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Religiones y derechos humanos: dificultades y problemas. Juan José Tamayo

Religiones y derechos humanos: dificultades y problemas. Juan José Tamayo

Religiones y derechos humanos: dificultades y problemas

Juan José Tamayo, Director de la Cátedra de Teología y Ciencia de las Religiones. Universidad Carlos III de Madrid
jul062012
 

Enviado a la página web de Redes Cristianas

Intervención leída en el Ateneo de Madrid 02-07-2012
La actitud que adoptan las religiones hacia los derechos humanos es hoy uno de los criterios de relevancia o irrelevancia social, de validación o invalidación ética, y de reconocimiento o rechazo a nivel cívico. Y ello en los siguientes niveles: la antropología pesimista subyacente, la negativa a su fundamentación autónoma, la jerarquización de los seres humanos en función de sus creencias, el difícil y selectivo reconocimiento en la sociedad, los conflictos institucionales y la ausencia de su práctica en el interior de las religiones. Es en estos escenarios donde las religiones plantean problemas a los derechos humanos y ponen todo tipo de dificultades. Vamos a analizarlos muy en síntesis.

Antropología pesimista

Las religiones en general tienden a considerar a los seres humanos, creyentes o no, como seres dependientes de su hacedor o creador y sometidos al plan que la divina Providencia tiene sobre la humanidad. Carecen de autonomía en su modo de pensar y de actuar Toda persona, antes que ser humano con derechos y deberes, es pecadora a los ojos de Dios y necesita redención. Pero antes debe arrepentirse y convertirse. La concepción antropológica de las religiones suele ser pesimista y negativa. Agustín de Hipona extrema dicho pesimismo hasta considerar a la humanidad como massa damnata. Lo que implica, en buena lógica, un fracaso en el plan del Dios creador y salvador.

Conforme a esta concepción, el ser humano difícilmente puede ser portador de dignidad y sujeto de derechos. Más bien lo es de deberes y obligaciones, expresados en los distintos códigos jurídicos y morales religiosos en forma de prohibiciones y de amenazas de castigo, no sólo temporales, sino también eternos.

Para que las religiones reconozcan a los seres humanos como sujetos de derechos tienen que cambiar de concepción antropológica y, como resultado, de paradigma. De lo contrario, seguirán estando en las antípodas del paradigma de los derechos humanos y oponiéndose de manera pertinaz a su formulación y a su ejercicio.

Fundamentación: El derecho divino, superior

El derecho divino se arroga una serie de características que lo diferencian del derecho humano y le sitúan por encima de éste#. La primera es su superioridad, ya que ha sido revelado por Dios y sus fuentes preceden en jerarquía a las disposiciones establecidas por el ser humano. Se cree que el derecho divino constituye la base y el límite del derecho humano; sus contenidos son desarrollados por el legislador o intérprete humano. La segunda es la inmutabilidad en razón de su origen divino; una inmutabilidad que no puede ser absoluta, ya que los regímenes divinos se sitúan en la historia y se adaptan a los cambios de la comunidad religiosa que ha de cumplirlos#.

La tercera es la plenitud, ya que posee todos los elementos necesarios para la consecución de sus fines. Lo que compete a la autoridad humana no es otra cosa que explicitar lo contenido en el derecho divino y sacar a la luz sus riquezas. La cuarta es la universalidad, que inicialmente se corresponde con el alcance universal de la revelación divina, si bien en la práctica se limita a las personas de una determinada religión y en ese sentido es una universalidad potencial. Una quinta característica, en el caso del judaísmo, del cristianismo y del islam, es que se trata de un derecho revelado, ya que el ser humano llega a conocerlo no por sí mismo sino por medio de una revelación. La iniciativa, por tanto, pertenece a Dios.

Jerarquización de los seres humanos en función de las creencias

Las religiones tienden a establecer diferencias entre los seres humanos en función de las creencias; diferencias que, a la postre, desembocan en desigualdad y generan discriminación y exclusión. En primer lugar, establecen distinciones entre creyentes de la propia religión y creyentes de las otras religiones. Los primeros son considerados elegidos por Dios y gozan de todos los privilegios que la divinidad tiene reservados a sus fieles tanto en esta vida como en la postrera. Los miembros de otras religiones son tenidos por inferiores y son objeto de castigos tanto esta vida como en la futura. Y eso se intenta justificar en una revelación divina dirigida a un pueblo, a una comunidad, a un grupo humano. Al final la fundamentación se basa en un acto arbitrario del Dios en quien se cree.

Las diferencias se tornan más acusadas todavía entre creyentes y no creyentes, hasta afirmar que éstos se encuentran en el error y no pueden ser sujetos de derechos, conforme a la lógica agustiniana: “el error no tiene derechos”, que todavía recordara el papa Gregorio XVI en la encíclica Mirari Vos (1832).

Otra tendencia de las religiones es a establecer rígidas jerarquías en su seno entre las autoridades que representan a Dios y reciben de él el poder, y los fieles creyentes, que deben acatar sumisamente y poner en práctica de manera escrupulosa las directrices emanadas de lo alto y transmitidas a través de los mediadores. Los primeros gozan de todos los derechos; para los segundos todos son deberes. Y eso se considera de institución divina.

Un buen ejemplo de esta tendencia se encuentra en la Iglesia católica, que establece una nítida diferencia entre jerarquía y pueblo cristiano, clérigos y laicos, Iglesia docente e Iglesia discente o, por decirlo con el símil tan repetido como poco afortunado en los documentos eclesiásticos, entre pastores y rebaño. Hasta el concilio Vaticano II (1962-1965), los papas han definido a la Iglesia católica como sociedad desigual. La desigualdad no se considera una desviación a corregir, sino que pertenece a la misma estructura eclesial. Más aún, es voluntad de Dios que así sea y se corresponde con el acto de institución de la Iglesia por parte de su fundador, Jesucristo.

Objeciones a la teoría de los derechos humanos

Las religiones han planteado serias objeciones –algunas siguen planteándolas hoy – para asumir la teoría de los derechos humanos, e incluso se oponen a ella frontalmente por considerar que su formulación y su fundamentación se mueven en el plano antropológico-jurídico y carecen de base trascendente. Es más, se resisten a ponerlas en práctica en la sociedad y se sienten más cómodas en contextos dictatoriales. Llegan incluso a negar valor a una ética que no tenga fundamentación trascendente.

Las religiones suelen resistirse a practicar los derechos humanos en su seno alegando que ellas deben obedecer los preceptos emanados de sus respectivos textos sagrados, que expresan la voluntad de Dios, y no tienen por qué someterse a declaración humana alguna de derechos, por muy universal y consensuada que sea. Dicha actitud constituye una dificultad añadida para la globalización de los derechos humanos a las dificultades que de por sí ya se plantean en un mundo donde impera el interés crematístico sobre el respeto a los derechos humanos, el mercado sobre la democracia y la economía sobre la política.

En el plano doctrinal, el problema radica, a veces, en la no coincidencia entre la “voluntad de Dios” expresada en los textos sagrados y la legislación civil aprobada democráticamente por los representantes del pueblo, entre las leyes reveladas y el derecho positivo.

Conflicto en el plano institucional

En el plano institucional se producen permanentes conflictos entre el poder legislativo y las autoridades religiosas porque éstas tienen por inmodificables determinados principios morales que, a su juicio, pertenecen a la ley natural, de la que las jerarquías religiosas se consideran intérpretes legítimas y únicas. Es el caso, por ejemplo, de leyes sobre el divorcio, la interrupción voluntaria del embarazo, el matrimonio homosexual, la investigación con células embrionarias, la eutanasia. Son leyes a las que se opone la jerarquía católica, quien no reconoce legitimidad a los representantes del pueblo para legislar sobre esas materias. Durante los últimos años hemos podido ver en España numerosos ejemplos al respecto en declaraciones de jerarcas católicos, a cuál más radicales y descalificatorias contra el gobierno socialista y los legisladores, a quienes se les ha acusado de laicismo agresivo, fundamentalismo laicista (cardenal Herranz, cuando era presidente de la Interpretación de los Textos Legislativos), golpe de Estado (monseñor Burillo, obispo de Ávila), fobia religiosa del partido socialista en el poder, suplantación cultural del humanismo cristiano, vertebrador de Europa, por un humanismo cívico y materialista que oculta su totalitarismo de origen (monseñor Del Rio, cuando era obispo de Jerez).

Califican los matrimonios homosexuales de virus y moneda falseada (Juan Antonio Martínez Camino, secretario general de la Conferencia Episcopal Española), y la reforma de la ley del divorcio como reducción del matrimonio a un nivel inferior a un contrato de compraventa (monseñor Sebastián, entonces arzobispo de Pamplona). Pero las descalificaciones no se han quedado en el plano verbal, sino que han desembocado en llamadas a los parlamentarios católicos a no aprobar las leyes y, una vez aprobadas, a los jueces, alcaldes y concejales a desobedecerlas, y a los ciudadanos a movilizarse contra ellas.

Transgresión de los derechos humanos en el interior de las religiones

La mayor dificultad de las religiones para con los derechos humanos en general está en su propia organización, que no es democrática, sino jerarquico-piramidal, hasta el punto de transgredir constantemente los derechos humanos en su seno alegando, en el caso de la Iglesia católica: a) que es de institución divina, b) que se mueve en el terreno espiritual, y no político, y c) que su funcionamiento no es equiparable al de otras instituciones civiles.

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El dogma económico neoliberal y las políticas y estafas que promueve. Vicenc Navarro

El dogma económico neoliberal y las políticas y estafas que promueve. Vicenc Navarro

Este artículo analiza las características de dogma (cuasi religioso) que ha adquirido el pensamiento neoliberal en los establishments que dirigen las instituciones de la Eurozona incluyendo de sus gobiernos, dogma que se reproduce a pesar de la abundante evidencia científica que cuestiona cada una de sus creencias.

Durante la Edad Media hubo un dogma religioso que creía que la tierra era el centro del universo, dogma que se repitió y reprodujo a base de reprimir la evidencia científica que lo cuestionaba, mostrando la invalidez e insostenibilidad de los pilares conceptuales que lo sustentaban. Toda una batería de clérigos y sacerdotes –los intelectuales de aquel tiempo- promovían tal dogma, detrás del cual estaba la Iglesia Católica, que consideraba que la Iglesia era el centro ideológico y político de la Tierra, la cual era, a su vez, el centro del Universo. El tiempo fue mostrando que los críticos llevaban razón, aunque la Iglesia, todavía hoy, no ha pedido perdón a Galileo, el mayor pensador crítico de aquel dogma, que fue brutalmente reprimido por atreverse a cuestionarlo.

Pues, por raro que parezca, estamos viendo una situación semejante con la crisis actual, con la diferencia que ahora el dogma es económico en lugar de religioso, los sacerdotes y propagandistas del dogma son ahora los economistas del establishment, apoyados, promovidos y/o financiados por la Iglesia actual, la banca y el sistema financiero que controlan la vida política mediática, financiera y económica del país. El dogma es el dogma neoliberal. Economistas como la mayoría de firmantes de documentos patrocinados por Fedea (financiada por la banca y la gran patronal) así como economistas “estrella” promovidos en los medios de mayor difusión del país (uno de ellos tiene una hora semanal en la televisión pública catalana, TV3 -claramente instrumentalizada por la coalición conservadora-neoliberal que gobierna Catalunya-, llamada “lecciones de economía” que consiste en promocionar tal dogma neoliberal) dominan las tertulias y los medios televisivos, radiofónicos y escritos, que les ofrece el fórum para la presentación del dogma. Este dogma consiste en creer que los problemas de la economía española derivan de tener un gasto público excesivo (pues supuestamente nos gastamos más de lo que tenemos) y unos salarios demasiado altos (consecuencia de tener unos sindicatos excesivamente fuertes). De este dogma surgen unas políticas públicas que consisten en recortar el gasto público, incluyendo el gasto público social, y en hacer reformas laborales que tienen como objetivo reducir los salarios y despedir más fácilmente a los trabajadores, debilitando a los sindicatos.

La evidencia de que este dogma es erróneo es abrumadora. El gasto público, incluyendo el gasto público social, por habitante es el más bajo de la Eurozona; el porcentaje de la población adulta que trabaja en los servicios públicos del Estado del Bienestar (es decir, el empleo público) es el más bajo de la Eurozona, y de los más bajos de la Unión Europea; el Estado español tenía un superávit (no un déficit público) y una deuda pública bajísima antes de que se iniciara la crisis en 2007; los salarios están entre los más bajos de la Eurozona, con el salario mínimo más bajo de tal área monetaria; y así un largo etcétera.

Es más, la aplicación de las políticas públicas neoliberales durante estos años de crisis han sido un desastre (no hay otra manera de definirlo). El desempleo ya alcanza el 24% (entre los jóvenes es un 50%), y la economía está en recesión. Y los países que han aplicado estas políticas con mayor intensidad (los países periféricos de la Eurozona, Grecia, Portugal, Irlanda y España) están todos ellos en recesión. ¿Qué mayor evidencia desean de que tales políticas neoliberales están equivocadas? En realidad nunca (repito, nunca) un país en recesión (y estamos ya casi en una Gran Depresión) ha salido de ella mediante la reducción de los salarios, del gasto público y de la protección social. Es obvio que en un momento en que la economía está paralizada debido al enorme endeudamiento de las familias y de las medianas y pequeñas empresas, y de la ausencia de crédito, lo que se requiere es una intervención del Estado para estimular la economía mediante la expansión del gasto público a fin de crear empleo tanto en la infraestructura física como social del país, a la vez que la activa participación del mismo Estado en la provisión de crédito. Esto es lo que ha permitido sacar a los países en recesión y/o depresión del bache económico en el que se encontraban. De nuevo, como ocurría con el dogma religioso, en este dogma económico la evidencia científica de que la política de recortes es profundamente errónea es abrumadora, pese a lo cual –impermeables a esta evidencia y a los datos que muestran su error- continúan aplicándose, atribuyéndose la recesión a que no se ha recortado suficientemente el Estado del Bienestar, y a que los salarios continúan demasiado altos.

Los clérigos del nuevo dogma y la nueva Iglesia

Pero como ocurrió en el dogma religioso, este dogma económico se propaga, promueve e impone porque sirve a unos intereses claros: los intereses del capital financiero, aliado a la gran patronal. Han sido ellos los que precisamente han creado esta enorme crisis a fin de poder llevar a cabo tales políticas que les benefician significadamente. La Iglesia de ahora es la Iglesia financiera aliada de la gran patronal, orientada a la exportación. Esta última no requiere un consumo doméstico que la sostenga, pues el consumo toma lugar en otros países. El Pacto Social, que significaba un entendimiento entre el capital y el mundo del trabajo, se ha roto, puesto que el capital hegemonizado por el capital financiero, es decir, la banca, se cree lo suficientemente poderoso como para ignorar al mundo del trabajo. El consumo doméstico de los productos producidos por la economía productiva (que requería una demanda interna basada en buenos salarios, y un gasto público elevado) ya no es necesario en una economía liderada por las exportaciones. Cuando el supuesto motor de la economía es el sector exportador (tal como ocurre en Alemania, por ejemplo) la importancia y necesidad del consumo doméstico se diluye, e incluso desaparece. La gran patronal exportadora alemana ha impuesto una congelación salarial, pues no necesita ya la demanda doméstica. Un tanto igual está ocurriendo en España. La mejora de las exportaciones no está repercutiendo en el nivel de consumo interior ni en la capacidad adquisitiva de la mayoría de la población laboral. De ahí que los salarios continúen bajos y ello a pesar del notable crecimiento de la productividad.

Este dogma, a pesar del enorme fracaso de sus políticas, continúa reproduciéndose en los medios de mayor difusión (que al estar profundamente endeudados a la banca) no permiten que artículos como éste se publiquen en sus páginas. La evidencia de ello es también abrumadora (en una conversación reciente con un periodista de uno de los mayores rotativos del país, éste me lo reconocía con toda candidez. Su diario estaba muy endeudado y publicar artículos como el que leía y que ustedes están leyendo les supondría un riesgo añadido). De ahí que las voces críticas continúan siendo vetadas, silenciadas o marginadas, presentándolas como extranjeras, “anglosajonas”, voces que no entienden España, cuando no conspiradoras deseosas de cargarse el euro.

Las medidas represivas de la nueva Iglesia: las instrucciones del Banco Central Europeo y de la Comisión Europea

En realidad, el euro no está en peligro, en contra de lo que se está indicando en los medios. Lo que ocurre es que se ha creado una crisis (la recesión es resultado de la aplicación de las políticas neoliberales) que permita imponer las medidas impopulares que desean imponer. La mejor prueba de ello es mirar las condiciones que el Banco Central Europeo (que no es un Banco Central, sino un lobby de la banca, y muy en especial de la banca alemana) exige a los gobiernos, antes de comprar deuda pública española (que es lo que en realidad debería hacer si fuera un Banco Central, que no lo es). En una carta al Presidente del gobierno español anterior, exigió que impusiera “un contrato laboral de carácter excepcional que contemple indemnizaciones bajas por despido durante un espacio de tiempo limitado”, es decir, que se permita despedir a los trabajadores fácilmente. Tal medida acaba de ser aprobada ahora por las Cortes Españolas, permitiendo que las empresas que emplean menos de 50 trabajadores (que son la inmensa mayoría de empresas en España) puedan despedir sin indemnizaciones durante el primer año, reduciendo considerablemente las indemnizaciones para empleados con mayores periodos de contratación. Otra condición puesta por el BCE es el debilitamiento de los sindicatos, diluyendo la validez de los convenios colectivos, eliminando la indexación salarial.

Y a nivel de política fiscal, el BCE ha estado exigiendo una reducción del gasto público, y en particular del gasto público social, gestionado en su gran mayoría por las Comunidades Autónomas, que están en una situación imposible debido, entre otras razones, a la gran escasez de crédito, escasez que continúa a pesar de que la banca española ha recibido ayudas equivalentes a un 10% del PIB, y el Banco Central Europeo ha prestado a unos intereses bajísimos (1%) un billón (sí, un billón) de euros a los bancos europeos, préstamo del cual, la banca española y la italiana recibieron 500.000 millones de euros.

Estas políticas, que el gobierno Rajoy ha hecho suyas, ya han sido aplicadas en Grecia, con los resultados que todos conocemos. De nuevo, la evidencia que muestra su negatividad es sólida y robusta. Ahora bien, siendo su impacto dañino para el bienestar de la gran mayoría de la población, no quiere ello decir que no beneficien a sectores como la gran banca y la gran patronal que están consiguiendo lo que siempre han deseado, y lo están consiguiendo con sus aliados en el BCE, en la Comisión Europea, en el gobierno alemán (portavoz de la gran banca alemana y de las grandes empresas exportadoras), y, cómo no, por los llamados economistas “estrella” que continúan promoviendo el dogma neoliberal.

Artículo publicado por Vicenç Navarro en el diario digital EL PLURAL, 2 de julio de 2012

Catedrático de Políticas Públicas. Universidad Pompeu Fabra, y Profesor de Public Policy. The Johns Hopkins University

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LOS PROFESORES DE RELIGIÓN NO SOMOS LA SOLUCIÓN DE LOS INTERINOS

LOS PROFESORES DE RELIGIÓN NO SOMOS LA SOLUCIÓN DE LOS INTERINOS

Desde FEPER queremos agradecer a CCOO acordarse de los profesores de religión, pero tenemos que decirle que los profesores de religión NO SOMOS LA SOLUCIÓN de los interinos, ni tampoco su problema.

También queremos recordarle la necesidad de un mayor diálogo y de consenso con los profesores de religión, algo que no podemos decir que sea la principal virtud de CCOO de Extremadura, si exceptuamos los años entre el 2002 y el 2006. Nos situamos con respeto a la posición que CCOO tiene sobre el currículo de la religión confesional en la escuela pública, que entendemos que es otro debate, y en nuestra respuesta queremos centrarnos en la condición de trabajadores de la administración pública.

Queremos dar respuesta a la llamada que hace la Federación de Enseñanza de CCOO de Extremadura el día 1 de junio a la Consejería de Educación, en la que pide que los profesores de religión seamos pagados por la iglesia y que con eso se dejaría sitio a 500 interinos.

Cada colectivo tiene sus problemas, sin duda ahora los interinos tienen muchos, y los profesores de religión llevamos muchos años teniéndolos y ahora con la que está cayendo se nos aumentan. Pero en ningún caso somos la solución de los interinos, porque eso es ningunearnos, por no decir insultarnos, es ignorar que SOMOS EMPLEADOS PÚBLICOS, y proponer que la solución es echarnos para relevarnos por otros, es ignorar que la Administración Pública tiene obligaciones con sus empleados y nosotros somos empleados de la Administración Pública. ¿Por qué habría de cambiar a los que ya son sus empleados? ¿Acaso no ejercemos función docente? No quisiera utilizar el argumento manido de que acaso somos españoles de 2ª, lo cuál afectaría a nuestra dignidad y a nuestros derechos humanos fundamentales, ni el argumento de que nuestra función pública fuese de 2ª por no ser del agrado de algunos.

Teníamos entendido que CCOO defendía a los trabajadores por su condición de trabajadores. Así ha defendido a los trabajadores de las fábricas de armas, sin que por eso hayamos dicho nadie en la sociedad, y menos los profesores de religión, que CCOO defiende la fabricación de armas, precisamente amprándose en la condición de trabajdores. Ahora resulta que en el sector de educación CCOO sólo defiende a algunos trabajadores y desprecia a otros, al poner a los unos como alternativa de los otros. Para CCOO de Extremadura resulta que los empleados públicos que desempeñan la función de profesores de religión en la escuela pública no son dignos de ser defendidos en su condición de trabajdores públicos y son intercambiables por otros. Y una cosa es defender que se retire la religión del curriculo escolar y otra ignorar que los profesores de religión seamos empleados públicos.

Son conocidas las posiciones laicistas de CCOO y está en su derecho así como del laicismo excluyente o del integrador y los planteamientos ideológicos y las directivas de acción sindical que aprueben sus bases. Faltaría más, y no seré yo quien dé lecciones de sindicalismo a CCOO. Pero SÍ LE EXIJO UN RESPETO POR NUESTRA CONDICIÓN DE TRABAJADORES Y DE EMPLEADOS PÚBLICOS.

CCOO ahora lo que propone es ni más ni menos cambiarnos de empresa, de empleador. Gracias por velar por nosotros, pero ¿nos va a defender más y mejor que hasta ahora frente a la nueva empleadora? ¡Claro que con defensores así, para que queremos enemigos?

APREx-FEPER

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El diáologo es la única posibilidad de resolver las crisis de la iglesia

El diáologo es la única posibilidad de resolver las crisis de la iglesia

Plataforma “Somos Iglesia”: El diálogo es la única posibilidad de 
resolver las crisis de la Iglesia 
La Iglesia se halla en la mayor crisis de credibilidad desde la Reformación. La “Iniciativa del Pueblo de la Iglesia” (1995), diferentes  memorandos de teólogos y teólogas y últimamente el “Llamamiento a la Desobediencia” por parte de la “Iniciativa de los Párrocos” en Austria demuestran: a 50 años del último concilio ecuménico en Roma es hora de que los obispos entren en un diálogo abierto y sincero con el pueblo de la Iglesia y la teología. Una Iglesia, que vive en el mundo y quiere servir al mundo no puede cumplir sus propósitos sin el diálogo con las personas del mundo. La Iglesia necesita formas de expresión de su mensaje que 
sean comprensibles y útiles para las personas contemporáneas, fundadas en la Biblia, racionales y actualizadas. 
Es necesario un diálogo triple: un diàlogo interno, para acercarse a una solución de los temas controversiales de la Iglesia, un diálogo con otras comunidades de fe y un diálogo con las ciencias y el mundo. Todos en la Iglesia tenemos que adiestrarnos en el arte de dialogar. 
Hemos de empezar con las tareas internas. 
Por esta razón la plataforma “Somos Iglesia” hace publicidad para que se apoye la “Iniciativa de Diálogo 2012. Aquí en la página de internet puede inscribir su apoyo. 
El Papa está entre la espada y la pared. 
En la homilía solemne de la Misa del Crisma el jueves santo el Papa criticó públicamente a los que firmaron el llamamiento austríaco a la desobediencia. Haciendo preguntas aparentemente espirituales el Papa insinúa que estas personas en vez de cumplir la voluntad de Dios siguen sus propias ideas, que no han comprendido la misión de Jesús y que no saben que la verdadera fe debe entregarse y servir. En realidad Roma, sus representantes y sus 
conceptos de disciplina eclesiástica son los que se han distanciado mucho del mensaje de Jesús. El Papa identifica de nuevo la obediencia a su propia función con la obediencia a la voluntad de Dios. Según Pedro, de quien él mismo afirma ser su sucesor, se trata en realidad de obedecer más a Dios que a los seres humanos.
En realidad el Papa Benedicto se encuentra entre la espada y la pared. En vez de argumentar cristianamente les imputa a sus críticos motivos malintencionados. Su sospecha que sus críticos siguen sus propias ideas pasa por alto que Roma todavía sigue insistiendo en los privilegios medioevales de sus elites episcopales. Además su nueva aserción que las mujeres no pueden ser ordenadas para las funciones eclesiásticas ya ha sido refutada bíblica y teológicamente. El celibato obligatorio actualmente vigente conduce a la destrucción de la pastoral oficial y de innumerables parroquias. Esta no puede ser la voluntad de Dios. El 
rechazo al diálogo por parte de Roma pone gravemenete en peligro la unidad de la Iglesia católica-romana. 
Por estas razones es hora de que las autoridades eclesiales actuales se acuerden de los límites impuestos por la Sagrada Escritura y la gran Tradición.  
Una autoridad eclesial 
• Que no tiene ninguna legitimación por parte de las parroquias o diócesis que preside como la preveían las reglas de la Iglesia primitiva, • Que desde hace décadas se niega constantemente a dar pasos de reformas que la Escritura exige y que el Concilio introdujo,  
• Que todavía declara ilícitas e inválidas las ordenaciones de las mujeres en contra de la comprensión exegética e histórica y que excomulga a las personas involucradas, 
• Que acepta la destrucción de la pastoral y las parroquias en el mundo entero por mantener un concepto injustificado de organización,
• Que se aferra a una rigorosa  moral sexual y matrimonial sin fundamento 
antropológico discriminando así a los afectados y excomulgándolos de hecho, 
• Que hasta el día de hoy impide la vigencia de los derechos humanos en el ámbito eclesial y su reclamo por medio de un procedimiento judicial conforme a estos derechos y 
• Que reduce a algunos individuos la responsabilidad por los asaltos violentos y la 
violencia sexualizada a los niños y a las niñas callando o rechazando al mismo tiempo la propia responsabilidad y las condiciones estructurales; que rechaza así mismo el esclarecimiento de estos hechos reteniendo las informaciones pertinentes y que no impone una obligación perentoria de esclarecimiento por parte de instancias independientes del estado. 
Tal autoridad eclesiástica, confrontada a la crítica, no tiene derecho a una obediencia indiscutible. Por el contrario debe reconocer y tomar en serio la desobediencia de las católicas y los católicos comprometidos que quieren una reforma, desobediencia inspirada por la conciencia y presentada con argumentos. La autoridades eclesiásticas más bien tienen que exponer a la discusión intraeclesial sus estrategias de poder y de rechazo a las reformas y asumir públicamente la responsabilidad de sus hechos. Traemos a la memoria a Mateo 18, 18 en donde se considera que el poder de unir o desatar está en manos de la comunidad. Tiene que quedar en claro que el testimonio de la Escritura y los textos del Concilio Vaticano II tienen una autoridad mucho mayor que el Catecismo de la Iglesia Católica. Este Catecismo  tanto como el Código de Derecho Canónico 1983 pretenden ser fruto del Concilio cuando en realidad lo vacían de su contenido. No es señal de valentía que el Papa utilizara el ámbito protegido de la catedral de San Pedro para criticar durante la Liturgia lo que hasta la fecha no se ha atrevido a decir en una confrontación directa y argumentativa. Ante todo tendría que responder él mismo las preguntas que hizo a los otros en su homilía. Disimuladamente recrimina enérgicamente a los que critica. Por esta razón se le debe preguntar: 
¿Cómo puede acusar el Papa a las fuerzas de reforma, especialmente a los párrocos austríacos, que quieren transformar la Iglesia de acuerdo con sus propias ideas? Le preguntamos: ¿No quiere imponerle a la Iglesia una forma que no tiene fundamento bíblico? Es incuestionable que el desboronamiento de la pastoral y de muchas parroquias no sucede de acuerdo con el mensaje cristiano. Un Papa famoso por su inteligencia y capacidad teológica tendría que ser consciente de este contexto. 
• ¿Cómo puede el Papa acusar de falta de humildad y arbitrariedad a los párrocos que quieren una reforma y al mismo tiempo exigir sumisión bajo los intereses de poder de las autoridades eclesiásticas? Sin exponer razones les niega una fe “altruista”, “entregada” y “servicial” a los que firmaron el llamamiento. Al mismo tiempo calla cómo Roma se aferra sin compromisos a una estructura eclesiástica autoritaria y defiende los privilegios de una élite de poder jerárquico. Con consideraciones a cerca de la obediencia de Jesús que suenan espirituales se hace poco creíble. El Papa Benedicto al fin tiene que responder cómo debe actuar él frente a la “situación dramática de la Iglesia actual”. Así respondería a la pregunta que él mismo hizo. Sin dar una respuesta satisfactoria debilita su propia autoridad pues la Iglesia supera su crisis solamente si se sobrepone a la inmovilidad actual y a su visión retrógada. 
• ¿Por qué le falta precisión al Papa cuando habla sobre la verdadera renovación 
después del Concilio y sobre la vitalidad inesperada de tantos movimientos? Allí 
descubrimos el refuerzo del clericalismo en detrimento de la comunidad eclesial. 
Para las autoridades eclesiásticas sólamente el Opus Dei, los Legionarios de Cristo así como las organizaciones juveniles ultraconservadoras enriquecen a la Iglesia pues de allí provienen sacerdotes de obediencia subyugada. Por esto queremos oir de él qué piensa de las comunidades eclesiales de base en todo el mundo, de los innumerables grupos de reforma, de las iniciativas de mujeres capacitadas, de los vitales movimientos ocuménicos y de diálogo interreligioso o de las religiosas que desde hace ya mucho tiempo han asumido en muchos paises las tareas de los sacerdotes que  faltan. 
Todas las acusaciones del Papa Benedicto ignoran la importante y elevada responsabilidad de los que firmaron el “Llamamiento a la Desobediencia” en representación de muchos más. 
Merecen agradecimiento y reconocimiento por su valentía. Esperamos que la intervención papal no conlleve medidas prematuras inconsideradas que producirían otra pérdida mayor de credibilidad. Este hecho traería consecuencias catastróficas para la Iglesia católica-romana. 
Por esta razón las preguntas mencionadas deben formar parte de los diálogos que se van a llevar a cabo durante el “Año de la Fe” en el mundo entero. 
La plataforma “Somos Iglesia” propone por lo tanto que la situación, las propuestas de los suscriptores del llamamiento y su apreciación teológica se analicen intensamente con discernimiento justo. Para iniciar este proceso es preciso instalar por mediación del arzobispo de Viena, Christoph Cardenal Schönborn, una comisión de especialistas y responsables reconocidos. Esta comisión buscaría soluciones para salir de la crisis y las propondría al pueblo de la Iglesia. ¡Ojalá así se convierta el “Año de la Fe” en el “Año del Diálogo”. 
En nombre de la dirección de la Plataforma “Somos Iglesia” Austria: Hans Peter Hurka

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Cristianismo y homosexualidad Juan José Tamayo, teólogo

Cristianismo y homosexualidad Juan José Tamayo, teólogo

may292012
 

El Periódico

La fe no establece criterios para juzgar las cuestiones relacionadas con la sexualidad humana.
La incompatibilidad entre cristianismo y homosexualidad es una construcción ideológica de la jerarquía católica que se ha visibilizado escandalosamente con la homilía del obispo de Alcalá de Henares, Juan Antonio Reig Plà, y ha contado con el apoyo de la mayoría de sus colegas.

Sin embargo, carece de base tanto en el plano de la antropología
como en el de la fe cristiana.
Coincido con el teólogo holandés Edward Schillebeeckx en que no
existe una ética cristiana respecto a la homosexualidad. Se trata de una realidad humana que no puede desconocerse
y que debe asumirse como tal sin apelar a criterios morales excluyentes. No hay criterios específicamente cristianos para juzgarlo, como tampoco los hay para condenar las relaciones prematrimoniales, los métodos anticonceptivos, la fecundación in vitro o cualquiera de las cuestiones relacionadas con la
sexualidad humana.

POR ESO CREÍ justificada la protesta, e incluso la reacción indignada, de los obispos norteamericanos ante la carta intolerante e
hiriente del cardenal Ratzinger, cuando era presidente de la Congregación para la Doctrina de la Fe, contra la homosexualidad, que resulta contraria a los avances de la ciencia en esta materia, atenta contra la dignidad de las personas de esa orientación sexual, pone límites a la libertad individual y a los derechos humanos, lesiona el principio de igualdad y discrimina a los homosexuales
en la comunidad cristiana.

Como me parece igualmente justificado el veto del Ayuntamiento de
Alcalá de Henares a la presencia del obispo de la diócesis Reig Plà en los actos municipales oficiales por entender que sus ideas homófobas expuestas en la misa televisada perjudican la imagen de la ciudad.

Pero lo grave del caso es que sus hermanos en el episcopado, lejos de
ejercer con él la corrección fraterna, como recomienda el Evangelio, han hecho piña en torno a él (con contadísimas excepciones) siguiendo la vieja actitud eclesiástica de mantenella y no enmendalla y han acusado a la corporación municipal de desprestigiar
y perseguir a la Iglesia católica.

Muy distinta ha sido la actitud de la junta directiva de la mezquita deTerrassa que ha apartado del servicio religioso al imán que está siendo procesado por incitar en sus sermones a la discriminación y a la violencia contra las mujeres

Recurrir a la Biblia de manera descontextualizada, como hace el magisterio eclesiástico, para condenar la homosexualidad me parece un acto de fundamentalismo. Y ya sabemos en qué consiste la actitud fundamentalista en materia religiosa: en absolutizar lo relativo, simplificar lo complejo con respuestas de catecismo, leer los textos tenidos por sagrados en su literalidad sin mediación hermenéutica alguna y dar respuestas del pasado a preguntas del presente.

La mayoría de los textos bíblicos que citaba el cardenal Ratzinger
en aquella carta estaban sacados de contexto, eran interpretados
desde prejuicios homófobos y nada tienen que ver con la realidad
de la homosexualidad hoy.

La teología cristiana del matrimonio debe reformularse para incluir más respeto y libertad

La teología cristiana del amor no se reduce al matrimonio entre hombre y mujer, sino a toda relación humana basada en el compromiso de compartir proyectos de vida en común a través de unas relaciones igualitarias, simétricas y no opresivas. Y entre estos proyectos están los matrimonios homosexuales. Los cristianos y las cristianas homosexuales pueden vivir y viven de hecho la experiencia sexual de manera liberadora y gratificante, como la viven los cristianos
y cristianas heterosexuales, sin los traumas del pasado; más aún, sin la conciencia de culpa, sin la sensación de estar transgrediendo una orden divina eterna o un orden natural inmutable.

Quienes practican las relaciones sexuales en sus distintas
modalidades son conscientes de que la incompatibilidad en el
cristianismo no es la que se dan entre fe y homo o heterosexualidad,
entre ser cristiano y ser solidario, entre el amor a Dios y el amor interhumano, sino entre servir a dos señores, Dios y al dinero, conforme a la afirmación del Evangelio (Mateo 6,24).

Las opciones y las prácticas sexuales deben vivirse desde la libertad, desde el respeto a la alteridad, a través de una relación igualitaria y no opresiva. Las creencias religiosas deben contribuir a vivir dichas opciones y prácticas en ese espíritu, no poner trabas jurídicas que lo dificultan o impiden y no provocar más sufrimiento a quienes ya de por sí se sienten rechazadas por la sociedad.

LA TEOLOGÍA cristiana del matrimonio se elaboró en una cultura,
una sociedad y una religión homófobas y patriarcales, que imponían
la sumisión de la mujer el varón y la exclusión de los homosexuales
de la experiencia del amor. Hoy es necesario reformular dicha teología, para que sea inclusiva de las distintas tendencias
sexuales y de los diferentes modelos de familia. Libertad, respeto a la alteridad y relaciones libres de toda dominación son elementos fundamentales de toda comunicación entre seres humanos, cualesquiera
fueren sus tendencias y prácticas sexuales.

Director de la Cátedra de Teología y Ciencias de las Religiones (Universidad Carlos III).

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Profesión de fe de una comunidad cristiana popular

Profesión de fe de una comunidad cristiana popular

Profesión de fe de una comunidad cristiana popular 

Comunidad Cristiana Popular de Torrero III – Zaragoza

 Actualidad de Redes Cristianas

Somos cristianos católicos por casualidad, porque hemos nacido en esta parte del mundo. Sentimos que todos, cada uno desde su creencia, estamos llamados a la superación personal y como grupo, como Humanidad. Nos sentimos parte de este planeta, asediado por la crisis climática, la energética, la alimentaria y otras más, que llena de desolación nuestra Casa Común.

Nuestra fe se sustenta en las siguientes afirmaciones:

Creemos en el Dios de Jesús, en el Dios cuya esencia es el Amor

Creemos que Jesús de Nazaret es la manera humana de cómo Dios se hace visible, estando cerca de los que sufren, optando por los pobres, amando sin límites, trabajando por la Justicia y la Paz, viviendo con coherencia y en libertad.

Nos apasiona la propuesta de ese Jesús, el Reino de Dios, como proyecto utópico para toda la Humanidad y a ello nos sentimos llamados.

Sentimos que el mensaje del Evangelio sigue estando vigente para nuestros días, pero que hemos de darlo a conocer con un lenguaje distinto, adaptado a la modernidad y superando de una vez por todas el lenguaje y las formas medievales.

Nos sentimos Iglesia con todos los grupos y personas que viven en esta tensión de ser cristianos hoy con un estilo nuevo, como cristianos “mayores de edad”, buscando lenguajes y formas nuevas de expresar la fe y comprometiéndose con la tarea del Reino. Por eso creemos que nos enriquece compartir momentos de encuentro, reflexión y oración con grupos y movimientos cristianos como las CCPs, Redes Cristianas y Cristianas y Cristianos Hoy. Nos sentimos poco representados por la Jerarquía de la Iglesia católica, la cual sigue aferrada al poder, a la moral trasnochada y a defender a ultranza la Tradición sin evolucionar con el pensamiento humano ni con la sociedad actual.

También nos sentimos compañeros de camino con todas las personas, creyentes o no, que trabajan por el Ser Humano, por su dignidad, por la cultura de la no violencia y el respeto a toda forma de vida, por una cultura de la solidaridad y un orden económico justo, por una cultura de la tolerancia y la vida veraz, por una cultura de la igualdad y la colaboración entre el hombre y la mujer.

Creemos que los Derechos Humanos y la Democracia son logros a defender y a propiciar en nuestras sociedades y también en la Iglesia.

Reconocemos que las mujeres han estado sometidas a los hombres desde siempre y que hemos de seguir reivindicando la igualdad de derechos y oportunidades en todos los ámbitos, incluido el eclesial.

Creemos en el compromiso político, sindical, asociativo, y social como medio necesario para transformar nuestra realidad, nuestro mundo y hacer avanzar a las sociedades. Nos sentimos más cercanos a la ideología política de izquierda, aunque reconocemos que todos los discursos políticos han cometido excesos en un momento u otro de la historia de la Humanidad. Pensamos que el actual caos económico-financiero está causado por la avidez del sistema capitalista basado en la explotación sin límites del planeta, en la producción sin límites y en el consumo sin límites, ideas todas ellas inviables.

Creemos también que nuestro trabajo como padres y madres para educar a nuestros hijos y que nuestra responsabilidad en el trabajo profesional bien hecho aportan nuestro grano de arena en la construcción de un mundo mejor.

Manifestamos que vivir la fe en comunidad nos ayuda a vivir y trabajar en esta línea y por ello nos sentimos privilegiados. Nuestra vida comunitaria viene marcada por el compartir y revisar los proyectos de vida, formarnos y reflexionar sobre temas sociales y de fe, la Revisión de Vida como medio para ir mejorando como personas e instarnos al compromiso, la oración y la eucaristía comunitaria, y por la convivencia familiar y lúdica.

Nos sentimos incómodos en las celebraciones religiosas tradicionales cargadas de sentido “cultual” y alejadas de las formas y pensamiento actuales. Preferimos unas celebraciones más espontáneas y participativas, con nuevas formas litúrgicas y donde no haya nadie que diga lo que tiene que hacer el resto.

Respetamos a los cristianos que no piensan como nosotros y pedimos el mismo respeto, sin excomuniones ni silenciamientos. Sentimos que estamos llamados a entendernos, al igual que con el resto de creyentes de otras religiones, a propiciar el diálogo interreligioso.

Sentimos que lo que podemos seguir compartiendo con el resto de CCPs es la reflexión conjunta, la interpelación mutua, las celebraciones a nuestro estilo y dar a conocer nuestra manera de vivir la fe.

Mayo de 2012.

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Martín Velasco: "Ojalá escuchéis su voz"

Martín Velasco: "Ojalá escuchéis su voz"


Presentación del libro de Juan Martín Velasco

El Colegio Mayor Chaminade acogió la presentación de "¡Ojalá escuchéis su voz!" (PPC)

Martín Velasco: "No se trata de refundar la Iglesia, sino de darle un rostro creíble para los hombres de nuestro tiempo"

Laboa: "Somos una generación 'perdida' porque descubrimos el Concilio"

Jesús Bastante, 25 de mayo de 2012 a las 09:33

(Jesús Bastante).- No fue un homenaje, porque él mismo no lo hubiera permitido, pero se le pareció mucho. El Colegio Mayor Chaminade de Madrid acogió ayer la presentación de "¡Ojalá escuchéis su voz!", la última obra del profesor Juan de Dios Martín Velasco que edita PPC y que recoge buena parte de sus últimos artículos publicados en 21RS y la revista dominical. Junto a él, distintas generaciones de cristianos y, en el ambiente, un aroma -tal vez nostálgico- a Concilio Vaticano II.

"He hablado de la Iglesia, para bien y para mal, expresando el dolor al ver cómodeterminadas formas de realizarse en la iglesia parecen no ser fieles al Evangelio", apuntó el autor, que fuera rector del Seminario de Madrid en tiempos de Tarancón, y maestro de muchos de los que allí acudieron a reconocer su obra y su vida. A sus 78 años, aseguraba "haberlo hechodesde el interior de la Iglesia, y desde el amor a la Iglesia, y siempre incluyéndome en la crítica".

Una crítica que basa en distintas convicciones: "Lo primero, Dios", Lo segundo, "no sin los otros. Que mi visión de las cosas dialogue con la que otros ofrecen de su realidad". Y es que "Dios nos está hablando todos los días" y la clave está, entonces, en "escuchar precisamente hoy". Sin rendir absoluta pleitesía a las mediaciones ni caer en el error de considerar que las propias "tienen el monopolio exclusivo de la verdad".

"Hay que relativizar la idea de encerrar a Dios en un conjunto de doctrinas y de verdades", recalcó Martín Velasco, quien insistió en que "nuestra fe es sólo fe en Dios, aunque profundamente eclesial. No se trata de refundar la Igleia, ni de crear una Iglesia paralela, sino darle un rostro creíble para los hombres de nuestro tiempo. Una Iglesia intelectualmente habitable, compañera del sufrimiento de la Humanidad".

A su lado, Juan María Laboa reivindicó a la que dio en llamar, en palabras del Nuncio Tagliaferri, "generación perdida". "No debimos ser tan malos, porque algunos, como el cardenal Rouco, también son de nuestra edad". Tal vez, apuntó Laboa, les tachen de"peligrosos" por "haber encontrado el Concilio", frente a otras generaciones "que han llegado decir que Jesús era un burgués porque era hijo de un carpintero, o que no quieren concelebrar porque la Eucaristía es entre él y Dios. ¿Cómo van a rezar en comunidad, si no entienden?".

Sobre el libro, pero también sobre esa generación, Laboa reivindicó la búsqueda de la "democracia", entendida como "la igualdad de los hijos de Dios. Es un libro que nos respalda, da argumentos, es fácil de leer, y nos muestra cómo convivir, dentro de la Iglesia, gentes de distintas sensibilidades... Y es que tal vez estamos todos un poco perdidos, y esto puede centrar a unos y a otros".

Por su parte, Luis Aranguren, de PPC, destacó la "teología de la vida cotidiana" que se refleja en los escritos de Martín Velasco, "un auténtico regalo para movernos en la Iglesia en estos tiempos de incertidumbre". "Juan nos reconforta, sacude y espabila, porque si bien es cierto que una forma de Cristianismo se está desmoronando, entre sus ruinas están apareciendo cosas nuevas, desde dentro".

Había distintas generaciones en la presentación de ayer. Representando a la de aquellos que no vivimos durante el Concilio se encontraba Mª Ángeles López, redactora jefe de 21RS, quien recordó cómo uno de sus primeros "fichajes" para la entonces Reinado Social fue precisamente el de Martín Velasco. "Un hombre sabio, tranquilo, sencillo, humilde, bienhumorado, generoso", cuyas ideas "siguen vigentes y son motivos de esperanza, de inclusión, de una Iglesia de fraternidad".

Finalmente, José Luis Segovia, alumno como tantos de Martín Velasco en el Seminario de Madrid, reivindicó la figura del autor, "que nos enseñaba sobre Dios, y no hablaba sólo de oídas sobre Él". Segovia destacó la pasión del homenajeado por "facilitarnos el acceso al Misterio de Dios, al de un Dios al que tenemos que dejar ser Dios, sin olvidar el riesgo permanente de idealizar las mediaciones. Hay que relativizar lo relativo, y absolutizar lo absoluto".

Para Segovia, Martín Velasco "apuesta decididamente por lo cristiano como estilo de vida, y por la Iglesia del Concilio Vaticano II, alejándose de cualquier restauracionismo o giro copernicano", y defendiendo "un ministerio abierto al diálogo con el mundo y capaz de vivir en la horizontalidad y la fraternidad".

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Jesús, indignado con el patriarcado. Juan José Tamayo, teólogo

Jesús, indignado con el patriarcado. Juan José Tamayo, teólogo

Indignado con el patriarcado

Juan José Tamayo, teólogo

Jesús mostró su indignación de manera especial con la sociedad y la religión patriarcales de su tiempo. El cristianismo histórico ha mantenido oculta esa actitud durante muchos siglos, ya que las iglesias cristianas se han configurado patriarcalmente y necesitaban legitimar dicha configuración a través de una imagen igualmente patriarcal del propio Jesús, de su mensaje y su práctica.

Tampoco la exégesis y la teología fueron capaces de descubrir esa indignación, ya que han operado hasta muy recientemente con métodos histórico-críticos androcéntricos, que resultaban patriarcales en la comprensión de la realidad, en la traducción e interpretación de los textos y en las imágenes que ofrecían de Jesús en la predicación, la catequesis, los tratados
de teología y los libros de piedad.

Hoy, gracias sobre todo a la hermenéutica y a la teología feministas
de la sospecha y a los estudios de antropología cultural y de sociología del Nuevo Testamento, del cristianismo primitivo y del
Jesús histórico, se está poniendo de manifiesto la centralidad de la indignación de Jesús contra el patriarcado religioso, político, social y jurídico de su tiempo.

Jesús reconoce a las mujeres la dignidad que el judaísmo ortodoxo les negaba en todos los órdenes. Pone en cuestión las leyes penales
que condenaban con más severidad a las mujeres que a los varones, como la lapidación por adulterio y el libelo de repudio. En la escena
evangélica de la mujer adúltera hay dos elementos a tener en cuenta en la conducta de Jesús: a) echa en cara a los acusadores su doble
moral; b) perdona a la mujer, eximiéndola del castigo que le imponía la ley.

Valora muy positivamente el gesto generoso de la mujer que se presenta en casa del fariseo Simón, donde estaba Jesús comiendo,
y derrama sobre él un frasco de perfume, lo que demuestra cercanía, e incluso ternura, hacia Jesús y reconocimiento simbólico de su mesianidad. En otra ocasión Jesús osa afirmar, con harto escándalo para las autoridades religiosas, que las prostitutas, los pecadores y
los publicanos precederán en el reino de los cielos a los fieles cumplidores de la ley.

Tal modo de actuar entra en confl icto con la rigidez de los guardianes de la ley.
Pone en marcha un movimiento igualitario de hombres y de mujeres, donde el sexo no es motivo de discriminación ni de reconocimiento
especial en el movimiento de Jesús.

El elemento común a unos y otras dentro del grupo es el seguimiento del Maestro, que exige: compartir su estilo de vida pobre, acoger su
enseñanza y anunciar el reino de Dios como buena noticia a las personas pobres y marginadas.

Así lo pone de manifi esto un texto de Lucas que ha pasado desapercibido durante mucho tiempo: Lc 8, 1-3. Jesús reconoce a las
mujeres la dignidad y la ciudadanía que les negaban la religión, la sociedad y el Imperio romano. La actitud integradora e inclusiva de
Jesús provocó necesariamente confl icto, constituyó un desafío a las estructuras patriarcales del judaísmo y a su discurso androcéntrico, e implicaba un cambio revolucionario no solo en el terreno religioso, también en el político y el social.

Las mujeres jugaron un papel determinante en la expansión del movimiento de Jesús fuera de las fronteras de Israel. Así parecen
indicarlo dos relatos evangélicos pertenecientes a dos tradiciones diferentes: el de la Samaritana, difusora de la Buena Noticia de Jesús en medio de un pueblo heterodoxo a los ojos de los judíos (Jn 4), y el de la Sirofenicia, mujer pagana que pide a Jesús la curación de su hija, poseída por un espíritu inmundo (Mc 7, 24-
30; Mt 15, 21-28) y consigue vencer sus iniciales resistencias, hasta convertirlo a la concepción universalista de la salvación.

Pero donde se rompen todos los esquemas patriarcales de la sociedad y la religión judías es en los relatos de la Resurrección.
Las mujeres, cuyo testimonio carecía de todo valor en los juicios porque se las consideraba mendaces por naturaleza, aparecen como las
primeras testigos del Resucitado. Los Doce aparecen como testigos indirectos que acceden al conocimiento de la resurrección a través
de las mujeres. La actitud de aquellos ante el testimonio de las mujeres concuerda con el comportamiento adoptado durante el proceso
de Jesús: si entonces huyeron, ahora se muestran reticentes y desconcertados.

Como judíos misóginos, no creen a las mujeres.
Tal fue el empoderamiento que dio a las mujeres la experiencia de la Resurrección que Pablo las excluyó de la lista de las apariciones,
sustituyéndolas por los Doce y a María Magdalena por Pedro (1 Cor 15, 3-8). Pero ello no fue óbice para que el mismo Pablo reconociera la igualdad entre los hombres y las mujeres (Gálatas 3,26-28) y para que estas tuvieran responsabilidades directivas en las comunidades paulinas.

Coincido con Suzanne Tunc: “¡Ellas (las mujeres) son el eslabón
indispensable de la transmisión del mensaje evangélico, e incluso el eslabón esencial para nuestra fe en Cristo resucitado”. Y voy más
allá todavía: sin el testimonio y la experiencia de la Resurrección por parte de las mujeres, no hubiera nacido la Iglesia cristiana.

Ellas se encuentran en los orígenes y en el primer desarrollo del cristianismo. Después sufrieron una marginación que dura hasta hoy, sin visos de cambio, al menos institucionalmente.
En las bases, sí hay cambios, que han dado lugar al nacimiento de la teología feminista.

(Información publicada en el periódico Escuela Nº 3946 del 24/5/2012)

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Redacción, 27 de abril de 2012 a las 16:51

El juez ha ordenado al Ministerio de Educación (MEC) que en un plazo de cinco días proceda a reponer en su antiguo puesto en el CEIP Ferrer Guardia del barrio de La Cañada, en Almería, a la docente de ReligiónResurrección Galera pero sólo hasta que finalice el presente curso escolar el próximo 31 de agosto. Al tiempo, ha determinado que debe serle abonada la cantidad de poco más de 42.000 euros en concepto de salarios de tramitación.

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