Han sido ellos los que precisamente han creado esta enorme crisis a fin de poder llevar a cabo tales políticas que les benefician significadamente. La Iglesia de ahora es la Iglesia financiera aliada de la gran patronal, orientada a la exportación. Esta última no requiere un consumo doméstico que la sostenga, pues el consumo toma lugar en otros países. El Pacto Social, que significaba un entendimiento entre el capital y el mundo del trabajo, se ha roto, puesto que el capital hegemonizado por el capital financiero, es decir, la banca, se cree lo suficientemente poderoso como para ignorar al mundo del trabajo. El consumo doméstico de los productos producidos por la economía productiva (que requería una demanda interna basada en buenos salarios, y un gasto público elevado) ya no es necesario en una economía liderada por las exportaciones. Cuando el supuesto motor de la economía es el sector exportador (tal como ocurre en Alemania, por ejemplo) la importancia y necesidad del consumo doméstico se diluye, e incluso desaparece. La gran patronal exportadora alemana ha impuesto una congelación salarial, pues no necesita ya la demanda doméstica. Un tanto igual está ocurriendo en España. La mejora de las exportaciones no está repercutiendo en el nivel de consumo interior ni en la capacidad adquisitiva de la mayoría de la población laboral. De ahí que los salarios continúen bajos y ello a pesar del notable crecimiento de la productividad.

Este dogma, a pesar del enorme fracaso de sus políticas, continúa reproduciéndose en los medios de mayor difusión (que al estar profundamente endeudados a la banca) no permiten que artículos como éste se publiquen en sus páginas. La evidencia de ello es también abrumadora (en una conversación reciente con un periodista de uno de los mayores rotativos del país, éste me lo reconocía con toda candidez. Su diario estaba muy endeudado y publicar artículos como el que leía y que ustedes están leyendo les supondría un riesgo añadido). De ahí que las voces críticas continúan siendo vetadas, silenciadas o marginadas, presentándolas como extranjeras, “anglosajonas”, voces que no entienden España, cuando no conspiradoras deseosas de cargarse el euro.

Las medidas represivas de la nueva Iglesia: las instrucciones del Banco Central Europeo y de la Comisión Europea

En realidad, el euro no está en peligro, en contra de lo que se está indicando en los medios. Lo que ocurre es que se ha creado una crisis (la recesión es resultado de la aplicación de las políticas neoliberales) que permita imponer las medidas impopulares que desean imponer. La mejor prueba de ello es mirar las condiciones que el Banco Central Europeo (que no es un Banco Central, sino un lobby de la banca, y muy en especial de la banca alemana) exige a los gobiernos, antes de comprar deuda pública española (que es lo que en realidad debería hacer si fuera un Banco Central, que no lo es). En una carta al Presidente del gobierno español anterior, exigió que impusiera “un contrato laboral de carácter excepcional que contemple indemnizaciones bajas por despido durante un espacio de tiempo limitado”, es decir, que se permita despedir a los trabajadores fácilmente. Tal medida acaba de ser aprobada ahora por las Cortes Españolas, permitiendo que las empresas que emplean menos de 50 trabajadores (que son la inmensa mayoría de empresas en España) puedan despedir sin indemnizaciones durante el primer año, reduciendo considerablemente las indemnizaciones para empleados con mayores periodos de contratación. Otra condición puesta por el BCE es el debilitamiento de los sindicatos, diluyendo la validez de los convenios colectivos, eliminando la indexación salarial.

Y a nivel de política fiscal, el BCE ha estado exigiendo una reducción del gasto público, y en particular del gasto público social, gestionado en su gran mayoría por las Comunidades Autónomas, que están en una situación imposible debido, entre otras razones, a la gran escasez de crédito, escasez que continúa a pesar de que la banca española ha recibido ayudas equivalentes a un 10% del PIB, y el Banco Central Europeo ha prestado a unos intereses bajísimos (1%) un billón (sí, un billón) de euros a los bancos europeos, préstamo del cual, la banca española y la italiana recibieron 500.000 millones de euros.

Estas políticas, que el gobierno Rajoy ha hecho suyas, ya han sido aplicadas en Grecia, con los resultados que todos conocemos. De nuevo, la evidencia que muestra su negatividad es sólida y robusta. Ahora bien, siendo su impacto dañino para el bienestar de la gran mayoría de la población, no quiere ello decir que no beneficien a sectores como la gran banca y la gran patronal que están consiguiendo lo que siempre han deseado, y lo están consiguiendo con sus aliados en el BCE, en la Comisión Europea, en el gobierno alemán (portavoz de la gran banca alemana y de las grandes empresas exportadoras), y, cómo no, por los llamados economistas “estrella” que continúan promoviendo el dogma neoliberal.

Artículo publicado por Vicenç Navarro en el diario digital EL PLURAL, 2 de julio de 2012

Catedrático de Políticas Públicas. Universidad Pompeu Fabra, y Profesor de Public Policy. The Johns Hopkins University

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El diáologo es la única posibilidad de resolver las crisis de la iglesia

El diáologo es la única posibilidad de resolver las crisis de la iglesia

Plataforma “Somos Iglesia”: El diálogo es la única posibilidad de 
resolver las crisis de la Iglesia 
La Iglesia se halla en la mayor crisis de credibilidad desde la Reformación. La “Iniciativa del Pueblo de la Iglesia” (1995), diferentes  memorandos de teólogos y teólogas y últimamente el “Llamamiento a la Desobediencia” por parte de la “Iniciativa de los Párrocos” en Austria demuestran: a 50 años del último concilio ecuménico en Roma es hora de que los obispos entren en un diálogo abierto y sincero con el pueblo de la Iglesia y la teología. Una Iglesia, que vive en el mundo y quiere servir al mundo no puede cumplir sus propósitos sin el diálogo con las personas del mundo. La Iglesia necesita formas de expresión de su mensaje que 
sean comprensibles y útiles para las personas contemporáneas, fundadas en la Biblia, racionales y actualizadas. 
Es necesario un diálogo triple: un diàlogo interno, para acercarse a una solución de los temas controversiales de la Iglesia, un diálogo con otras comunidades de fe y un diálogo con las ciencias y el mundo. Todos en la Iglesia tenemos que adiestrarnos en el arte de dialogar. 
Hemos de empezar con las tareas internas. 
Por esta razón la plataforma “Somos Iglesia” hace publicidad para que se apoye la “Iniciativa de Diálogo 2012. Aquí en la página de internet puede inscribir su apoyo. 
El Papa está entre la espada y la pared. 
En la homilía solemne de la Misa del Crisma el jueves santo el Papa criticó públicamente a los que firmaron el llamamiento austríaco a la desobediencia. Haciendo preguntas aparentemente espirituales el Papa insinúa que estas personas en vez de cumplir la voluntad de Dios siguen sus propias ideas, que no han comprendido la misión de Jesús y que no saben que la verdadera fe debe entregarse y servir. En realidad Roma, sus representantes y sus 
conceptos de disciplina eclesiástica son los que se han distanciado mucho del mensaje de Jesús. El Papa identifica de nuevo la obediencia a su propia función con la obediencia a la voluntad de Dios. Según Pedro, de quien él mismo afirma ser su sucesor, se trata en realidad de obedecer más a Dios que a los seres humanos.
En realidad el Papa Benedicto se encuentra entre la espada y la pared. En vez de argumentar cristianamente les imputa a sus críticos motivos malintencionados. Su sospecha que sus críticos siguen sus propias ideas pasa por alto que Roma todavía sigue insistiendo en los privilegios medioevales de sus elites episcopales. Además su nueva aserción que las mujeres no pueden ser ordenadas para las funciones eclesiásticas ya ha sido refutada bíblica y teológicamente. El celibato obligatorio actualmente vigente conduce a la destrucción de la pastoral oficial y de innumerables parroquias. Esta no puede ser la voluntad de Dios. El 
rechazo al diálogo por parte de Roma pone gravemenete en peligro la unidad de la Iglesia católica-romana. 
Por estas razones es hora de que las autoridades eclesiales actuales se acuerden de los límites impuestos por la Sagrada Escritura y la gran Tradición.  
Una autoridad eclesial 
• Que no tiene ninguna legitimación por parte de las parroquias o diócesis que preside como la preveían las reglas de la Iglesia primitiva, • Que desde hace décadas se niega constantemente a dar pasos de reformas que la Escritura exige y que el Concilio introdujo,  
• Que todavía declara ilícitas e inválidas las ordenaciones de las mujeres en contra de la comprensión exegética e histórica y que excomulga a las personas involucradas, 
• Que acepta la destrucción de la pastoral y las parroquias en el mundo entero por mantener un concepto injustificado de organización,
• Que se aferra a una rigorosa  moral sexual y matrimonial sin fundamento 
antropológico discriminando así a los afectados y excomulgándolos de hecho, 
• Que hasta el día de hoy impide la vigencia de los derechos humanos en el ámbito eclesial y su reclamo por medio de un procedimiento judicial conforme a estos derechos y 
• Que reduce a algunos individuos la responsabilidad por los asaltos violentos y la 
violencia sexualizada a los niños y a las niñas callando o rechazando al mismo tiempo la propia responsabilidad y las condiciones estructurales; que rechaza así mismo el esclarecimiento de estos hechos reteniendo las informaciones pertinentes y que no impone una obligación perentoria de esclarecimiento por parte de instancias independientes del estado. 
Tal autoridad eclesiástica, confrontada a la crítica, no tiene derecho a una obediencia indiscutible. Por el contrario debe reconocer y tomar en serio la desobediencia de las católicas y los católicos comprometidos que quieren una reforma, desobediencia inspirada por la conciencia y presentada con argumentos. La autoridades eclesiásticas más bien tienen que exponer a la discusión intraeclesial sus estrategias de poder y de rechazo a las reformas y asumir públicamente la responsabilidad de sus hechos. Traemos a la memoria a Mateo 18, 18 en donde se considera que el poder de unir o desatar está en manos de la comunidad. Tiene que quedar en claro que el testimonio de la Escritura y los textos del Concilio Vaticano II tienen una autoridad mucho mayor que el Catecismo de la Iglesia Católica. Este Catecismo  tanto como el Código de Derecho Canónico 1983 pretenden ser fruto del Concilio cuando en realidad lo vacían de su contenido. No es señal de valentía que el Papa utilizara el ámbito protegido de la catedral de San Pedro para criticar durante la Liturgia lo que hasta la fecha no se ha atrevido a decir en una confrontación directa y argumentativa. Ante todo tendría que responder él mismo las preguntas que hizo a los otros en su homilía. Disimuladamente recrimina enérgicamente a los que critica. Por esta razón se le debe preguntar: 
¿Cómo puede acusar el Papa a las fuerzas de reforma, especialmente a los párrocos austríacos, que quieren transformar la Iglesia de acuerdo con sus propias ideas? Le preguntamos: ¿No quiere imponerle a la Iglesia una forma que no tiene fundamento bíblico? Es incuestionable que el desboronamiento de la pastoral y de muchas parroquias no sucede de acuerdo con el mensaje cristiano. Un Papa famoso por su inteligencia y capacidad teológica tendría que ser consciente de este contexto. 
• ¿Cómo puede el Papa acusar de falta de humildad y arbitrariedad a los párrocos que quieren una reforma y al mismo tiempo exigir sumisión bajo los intereses de poder de las autoridades eclesiásticas? Sin exponer razones les niega una fe “altruista”, “entregada” y “servicial” a los que firmaron el llamamiento. Al mismo tiempo calla cómo Roma se aferra sin compromisos a una estructura eclesiástica autoritaria y defiende los privilegios de una élite de poder jerárquico. Con consideraciones a cerca de la obediencia de Jesús que suenan espirituales se hace poco creíble. El Papa Benedicto al fin tiene que responder cómo debe actuar él frente a la “situación dramática de la Iglesia actual”. Así respondería a la pregunta que él mismo hizo. Sin dar una respuesta satisfactoria debilita su propia autoridad pues la Iglesia supera su crisis solamente si se sobrepone a la inmovilidad actual y a su visión retrógada. 
• ¿Por qué le falta precisión al Papa cuando habla sobre la verdadera renovación 
después del Concilio y sobre la vitalidad inesperada de tantos movimientos? Allí 
descubrimos el refuerzo del clericalismo en detrimento de la comunidad eclesial. 
Para las autoridades eclesiásticas sólamente el Opus Dei, los Legionarios de Cristo así como las organizaciones juveniles ultraconservadoras enriquecen a la Iglesia pues de allí provienen sacerdotes de obediencia subyugada. Por esto queremos oir de él qué piensa de las comunidades eclesiales de base en todo el mundo, de los innumerables grupos de reforma, de las iniciativas de mujeres capacitadas, de los vitales movimientos ocuménicos y de diálogo interreligioso o de las religiosas que desde hace ya mucho tiempo han asumido en muchos paises las tareas de los sacerdotes que  faltan. 
Todas las acusaciones del Papa Benedicto ignoran la importante y elevada responsabilidad de los que firmaron el “Llamamiento a la Desobediencia” en representación de muchos más. 
Merecen agradecimiento y reconocimiento por su valentía. Esperamos que la intervención papal no conlleve medidas prematuras inconsideradas que producirían otra pérdida mayor de credibilidad. Este hecho traería consecuencias catastróficas para la Iglesia católica-romana. 
Por esta razón las preguntas mencionadas deben formar parte de los diálogos que se van a llevar a cabo durante el “Año de la Fe” en el mundo entero. 
La plataforma “Somos Iglesia” propone por lo tanto que la situación, las propuestas de los suscriptores del llamamiento y su apreciación teológica se analicen intensamente con discernimiento justo. Para iniciar este proceso es preciso instalar por mediación del arzobispo de Viena, Christoph Cardenal Schönborn, una comisión de especialistas y responsables reconocidos. Esta comisión buscaría soluciones para salir de la crisis y las propondría al pueblo de la Iglesia. ¡Ojalá así se convierta el “Año de la Fe” en el “Año del Diálogo”. 
En nombre de la dirección de la Plataforma “Somos Iglesia” Austria: Hans Peter Hurka

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Soy antisistema. Laureano Gómez

Soy antisistema. Laureano Gómez

Soy antisistemaLaureano Gómez

Todos tendríamos que ser antisistema (Redacción de R. C.)
Me acusan de antisistema. De esta forma pretenden insultarme, quieren significar con ello que soy un ser marginado, una lacra social, que estoy al margen de la sociedad, fuera de ella, pero están equivocados.

En efecto, soy antisistema, porque no acepto una sociedad en la que se recorten derechos conquistados a lo largo de muchos siglos, que han sido posibles gracias al esfuerzo de muchos de nuestros antepasados, quienes dieron incluso sus vidas en la lucha por los derechos de las personas, como ciudadanos y como trabajadores. Pero estos derechos están siendo dilapidados en beneficio de la acumulación de la riqueza en un número reducido de personas, las grandes fortunas son cada vez más grandes.

Me llaman antisistema porque me opongo a que los propietarios del capital hayan decidido tomar el poder político y lo hayan conseguido gracias a unos políticos ineptos, mediocres e incapaces de gobernar para la mayoría que les ha elegido, cuando no mentirosos que engañan a la población con pretendidos estados de urgencias de los que es necesario salir mediante ?inevitables? recortes en servicios sociales, sanitarios y educativos, en despidos masivos sin regulación, en contrataciones en precario en base a una necesidad, de nuevo, de ser competitivo. Me opongo a esta situación y por ello me llaman antisistema.

Me llaman antisistema porque estoy en contra de que me expriman, porque no acepto el sistema por el cual la democracia no es tal y el estado del bienestar se va al carajo. Me llaman antisistema porque no acepto una sociedad en la que la juventud se vea frustrada, sin empleo y sin horizontes.

Los legisladores pueden hacer leyes que recorten el gasto sanitario y el gasto en educación y como pueden hacerlo lo hacen. Pueden reducir el salario de los funcionarios y de los jubilados y como pueden hacerlo lo hacen. Pueden modificar el estatuto de los trabajadores para favorecer el despido y como pueden hacerlo lo hacen. También han podido modificar la antes ?intocable? Constitución Española para incorporar un techo de déficit y como pueden hacerlo lo hacen.

También pueden hacer que la entrega de la casa hipotecada sea suficiente para cancelar la hipoteca, pueden hacerlo pero no lo hacen, como también pueden perseguir el fraude fiscal con la misma intensidad que recortan los derechos de la ciudadanía, pero no lo hacen. También pueden poner un impuesto a las transacciones especulativas de capital, pueden hacerlo, pero no lo hacen. Como también pueden impedir la especulación financiera, pero no lo hacen. Por denunciar estas injusticias me llaman antisistema.

El ?sistema? trata a las personas como objetos de escaso valor, valen en cuanto son productivas y por un precio muy inferior a lo que produce. Quien es expulsado del sistema, se convierte en una lacra porque supone un gasto para el Estado, es preciso educar a sus hijos, atender a sus necesidades de salud y de medicación, hay que darle una prestación por desempleo, eso si, por un periodo cada vez más corto y este coste no se quiere asumir. Dicen que no hay dinero para ello, aunque si para el sector financiero. Estoy en contra de esto y por eso me llaman antisistema.

Quienes han sido responsables de la actual crisis han acumulado riqueza, han dilapidado los ingresos del Estado, el dinero que todos pagamos para infraestructuras, para sanidad, para cultura, para educación, para servicios sociales y lo han hecho despilfarrándolo en gastos e inversiones innecesarias y en comisiones por obras publicas, gracias a esa extraña y estrecha connivencia entre la política, la banca y los promotores inmobiliarios.

Por criticar todo esto me llaman antisistema, porque estoy en contra de sueldos millonarios y de contratos blindados mientras mucha gente no tiene el más mínimo sustento. Estoy en contra de que el Banco Central Europeo regale dinero a la Banca. Cuando un banco se hunde el Estado va a su rescate con dinero de todos, mientras que sus gestores se van sin ningún tipo de responsabilidad y con los bolsillos llenos. Me manifiesto en contra de este estado de cosas y por eso me llaman antisistema.

Quienes poseen grandes fortunas y quienes hacen negocios sucios se llevan el dinero a los paraísos fiscales, a buen recaudo, protegido contra cualquier inspección, me opongo a esto, quiero que se acaben estos paraísos y que los únicos paraísos posibles sean los que nos ofrece la naturaleza virgen. Por decir esto me llaman antisistema.

Me opongo a que el 90 % de la riqueza mundial este en manos del 10 % de la población, me opongo a la acumulación de la riqueza, me opongo a la explotación de los seres humanos, por eso me llaman antisistema.

Pero no soy un anti, no soy un contra, soy un defensor de los derechos de los seres humanos, soy amante de la justicia, de la solidaridad, del mejor reparto de la riqueza, de la igualdad de oportunidades, del derecho a la vida, a la libertad, a la democracia, es decir estoy a favor de un sistema realmente democrático, de una sociedad libre, en donde al ser humano se le considere como tal y no como objeto, que los gobiernos gobiernen para la mayoría, que no estén secuestrados por los poderosos. Estoy a favor de este sistema pero no del sistema actual y por eso me llaman antisistema.

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