Sobre la Religión en la Escuela Pública. Carta a los políticos de España DESTACADO destacado

Cáceres 5 de febrero de 2017

Señores Políticos de España, Señores Políticos de las Comunidades Autónomas de España.

Me dirijo a Ustedes como profesor de religión con treinta y un años de experiencia docente.

Llevo treinta y un años siendo testigo  de una guerra de religión en nuestra sociedad española que no nos la merecemos.

Señores Políticos, los ciudadanos de este país no nos merecemos esta guerra, que utiliza la escuela pública como campo de batalla, en la que los contrincantes son los políticos, las autoridades religiosas y ciertos grupos minoritarios marcados por fobias o intransigencias. En las aulas ha habido tranquilidad prácticamente siempre. En el momento actual plantean la cuestión de la religión en la escuela pública como un proceso de laicización de nuestra sociedad, de nuestro cuerpo jurídico, de nuestra educación.

Evidentemente se parte del hecho, molesto para muchos, de que la realidad actual de la religión en la escuela pública está marcada por la “confesionalidad” y por una pretendida situación de “privilegio” de la Religión Católica respecto a otras de menor implantación numérica e histórica en el territorio del Estado español. Algunos aluden a esa laicización como paso necesario e imprescindible para “modernizar” España, como símbolo de “progreso”.

Se hace necesario saber con qué países se hace la comparación de modernidad, qué países son los “laicos” y los “progresistas”. Que yo sepa por lo que respecta a Europa, también los países “LAICOS” tienen las religiones en sus sistemas educativos, con la sóla y única excepción de Francia. ¿Quieren decirme que Francia, ciertamente más laica, es más “moderna” y” más progresista” que Alemania, Reino Unido, Holanda, Suecia o….. y que España es menos moderna que todas ellas porque incluye la religión en su sistema educativo? ¿Qué España y sus CCAA dejan de ser “laicas”, o no pueden serlo, porque sus programaciones educativas incluyen la religión?

Que yo sepa Francia reconsidera cada vez con mayor insistencia  la necesidad de introducir una asignatura que contemple las religiones, y recientemente lo hace motivada por las barbaries terroristas vividas en su territorio, y en Europa, como medio para evitarlas. Conozco algunos estudios de Japón, sociedad plurirreligiosa, que insisten en la introducción metódica de las religiones en la enseñanza pública para intentar prevenir el alarmante número de suicidios entre sus jóvenes estudiantes.

Yo entiendo que se puede cuestionar el contenido de una asignatura que tenga la religión por objeto, que se pueda cuestionar el modelo de asignatura, que se pueda cuestionar su posición en el currículo educativo,  que se puedan cuestionar las dependencias e independencias de la asignatura, de los contenidos, y por supuesto de los profesores, pero no entiendo que se pueda cuestionar su existencia como área propia, con entidad propia en la educación pública. Desde un concepto de educación integral  el sistema educativo debería estar interesado por la madurez en sus alumnos de todas las inteligencias que integran la personalidad. Entre estas inteligencias es fundamental en el desarrollo personal la inteligencia religiosa. No estoy hablando de una organización religiosa concreta ni de una estructura religiosa en particular, ni de defender  un determinado sistema de creencias, sino del ser humano individual y colectivo en tanto en cuanto comprende, siente y vive el mundo también desde la inteligencia religiosa. Por lo tanto ésta se hace necesaria en la escuela al igual que la emotiva, la técnica o tecnológica, la musical, o las áreas cognitivo-científicas. La única condición en la Escuela Pública es que la inteligencia religiosa se trate con el mismo rigor académico que las otras.

Yo entiendo que en España la religión tanto en sus concreciones populares culturales como en el área académica viene arrastrando un problema mal resuelto de un conflicto mal planteado en tanto en cuanto se ha utilizado como emblema ideológico y partidista, un conflicto entre laicismo y religión casi siempre plateados como conformantes de las estructuras del poder efectivo,  del dominio de unos sobre otros, de los conflictos de unos con otros, y por lo tanto como conceptos excluyentes. Europa resolvió este planteamiento hace mucho tiempo. ¿No va siendo hora de que cambiemos el chip en esta eterna cuestión religiosa, al igual que nuestros padres y abuelos lo hicieron con el “consenso” en la Transición, con la Constitución, con los Acuerdos de la Moncloa y más tarde con el Pacto de Toledo, o la alternancia en el Gobierno o…?

Yo entiendo que en materia de religión en la Escuela Pública hay muchas cosas que cambiar: la dependencia de los Acuerdos con la Santa Sede, la intervención extraña de las Conferencias o Secretariados de diversas religiones en el Sistema Educativo Público, las peculiaridades de los profesores de religión, la realidad de grupos de alumnos asignados por opciones religiosas diversas en los centros o en las aulas, o una variedad de aspectos de los contenidos que se mueven en la cuerda floja de la ética, los derechos humanos, las creencias y la política. Claro que lo entiendo, pero ¿no es posible plantear estos cambios con una perspectiva de consenso y no con una perspectiva constante de conflicto social y político? ¿No es hora ya de plantear estos cambios con intención de estabilidad durable para el conjunto de la sociedad, y de sacarlo de las rigideces actuales de los partidos políticos o/y de las religiones organizadas? ¿No es hora ya de sacarlo de los revanchismos ideológico-políticos partidistas y planificarlo como contribución al conocimiento intercultural,  de sistemas de valores diversos o complementarios, interreligiosos, intercivilizaciones, como contribución a la convivencia tolerante, como contribución en definitiva a la paz?

Si está dispuesto a considerar esta perspectiva y buscar un modelo nuevo para un área de las religiones puede contar con nuestra organización.

 Atte

FEPER

Federación Estatal de Profesores de Enseñanza Religiosa

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