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ANEXO I COMPETENCIAS BÁSICAS PRIMARIA

ANEXO I COMPETENCIAS BÁSICAS PRIMARIA


 

La incorporación de competencias básicas al currículo permite poner el acento en


aquellos aprendizajes que se consideran imprescindibles, desde un planteamiento


integrador y orientado a la aplicación de los saberes adquiridos. De ahí su carácter


básico. Son aquellas competencias que debe haber desarrollado un joven o una joven


al finalizar la enseñanza obligatoria para poder lograr su realización personal, ejercer


la ciudadanía activa, incorporarse a la vida adulta de manera satisfactoria y ser capaz


de desarrollar un aprendizaje permanente a lo largo de la vida.


La inclusión de las competencias básicas en el currículo tiene varias finalidades. En


primer lugar, integrar los diferentes aprendizajes, tanto los formales, incorporados a las


diferentes áreas o materias, como los informales y no formales. En segundo lugar,


permitir a los estudiantes integrar sus aprendizajes, ponerlos en relación con distintos


tipos de contenidos y utilizarlos de manera efectiva cuando les resulten necesarios en


diferentes situaciones y contextos. Y, por último, orientar la enseñanza, al permitir


identificar los contenidos y los criterios de evaluación que tienen carácter


imprescindible y, en general, inspirar las distintas decisiones relativas al proceso de


enseñanza y de aprendizaje.


Con las áreas y materias del currículo se pretende que los alumnos y las alumnas


alcancen los objetivos educativos y, consecuentemente, también que adquieran las


competencias básicas. Sin embargo, no existe una relación unívoca entre la


enseñanza de determinadas áreas o materias y el desarrollo de ciertas competencias.


Cada una de las áreas contribuye al desarrollo de diferentes competencias y, a su vez,


cada una de las competencias básicas se alcanzará como consecuencia del trabajo en


varias áreas o materias.


El trabajo en las áreas y materias del currículo para contribuir al desarrollo de las


competencias básicas debe complementarse con diversas medidas organizativas y


funcionales, imprescindibles para su desarrollo. Así, la organización y el


funcionamiento de los centros y las aulas, la participación del alumnado, las normas de


régimen interno, el uso de determinadas metodologías y recursos didácticos, o la


concepción, organización y funcionamiento de la biblioteca escolar, entre otros


aspectos, pueden favorecer o dificultar el desarrollo de competencias asociadas a la


comunicación, el análisis del entorno físico, la creación, la convivencia y la ciudadanía,


o la alfabetización digital. Igualmente, la acción tutorial permanente puede contribuir de


modo determinante a la adquisición de competencias relacionadas con la regulación


de los aprendizajes, el desarrollo emocional o las habilidades sociales. Por último, la


planificación de las actividades complementarias y extraescolares puede reforzar el


desarrollo del conjunto de las competencias básicas.


En el marco de la propuesta realizada por la Unión Europea, y de acuerdo con las


consideraciones que se acaban de exponer, se han identificado ocho

competencias

 

básicas:

 

1. Competencia en comunicación lingüística

 

2. Competencia matemática

 

3. Competencia en el conocimiento y la interacción con el mundo físico

 

4. Tratamiento de la información y competencia digital

 

5. Competencia social y ciudadana

 

6. Competencia cultural y artística

 

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7. Competencia para aprender a aprender

 

8. Autonomía e iniciativa personal

 

En este Anexo se recogen la descripción, finalidad y aspectos distintivos de estas

 

competencias y se pone de manifiesto, en cada una de ellas, el nivel considerado

 

básico que debe alcanzar todo el alumnado. Si bien están referidas al final de la etapa

 

de Educación obligatoria, es preciso que su desarrollo se inicie desde el comienzo de

 

la escolarización, de manera que su adquisición se realice de forma progresiva y

 

coherente. Por ello, la Educación primaria tomará como referente las competencias

 

que aquí se establecen y que hacen explícitas las metas que todo el alumnado debe

 

alcanzar. Aunque hay aspectos en la caracterización de las competencias cuya

 

adquisición no es específica de esta etapa, conviene conocerlos para sentar las bases

 

que permitan que ese desarrollo posterior pueda producirse con éxito.

 

El currículo se estructura en torno a áreas de conocimiento, es en ellas en las que han

 

de buscarse los referentes que permitirán el desarrollo de las competencias en esta

 

etapa. Así pues, en cada área se incluyen referencias explícitas acerca de su

 

contribución a aquellas competencias básicas a las se orienta en mayor medida. Por

 

otro lado, tanto los objetivos como la propia selección de los contenidos buscan

 

asegurar el desarrollo de todas ellas. Los criterios de evaluación, sirven de referencia

 

para valorar el progreso en su adquisición.


1. COMPETENCIA EN COMUNICACIÓN LINGÜÍSTICA

 

Esta competencia se refiere a la utilización del lenguaje como instrumento de

 

comunicación oral y escrita, de representación, interpretación y comprensión de la

 

realidad, de construcción y comunicación del conocimiento y de organización y

 

autorregulación del pensamiento, las emociones y la conducta.

 

Los conocimientos, destrezas y actitudes propios de esta competencia permiten

 

expresar pensamientos, emociones, vivencias y opiniones, así como dialogar,

 

formarse un juicio crítico y ético, generar ideas, estructurar el conocimiento, dar

 

coherencia y cohesión al discurso y a las propias acciones y tareas, adoptar

 

decisiones, y disfrutar escuchando, leyendo o expresándose de forma oral y escrita,

 

todo lo cual contribuye además al desarrollo de la autoestima y de la confianza en sí

 

mismo.

 

Comunicarse y conversar son acciones que suponen habilidades para establecer

 

vínculos y relaciones constructivas con los demás y con el entorno, y acercarse a

 

nuevas culturas, que adquieren consideración y respeto en la medida en que se

 

conocen. Por ello, la competencia de comunicación lingüística está presente en la

 

capacidad efectiva de convivir y de resolver conflictos.

 

Escuchar, exponer y dialogar implica ser consciente de los principales tipos de

 

interacción verbal, ser progresivamente competente en la expresión y comprensión de

 

los mensajes orales que se intercambian en situaciones comunicativas diversas y

 

adaptar la comunicación al contexto. Supone también la utilización activa y efectiva de

 

códigos y habilidades lingüísticas y no lingüísticas y de las reglas propias del

 

intercambio comunicativo en diferentes situaciones, para producir textos orales

 

adecuados a cada situación de comunicación.

 

Leer y escribir son acciones que suponen y refuerzan las habilidades que permiten

 

buscar, recopilar y procesar información, y ser competente a la hora de comprender,

 

componer y utilizar distintos tipos de textos con intenciones comunicativas o creativas

 

diversas. La lectura facilita la interpretación y comprensión del código que permite

 

hacer uso de la lengua escrita y es, además, fuente de placer, de descubrimiento de

 

otros entornos, idiomas y culturas, de fantasía y de saber, todo lo cual contribuye a su

 

vez a conservar y mejorar la competencia comunicativa.

 

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La habilidad para seleccionar y aplicar determinados propósitos u objetivos a las

 

acciones propias de la comunicación lingüística (el diálogo, la lectura, la escritura, etc.)

 

está vinculada a algunos rasgos fundamentales de esta competencia como las

 

habilidades para representarse mentalmente, interpretar y comprender la realidad, y

 

organizar y autorregular el conocimiento y la acción dotándolos de coherencia.

 

Comprender y saber comunicar son saberes prácticos que han de apoyarse en el

 

conocimiento reflexivo sobre el funcionamiento del lenguaje y sus normas de uso, e

 

implican la capacidad de tomar el lenguaje como objeto de observación y análisis.

 

Expresar e interpretar diferentes tipos de discurso acordes a la situación comunicativa

 

en diferentes contextos sociales y culturales, implica el conocimiento y aplicación

 

efectiva de las reglas de funcionamiento del sistema de la lengua y de las estrategias

 

necesarias para interactuar lingüísticamente de una manera adecuada.

 

Disponer de esta competencia conlleva tener conciencia de las convenciones sociales,

 

de los valores y aspectos culturales y de la versatilidad del lenguaje en función del

 

contexto y la intención comunicativa. Implica la capacidad empática de ponerse en el

 

lugar de otras personas; de leer, escuchar, analizar y tener en cuenta opiniones

 

distintas a la propia con sensibilidad y espíritu crítico; de expresar adecuadamente –en

 

fondo y forma- las propias ideas y emociones, y de aceptar y realizar críticas con

 

espíritu constructivo.

 

Con distinto nivel de dominio y formalización -especialmente en lengua escrita- esta

 

competencia significa, en el caso de las lenguas extranjeras, poder comunicarse en

 

algunas de ellas y, con ello, enriquecer las relaciones sociales y desenvolverse en

 

contextos distintos al propio. Asimismo, se favorece el acceso a más y diversas

 

fuentes de información, comunicación y aprendizaje.

 

En síntesis, el desarrollo de la competencia lingüística al final de la educación

 

obligatoria comporta el dominio de la lengua oral y escrita en múltiples contextos, y el

 

uso funcional de, al menos, una lengua extranjera.


2. COMPETENCIA MATEMÁTICA

 

Consiste en la habilidad para utilizar y relacionar los números, sus operaciones

 

básicas, los símbolos y las formas de expresión y razonamiento matemático, tanto

 

para producir e interpretar distintos tipos de información, como para ampliar el

 

conocimiento sobre aspectos cuantitativos y espaciales de la realidad, y para resolver

 

problemas relacionados con la vida cotidiana y con el mundo laboral.

 

Forma parte de la competencia matemática la habilidad para interpretar y expresar con

 

claridad y precisión informaciones, datos y argumentaciones, lo que aumenta la

 

posibilidad real de seguir aprendiendo a lo largo de la vida, tanto en el ámbito escolar

 

o académico como fuera de él, y favorece la participación efectiva en la vida social.

 

Asimismo esta competencia implica el conocimiento y manejo de los elementos

 

matemáticos básicos (distintos tipos de números, medidas, símbolos, elementos

 

geométricos, etc.) en situaciones reales o simuladas de la vida cotidiana, y la puesta

 

en práctica de procesos de razonamiento que llevan a la solución de los problemas o a

 

la obtención de información. Estos procesos permiten aplicar esa información a una

 

mayor variedad de situaciones y contextos, seguir cadenas argumentales identificando

 

las ideas fundamentales, y estimar y enjuiciar la lógica y validez de argumentaciones e

 

informaciones. En consecuencia, la competencia matemática supone la habilidad para

 

seguir determinados procesos de pensamiento (como la inducción y la deducción,

 

entre otros) y aplicar algunos algoritmos de cálculo o elementos de la lógica, lo que

 

conduce a identificar la validez de los razonamientos y a valorar el grado de certeza

 

asociado a los resultados derivados de los razonamientos válidos.

 

La competencia matemática implica una disposición favorable y de progresiva

 

seguridad y confianza hacia la información y las situaciones (problemas, incógnitas,

 

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etc.) que contienen elementos o soportes matemáticos, así como hacia su utilización

 

cuando la situación lo aconseja, basadas en el respeto y el gusto por la certeza y en

 

su búsqueda a través del razonamiento.

 

Esta competencia cobra realidad y sentido en la medida que los elementos y

 

razonamientos matemáticos son utilizados para enfrentarse a aquellas situaciones

 

cotidianas que los precisan. Por tanto, la identificación de tales situaciones, la

 

aplicación de estrategias de resolución de problemas, y la selección de las técnicas

 

adecuadas para calcular, representar e interpretar la realidad a partir de la información

 

disponible están incluidas en ella . En definitiva, la posibilidad real de utilizar la

 

actividad matemática en contextos tan variados como sea posible. Por ello, su

desarrollo en la educación obligatoria se alcanzará en la medida en que los

 

conocimientos matemáticos se apliquen de manera espontánea a una amplia variedad

 

de situaciones, provenientes de otros campos de conocimiento y de la vida cotidiana.

 

El desarrollo de la competencia matemática al final de la educación obligatoria,

 

conlleva utilizar espontáneamente -en los ámbitos personal y social- los elementos y

 

razonamientos matemáticos para interpretar y producir información, para resolver

 

problemas provenientes de situaciones cotidianas y para tomar decisiones. En

 

definitiva, supone aplicar aquellas destrezas y actitudes que permiten razonar

 

matemáticamente, comprender una argumentación matemática y expresarse y

 

comunicarse en el lenguaje matemático, utilizando las herramientas de apoyo

 

adecuadas, e integrando el conocimiento matemático con otros tipos de conocimiento

 

para dar una mejor respuesta a las situaciones de la vida de distinto nivel de

 

complejidad.


3. COMPETENCIA EN EL CONOCIMIENTO Y LA INTERACCIÓN CON EL MUNDO


FÍSICO

 

Es la habilidad para interactuar con el mundo físico, tanto en sus aspectos naturales

 

como en los generados por la acción humana, de tal modo que se posibilita la

 

comprensión de sucesos, la predicción de consecuencias y la actividad dirigida a la

 

mejora y preservación de las condiciones de vida propia, de las demás personas y del

 

resto de los seres vivos. En definitiva, incorpora habilidades para desenvolverse

 

adecuadamente, con autonomía e iniciativa personal en ámbitos de la vida y del

 

conocimiento muy diversos (salud, actividad productiva, consumo, ciencia, procesos

 

tecnológicos, etc.) y para interpretar el mundo, lo que exige la aplicación de los

 

conceptos y principios básicos que permiten el análisis de los fenómenos desde los

 

diferentes campos de conocimiento científico involucrados.

 

Así, forma parte de esta competencia la adecuada percepción del espacio físico en el

 

que se desarrollan la vida y la actividad humana, tanto a gran escala como en el

 

entorno inmediato, y la habilidad para interactuar con el espacio circundante: moverse

 

en él y resolver problemas en los que intervengan los objetos y su posición.

 

Asimismo, la competencia de interactuar con el espacio físico lleva implícito ser

 

consciente de la influencia que tiene la presencia de las personas en el espacio, su

 

asentamiento, su actividad, las modificaciones que introducen y los paisajes

 

resultantes, así como de la importancia de que todos los seres humanos se beneficien

 

del desarrollo y de que éste procure la conservación de los recursos y la diversidad

 

natural, y se mantenga la solidaridad global e intergeneracional. Supone asimismo

 

demostrar espíritu crítico en la observación de la realidad y en el análisis de los

 

mensajes informativos y publicitarios, así como unos hábitos de consumo responsable

 

en la vida cotidiana.

 

Esta competencia, y partiendo del conocimiento del cuerpo humano, de la naturaleza y

 

de la interacción de los hombres y mujeres con ella, permite argumentar racionalmente

 

las consecuencias de unos u otros modos de vida, y adoptar una disposición a una

 

vida física y mental saludable en un entorno natural y social también saludable.

 

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Asimismo, supone considerar la doble dimensión –individual y colectiva- de la salud, y

 

mostrar actitudes de responsabilidad y respeto hacia los demás y hacia uno mismo.

 

Esta competencia hace posible identificar preguntas o problemas y obtener

 

conclusiones basadas en pruebas, con la finalidad de comprender y tomar decisiones

 

sobre el mundo físico y sobre los cambios que la actividad humana produce sobre el

 

medio ambiente, la salud y la calidad de vida de las personas. Supone la aplicación de

 

estos conocimientos y procedimientos para dar respuesta a lo que se percibe como

 

demandas o necesidades de las personas, de las organizaciones y del medio

 

ambiente.

 

También incorpora la aplicación de algunas nociones, conceptos científicos y técnicos,

 

y de teorías científicas básicas previamente comprendidas. Esto implica la habilidad

 

progresiva para poner en práctica los procesos y actitudes propios del análisis

 

sistemático y de indagación científica: identificar y plantear problemas relevantes;

 

realizar observaciones directas e indirectas con conciencia del marco teórico o

 

interpretativo que las dirige; formular preguntas; localizar, obtener, analizar y

 

representar información cualitativa y cuantitativa; plantear y contrastar soluciones

 

tentativas o hipótesis; realizar predicciones e inferencias de distinto nivel de

 

complejidad; e identificar el conocimiento disponible, teórico y empírico) necesario

 

para responder a las preguntas científicas, y para obtener, interpretar, evaluar y

 

comunicar conclusiones en diversos contextos (académico, personal y social).

 

Asimismo, significa reconocer la naturaleza, fortalezas y límites de la actividad

 

investigadora como construcción social del conocimiento a lo largo de la historia.

 

Esta competencia proporciona, además, destrezas asociadas a la planificación y

 

manejo de soluciones técnicas, siguiendo criterios de economía y eficacia, para

 

satisfacer las necesidades de la vida cotidiana y del mundo laboral.

 

En definitiva, esta competencia supone el desarrollo y aplicación del pensamiento

 

científico-técnico para interpretar la información que se recibe y para predecir y tomar

 

decisiones con iniciativa y autonomía personal en un mundo en el que los avances que

 

se van produciendo en los ámbitos científico y tecnológico tienen una influencia

 

decisiva en la vida personal, la sociedad y el mundo natural. Asimismo, implica la

 

diferenciación y valoración del conocimiento científico al lado de otras formas de

 

conocimiento, y la utilización de valores y criterios éticos asociados a la ciencia y al

 

desarrollo tecnológico.

 

En coherencia con las habilidades y destrezas relacionadas hasta aquí, son parte de

 

esta competencia básica el uso responsable de los recursos naturales, el cuidado del

 

medio ambiente, el consumo racional y responsable, y la protección de la salud

 

individual y colectiva como elementos clave de la calidad de vida de las personas.


4. TRATAMIENTO DE LA INFORMACIÓN Y COMPETENCIA DIGITAL

 

Esta competencia consiste en disponer de habilidades para buscar, obtener, procesar

 

y comunicar información, y para transformarla en conocimiento. Incorpora diferentes

 

habilidades, que van desde el acceso a la información hasta su transmisión en

 

distintos soportes una vez tratada, incluyendo la utilización de las tecnologías de la

 

información y la comunicación como elemento esencial para informarse, aprender y

 

comunicarse.

 

Está asociada con la búsqueda, selección, registro y tratamiento o análisis de la

 

información, utilizando técnicas y estrategias diversas para acceder a ella según la

 

fuente a la que se acuda y el soporte que se utilice (oral, impreso, audiovisual, digital o

 

multimedia). Requiere el dominio de lenguajes específicos básicos (textual, numérico,

 

icónico, visual, gráfico y sonoro) y de sus pautas de decodificación y transferencia, así

 

como aplicar en distintas situaciones y contextos el conocimiento de los diferentes

 

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tipos de información, sus fuentes, sus posibilidades y su localización, así como los

 

lenguajes y soportes más frecuentes en los que ésta suele expresarse.

 

Disponer de información no produce de forma automática conocimiento. Transformar

 

la información en conocimiento exige de destrezas de razonamiento para organizarla,

 

relacionarla, analizarla, sintetizarla y hacer inferencias y deducciones de distinto nivel

 

de complejidad; en definitiva, comprenderla e integrarla en los esquemas previos de

 

conocimiento. Significa, asimismo, comunicar la información y los conocimientos

 

adquiridos empleando recursos expresivos que incorporen, no sólo diferentes

 

lenguajes y técnicas específicas, sino también las posibilidades que ofrecen las

 

tecnologías de la información y la comunicación.

 

Ser competente en la utilización de las tecnologías de la información y la comunicación

como instrumento de trabajo intelectual incluye utilizarlas en su doble función de

 

transmisoras y generadoras de información y conocimiento. Se utilizarán en su función

 

generadora al emplearlas, por ejemplo, como herramienta en el uso de modelos de

 

procesos matemáticos, físicos, sociales, económicos o artísticos. Asimismo, esta

 

competencia permite procesar y gestionar adecuadamente información abundante y

 

compleja, resolver problemas reales, tomar decisiones, trabajar en entornos

 

colaborativos ampliando los entornos de comunicación para participar en comunidades

 

de aprendizaje formales e informales, y generar producciones responsables y

 

creativas.

 

La competencia digital incluye utilizar las tecnologías de la información y la

 

comunicación extrayendo su máximo rendimiento a partir de la comprensión de la

 

naturaleza y modo de operar de los sistemas tecnológicos, y del efecto que esos

 

cambios tienen en el mundo personal y sociolaboral. Asimismo supone manejar

 

estrategias para identificar y resolver los problemas habituales de software y hardware

 

que vayan surgiendo. Igualmente permite aprovechar la información que proporcionan

 

y analizarla de forma crítica mediante el trabajo personal autónomo y el trabajo

 

colaborativo, tanto en su vertiente sincrónica como diacrónica, conociendo y

 

relacionándose con entornos físicos y sociales cada vez más amplios. Además de

 

utilizarlas como herramienta para organizar la información, procesarla y orientarla para

 

conseguir objetivos y fines de aprendizaje, trabajo y ocio previamente establecidos.

 

En definitiva, la competencia digital comporta hacer uso habitual de los recursos

 

tecnológicos disponibles para resolver problemas reales de modo eficiente. Al mismo

 

tiempo, posibilita evaluar y seleccionar nuevas fuentes de información e innovaciones

 

tecnológicas a medida que van apareciendo, en función de su utilidad para acometer

 

tareas u objetivos específicos.

 

En síntesis, el tratamiento de la información y la competencia digital implican ser una

 

persona autónoma, eficaz, responsable, crítica y reflexiva al seleccionar, tratar y

 

utilizar la información y sus fuentes, así como las distintas herramientas tecnológicas;

 

también tener una actitud critica y reflexiva en la valoración de la información

 

disponible, contrastándola cuando es necesario, y respetar las normas de conducta

 

acordadas socialmente para regular el uso de la información y sus fuentes en los

 

distintos soportes.


5. COMPETENCIA SOCIAL Y CIUDADANA

 

Esta competencia hace posible comprender la realidad social en que se vive,

 

cooperar, convivir y ejercer la ciudadanía democrática en una sociedad plural, así

 

como comprometerse a contribuir a su mejora. En ella están integrados conocimientos

 

diversos y habilidades complejas que permiten participar, tomar decisiones, elegir

 

cómo comportarse en determinadas situaciones y responsabilizarse de las elecciones

 

y decisiones adoptadas.

 

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Globalmente supone utilizar, para desenvolverse socialmente, el conocimiento sobre la

 

evolución y organización de las sociedades y sobre los rasgos y valores del sistema

 

democrático, así como utilizar el juicio moral para elegir y tomar decisiones, y ejercer

 

activa y responsablemente los derechos y deberes de la ciudadanía.

 

Esta competencia favorece la comprensión de la realidad histórica y social del mundo,

 

su evolución, sus logros y sus problemas. La comprensión crítica de la realidad exige

 

experiencia, conocimientos y conciencia de la existencia de distintas perspectivas al

 

analizar esa realidad. Conlleva recurrir al análisis multicausal y sistémico para enjuiciar

 

los hechos y problemas sociales e históricos y para reflexionar sobre ellos de forma

 

global y crítica, así como realizar razonamientos críticos y lógicamente válidos sobre

 

situaciones reales, y dialogar para mejorar colectivamente la comprensión de la

 

realidad.

 

Significa también entender los rasgos de las sociedades actuales, su creciente

 

pluralidad y su carácter evolutivo, además de demostrar comprensión de la aportación

 

que las diferentes culturas han hecho a la evolución y progreso de la humanidad, y

 

disponer de un sentimiento común de pertenencia a la sociedad en que se vive. En

 

definitiva, mostrar un sentimiento de ciudadanía global compatible con la identidad

 

local.

 

Asimismo, forman parte fundamental de esta competencia aquellas habilidades

 

sociales que permiten saber que los conflictos de valores e intereses forman parte de

 

la convivencia, resolverlos con actitud constructiva y tomar decisiones con autonomía

 

empleando, tanto los conocimientos sobre la sociedad como una escala de valores

 

construida mediante la reflexión crítica y el diálogo en el marco de los patrones

 

culturales básicos de cada región, país o comunidad.

 

La dimensión ética de la competencia social y ciudadana entraña ser consciente de los

 

valores del entorno, evaluarlos y reconstruirlos afectiva y racionalmente para crear

 

progresivamente un sistema de valores propio y comportarse en coherencia con ellos

 

al afrontar una decisión o un conflicto. Ello supone entender que no toda posición

 

personal es ética si no está basada en el respeto a principios o valores universales

 

como los que encierra la Declaración de los Derechos Humanos.

 

En consecuencia, entre las habilidades de esta competencia destacan conocerse y

 

valorarse, saber comunicarse en distintos contextos, expresar las propias ideas y

 

escuchar las ajenas, ser capaz de ponerse en el lugar del otro y comprender su punto

 

de vista aunque sea diferente del propio, y tomar decisiones en los distintos niveles de

 

la vida comunitaria, valorando conjuntamente los intereses individuales y los del grupo.

 

Igualmente la práctica del diálogo y de la negociación para llegar a acuerdos como

 

forma de resolver los conflictos, tanto en el ámbito personal como en el social.

 

Por último, forma parte de esta competencia el ejercicio de una ciudadanía activa e

 

integradora que exige el conocimiento y comprensión de los valores en que se

 

asientan los estados y sociedades democráticas, de sus fundamentos, modos de

 

organización y funcionamiento. Esta competencia permite reflexionar críticamente

 

sobre los conceptos de democracia, libertad, solidaridad, corresponsabilidad,

 

participación y ciudadanía, con particular atención a los derechos y deberes

 

reconocidos en las declaraciones internacionales, en la Constitución española y en la

 

legislación autonómica, así como a su aplicación por parte de diversas instituciones; y

 

mostrar un comportamiento coherente con los valores democráticos, que a su vez

 

conlleva disponer de habilidades como la toma de conciencia de los propios

 

pensamientos, valores, sentimientos y acciones, y el control y autorregulación de los

 

mismos.

 

En definitiva, el ejercicio de la ciudadanía implica disponer de habilidades para

 

participar activa y plenamente en la vida cívica. Significa construir, aceptar y practicar

 

normas de convivencia acordes con los valores democráticos, ejercitar los derechos,

 

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libertades, responsabilidades y deberes cívicos, y defender los derechos de los

 

demás.

 

En síntesis, esta competencia supone comprender la realidad social en que se vive,

 

afrontar la convivencia y los conflictos empleando el juicio ético basado en los valores

 

y prácticas democráticas, y ejercer la ciudadanía, actuando con criterio propio,

 

contribuyendo a la construcción de la paz y la democracia, y manteniendo una actitud

 

constructiva, solidaria y responsable ante el cumplimiento de los derechos y

 

obligaciones cívicas.


6. COMPETENCIA CULTURAL Y ARTÍSTICA

 

Esta competencia supone conocer, comprender, apreciar y valorar críticamente

 

diferentes manifestaciones culturales y artísticas, utilizarlas como fuente de

 

enriquecimiento y disfrute y considerarlas como parte del patrimonio de los pueblos.

 

Apreciar el hecho cultural en general, y el hecho artístico en particular, lleva implícito

 

disponer de aquellas habilidades y actitudes que permiten acceder a sus distintas

 

manifestaciones, así como habilidades de pensamiento, perceptivas y comunicativas,

 

sensibilidad y sentido estético para poder comprenderlas, valorarlas, emocionarse y

 

disfrutarlas.

 

Esta competencia implica poner en juego habilidades de pensamiento divergente y

 

convergente, puesto que comporta reelaborar ideas y sentimientos propios y ajenos;

 

encontrar fuentes, formas y cauces de comprensión y expresión; planificar, evaluar y

 

ajustar los procesos necesarios para alcanzar unos resultados, ya sea en el ámbito

 

personal o académico. Se trata, por tanto, de una competencia que facilita tanto

 

expresarse y comunicarse como percibir, comprender y enriquecerse con diferentes

 

realidades y producciones del mundo del arte y de la cultura.

 

Requiere poner en funcionamiento la iniciativa, la imaginación y la creatividad para

 

expresarse mediante códigos artísticos y, en la medida en que las actividades

 

culturales y artísticas suponen en muchas ocasiones un trabajo colectivo, es preciso

 

disponer de habilidades de cooperación para contribuir a la consecución de un

 

resultado final, y tener conciencia de la importancia de apoyar y apreciar las iniciativas

 

y contribuciones ajenas.

 

La competencia artística incorpora asimismo el conocimiento básico de las principales

 

técnicas, recursos y convenciones de los diferentes lenguajes artísticos, así como de

 

las obras y manifestaciones más destacadas del patrimonio cultural. Además supone

 

identificar las relaciones existentes entre esas manifestaciones y la sociedad -la

 

mentalidad y las posibilidades técnicas de la época en que se crean-, o con la persona

 

o colectividad que las crea. Esto significa también tener conciencia de la evolución del

 

pensamiento, de las corrientes estéticas, las modas y los gustos, así como de la

 

importancia representativa, expresiva y comunicativa que los factores estéticos han

 

desempeñado y desempeñan en la vida cotidiana de la persona y de las sociedades.

 

Supone igualmente una actitud de aprecio de la creatividad implícita en la expresión

 

de ideas, experiencias o sentimientos a través de diferentes medios artísticos,

como la

 

música, la literatura, las artes visuales y escénicas, o de las diferentes formas que

 

adquieren las llamadas artes populares. Exige asimismo valorar la libertad de

 

expresión, el derecho a la diversidad cultural, la importancia del diálogo intercultural y

 

la realización de experiencias artísticas compartidas.

 

En síntesis, el conjunto de destrezas que configuran esta competencia se refiere tanto

 

a la habilidad para apreciar y disfrutar con el arte y otras manifestaciones culturales,

 

como a aquellas relacionadas con el empleo de algunos recursos de la expresión

 

artística para realizar creaciones propias; implica un conocimiento básico de las

 

distintas manifestaciones culturales y artísticas, la aplicación de habilidades de

 

pensamiento divergente y de trabajo colaborativo, una actitud abierta, respetuosa y

 

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crítica hacia la diversidad de expresiones artísticas y culturales, el deseo y voluntad de

 

cultivar la propia capacidad estética y creadora, y un interés por participar en la vida

 

cultural y por contribuir a la conservación del patrimonio cultural y artístico, tanto de la

 

propia comunidad, como de otras comunidades.


7. COMPETENCIA PARA APRENDER A APRENDER

 

Aprender a aprender supone disponer de habilidades para iniciarse en el aprendizaje y

 

ser capaz de continuar aprendiendo de manera cada vez más eficaz y autónoma de

 

acuerdo a los propios objetivos y necesidades.

 

Esta competencia tiene dos dimensiones fundamentales. Por un lado, la adquisición

 

de la conciencia de las propias capacidades (intelectuales, emocionales, físicas), del

 

proceso y las estrategias necesarias para desarrollarlas, así como de lo que se puede

 

hacer por uno mismo y de lo que se puede hacer con ayuda de otras personas o

 

recursos. Por otro lado, disponer de un sentimiento de competencia personal, que

 

redunda en la motivación, la confianza en uno mismo y el gusto por aprender.

 

Significa ser consciente de lo que se sabe y de lo que es necesario aprender, de cómo

 

se aprende, y de cómo se gestionan y controlan de forma eficaz los procesos de

 

aprendizaje, optimizándolos y orientándolos a satisfacer objetivos personales.

 

Requiere conocer las propias potencialidades y carencias, sacando provecho de las

 

primeras y teniendo motivación y voluntad para superar las segundas desde una

 

expectativa de éxito, aumentando progresivamente la seguridad para afrontar nuevos

 

retos de aprendizaje.

 

Por ello, comporta tener conciencia de aquellas capacidades que entran en juego en el

 

aprendizaje, como la atención, la concentración, la memoria, la comprensión y la

 

expresión lingüística o la motivación de logro, entre otras, y obtener un rendimiento

 

máximo y personalizado de las mismas con la ayuda de distintas estrategias y

 

técnicas: de estudio, de observación y registro sistemático de hechos y relaciones, de

 

trabajo cooperativo y por proyectos, de resolución de problemas, de planificación y

 

organización de actividades y tiempos de forma efectiva, o del conocimiento sobre los

 

diferentes recursos y fuentes para la recogida, selección y tratamiento de la

 

información, incluidos los recursos tecnológicos.

 

Implica asimismo la curiosidad de plantearse preguntas, identificar y manejar la

 

diversidad de respuestas posibles ante una misma situación o problema utilizando

 

diversas estrategias y metodologías que permitan afrontar la toma de decisiones,

 

racional y críticamente, con la información disponible.

 

Incluye, además, habilidades para obtener información -ya sea individualmente o en

 

colaboración- y, muy especialmente, para transformarla en conocimiento propio,

 

relacionando e integrando la nueva información con los conocimientos previos y con la

 

propia experiencia personal y sabiendo aplicar los nuevos conocimientos y

 

capacidades en situaciones parecidas y contextos diversos.

 

Por otra parte, esta competencia requiere plantearse metas alcanzables a corto, medio

 

y largo plazo y cumplirlas, elevando los objetivos de aprendizaje de forma progresiva y

 

realista.

 

Hace necesaria también la perseverancia en el aprendizaje, desde su valoración como

 

un elemento que enriquece la vida personal y social y que es, por tanto, merecedor del

 

esfuerzo que requiere. Conlleva ser capaz de autoevaluarse y autorregularse,

 

responsabilidad y compromiso personal, saber administrar el esfuerzo, aceptar los

 

errores y aprender de y con los demás.

 

En síntesis, aprender a aprender implica la conciencia, gestión y control de las propias

 

capacidades y conocimientos desde un sentimiento de competencia o eficacia

 

personal, e incluye tanto el pensamiento estratégico, como la capacidad de cooperar,

 

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de autoevaluarse, y el manejo eficiente de un conjunto de recursos y técnicas de

 

trabajo intelectual, todo lo cual se desarrolla a través de experiencias de aprendizaje

 

conscientes y gratificantes, tanto individuales como colectivas.


8. AUTONOMÍA E INICIATIVA PERSONAL

 

Esta competencia se refiere, por una parte, a la adquisición de la conciencia y

 

aplicación de un conjunto de valores y actitudes personales interrelacionadas, como la

 

responsabilidad, la perseverancia, el conocimiento de sí mismo y la autoestima, la

 

creatividad, la autocrítica, el control emocional, la capacidad de elegir, de calcular

 

riesgos y de afrontar los problemas, así como la capacidad de demorar la necesidad

 

de satisfacción inmediata, de aprender de los errores y de asumir riesgos.

 

Por otra parte, remite a la capacidad de elegir con criterio propio, de imaginar

 

proyectos, y de llevar adelante las acciones necesarias para desarrollar las opciones y

 

planes personales -en el marco de proyectos individuales o colectivosresponsabilizándose

 

de ellos, tanto en el ámbito personal, como social y laboral.

 

Supone poder transformar las ideas en acciones; es decir, proponerse objetivos y

 

planificar y llevar a cabo proyectos. Requiere, por tanto, poder reelaborar los

 

planteamientos previos o elaborar nuevas ideas, buscar soluciones y llevarlas a la

 

práctica. Además, analizar posibilidades y limitaciones, conocer las fases de desarrollo

 

de un proyecto, planificar, tomar decisiones, actuar, evaluar lo hecho y autoevaluarse,

 

extraer conclusiones y valorar las posibilidades de mejora.

 

Exige, por todo ello, tener una visión estratégica de los retos y oportunidades que

 

ayude a identificar y cumplir objetivos y a mantener la motivación para lograr el éxito

 

en las tareas emprendidas, con una sana ambición personal, académica y profesional.

 

Igualmente ser capaz de poner en relación la oferta académica, laboral o de ocio

 

disponible, con las capacidades, deseos y proyectos personales.

 

Además, comporta una actitud positiva hacia el cambio y la innovación que presupone

 

flexibilidad de planteamientos, pudiendo comprender dichos cambios como

 

oportunidades, adaptarse crítica y constructivamente a ellos, afrontar los problemas y

 

encontrar soluciones en cada uno de los proyectos vitales que se emprenden.

 

En la medida en que la autonomía e iniciativa personal involucran a menudo a otras

 

personas, esta competencia obliga a disponer de habilidades sociales para

 

relacionarse, cooperar y trabajar en equipo: ponerse en el lugar del otro, valorar las

 

ideas de los demás, dialogar y negociar, la asertividad para hacer saber

 

adecuadamente a los demás las propias decisiones, y trabajar de forma cooperativa y

 

flexible.

 

Otra dimensión importante de esta competencia, muy relacionada con esta vertiente

 

más social, está constituida por aquellas habilidades y actitudes relacionadas con el

 

liderazgo de proyectos, que incluyen la confianza en uno mismo, la empatía, el espíritu

 

de superación, las habilidades para el diálogo y la cooperación, la organización de

 

tiempos y tareas, la capacidad de afirmar y defender derechos o la asunción de

 

riesgos.

 

En síntesis, la autonomía y la iniciativa personal suponen ser capaz de imaginar,

 

emprender, desarrollar y evaluar acciones o proyectos individuales o colectivos con

 

creatividad, confianza, responsabilidad y sentido crítico.

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BORRADOR Real Decreto .../2006, por el que se establecen las enseñanzas mínimas del segundo ciclo de la educación infantil.

BORRADOR Real Decreto .../2006, por el que se establecen las enseñanzas mínimas del segundo ciclo de la educación infantil.

Entregado por el MEC el 7 de noviembre.

La Ley Orgánica 2/2006, de 3 de mayo, de Educación, en su artículo 6.2, establece que corresponde al Gobierno fijar las enseñanzas mínimas a las que se refiere la disposición adicional primera, apartado 2, letra c) de la Ley Orgánica 8/1985, de 3 de junio, reguladora del Derecho a la

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