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Cuarenta años de ‘Jesucristo Liberador’ Leonardo Boff

Cuarenta años de ‘Jesucristo Liberador’ Leonardo Boff

Cuarenta años de ‘Jesucristo Liberador’

Leonardo Boff, Teólogo, filósofo y escritor
oct 092012

Traducción: ADITAL
Entre los días 7 y 10 de octubre se está realizando en São Leopoldo en el Instituto Humanitas de la Unisinos (universidad jesuita en Rio Grande do Sul), la celebración de los 40 años del surgimiento de la Teología de la Liberación. Allá se encuentran los principales representantes Latinoamericanos de esta teología, destacando, su primer formulador, el peruano Gustavo Gutiérrez. Curiosamente durante el mismo año 1971, sin que uno supiese de los otros, tanto Gutiérrez (Perú), como Hugo Assman (Bolivia), Juan Luis Segundo (Uruguay) y yo (Brasil), lanzábamos nuestros escritos, tenidos como fundadores de este tipo de teología. ¿No sería la irrupción del Espíritu que soplaba en nuestro Continente signado por tantas opresiones?

Yo, para burlar los órganos de control y represión de los militares, publicaba cada mes del año 1971 un artículo en una revista para religiosas ‘Sponsa Christi’ (Esposa de Cristo) con el título: Jesucristo Liberador. En marzo de 1972 reuní los artículos y arriesgué su publicación en forma de libro. Tuve que esconderme durante dos semanas, pues la policía política me buscaba. Las palabras “liberación” y “libertador” habían sido desterradas del lenguaje colectivo y no podían usarse públicamente. Costó mucho trabajo al abogado de la Editora Vozes, quien fuera soldado de las fuerzas brasileñas que combatieron en Italia al nazi-fascismo, poder convencer a los agentes represivos del régimen, que mi obra, era un libro de teología, con muchos rodapiés y citas de autores alemanes, que no amenazaba al Estado de Seguridad Nacional.

¿Cuál es la singularidad de este libro (actualmente ya en su 21ª edición)? El presentaba, fundamentada en una exegesis rigurosa de los evangelios, una figura de Jesús como libertador de diversas opresiones humanas. Con dos de ellas, el se confrontó directamente: la religiosa, expresada en la forma de fariseísmo de la estricta observancia de las leyes religiosas. La otra, política, la ocupación romana que implicaba reconocer al emperador, como “dios” y aceptar la penetración de la cultura helenística pagana en Israel.

A la opresión religiosa Jesús contrapuso una “ley” mayor, la del amor incondicional a Dios y al prójimo. Prójimo para él es toda persona a la cual me aproximo, especialmente los pobres e invisibles, aquellos que socialmente no cuentan.

Ante la opresión política, en vez de someterse al Imperio de los Césares, el anunció el Reino de Dios, un Delito de lesa-majestad. Este Reino suponía una revolución absoluta del cosmos, de la sociedad, de cada persona y una redefinición del sentido de la vida a la luz de Dios, llamado Abba, que significa papacito bondadoso y lleno de misericordia, que hace que todos puedan sentirse sus hijos e hijas, y al mismo tiempo, hermanos y hermanas entre sí.

Jesús actuaba con la autoridad y convicción del alguien enviado por el Padre, para liberar la creación herida por injusticias. Manifestaba un poder que aplacaba tempestades, curaba enfermos, resucitaba muertos y colmaba de esperanza a todo el pueblo. Algo realmente revolucionario iba a acontecer: la irrupción del Reino que es de Dios, pero también de los humanos por su repuesta comprometida.

Al enfrentar las dos opresiones, asumió un conflicto que lo llevó a la cruz. Por ello, no murió en la cama, rodeado de discípulos. Más bien, fue ejecutado en la cruz como consecuencia de su mensaje y de su práctica.

Todo indicaba que su utopía sería frustrada. Pero he aquí, que se manifiesta un hecho sin precedentes: la hierba no creció sobre su tumba. Mujeres anunciaron a los apóstoles que Él había resucitado. La resurrección no debe identificarse con la reanimación de su cadáver, como el caso Lázaro. Mas bien, hay que entenderla como la irrupción de un ser nuevo, que no está sujeto al espacio-tiempo y a la entropía natural de la vida. Por eso atravesaba paredes, aparecía y desaparecía. Su utopía del Reino, como transfiguración de todas las cosas, al no haber sido posible su realización global, se concretizó en su persona mediante la resurrección. Es el reino de Dios concretizado en él.

La resurrección es el dato mayor del cristianismo sin el cual no se sostiene. Sin este evento bienaventurado, Jesús sería como tantos profetas sacrificados por los sistemas de opresión. La resurrección significa la gran liberación y al mismo tiempo, una insurrección contra este tipo de mundo. Quien resucita no es un César o un Sumo Sacerdote, sino un crucificado. La resurrección da la razón a los crucificados de la historia por la justicia y el amor. Ella nos asegura que el verdugo no triunfa sobre la víctima. Significa la realización de las potencialidades ocultas en cada uno de nosotros: la irrupción del hombre nuevo. ¿Cómo entender a esta persona? Los discípulos le atribuían muchos títulos, Hijo del Hombre, Profeta, Mesías y otros. Por fin concluyeron: humano así como Jesús, sólo puede ser Dios. Y comenzaron a llamarlo Hijo de Dios.

Anunciar un Jesucristo liberador en el contexto de opresión que existía y aún persiste en Brasil y en América Latina era y es peligroso. No sólo para la sociedad dominante; también, para ese tipo de iglesia que discrimina a las mujeres y los laicos. Por lo que su sueño siempre será retomado por aquellos que se niegan a aceptar el mundo tal como existe. Quizás sea este el significado de este libro escrito hace 40 años.

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 El padre Ángel, junto al cardenal Maradiaga y el obispo de Alejandría El padre Ángel, junto al cardenal Maradiaga y el obispo de Alejandría
Créditos: sssss

Maradiaga: “La pobreza es el mayor enemigo de la paz, y la solidaridad es la salida”

El cardenal hondureño puso el broche de oro a los 50 años de Mensajeros de la Paz
Padre Ángel: “Es una gozada trabajar por los demás”
Jesús Bastante, 03 de octubre de 2012 a las 08:23

(Jesús Bastante).- "La pobreza es el mayor enemigo de la paz, y la solidaridad es la salida del problema de la pobreza". El cardenal de Tegucigalpa y presidente de Cáritas Internationalis, Óscar Andrés Rodríguez Maradiaga, puso anoche el broche de oro a la celebración por los 50 "primeros años" de Mensajeros de la Paz.

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"Cuidar la vida. Cuestiones bioéticas"

"Cuidar la vida. Cuestiones bioéticas"

"Cuidar la vida", primer libro de Masiá en la colección RD-Herder

El libro se presentará este jueves, a las 19 horas, en el Colegio Mayor Chaminade de Madrid

"Cuidar la vida. Cuestiones bioéticas", primer libro de Juan Masiá en la colección Religión Digital-Herder

"Nunca antes la vida se había encontrado tan amenazada como hoy en día"

"Cuidar la vida. Cuestiones bioéticas", deJuan Masiá, sj.,  es el primer título de la nueva colección de libros que lanzan el principal portal de información socio-religiosa en castellano, Religión Digital y la prestigiosaHerder Editorial, referente en filosofía y religión. El libro se presentará este jueves 20 de septiembre, a las 19 horas, en el Colegio Mayor Chaminade (Paseo Juan XXIII, 9 de Madrid, Metro Metropolitano).

Se trata de una colección divulgativa, pero con rigor, en la que se abordarán todos los temas relacionados con la teología, el diálogo fe y sociedad y los actuales signos de los tiempos con autores de primer nivel.

El primer título de esta colección en palabras de su autor, uno de los mayores expertos mundiales en bioética, Juan Masiá S.J.: "El tema de la bioética es, dicho en dos palabras, cuidar la vida. Nunca hemos tenido tantas posibilidades de cuidarla como en la actualidad, referente a aspectos relacionados con multitud de factores: higiene, sanidad, ginecología, pediatría, geriatría, trasplantes, paliativos, transgénicos... Pero nunca antes la vida se había encontrado tan amenazada como hoy en día: guerras, violencias, reparto injusto de los bienes, abusos de la tecnología, destrucción del entorno... En la actualidad podemos cuidar la vida más y mejor, pero también podemos destruirla con mayor facilidad".

Según Masiá, "en el encuentro de éticas laicas y perspectivas religiosas, las posturas teológicas han de renunciar al dogmatismo y al monopolio de la moral. En el interior de las éticas teológicas, hay que hacer posible la discrepancia sin disidencia frente a las instancias magisteriales y la crítica de la tradición con fidelidad creativa".

El autor
Juan Masiá Clavel, jesuita residente 40 años en Japón, profesor de Antropología y Bioética en las Universidades Sophia (Tokyo, 1970-1989) y Comillas (Madrid, 1989-1998), ex-Director de la Cátedra de Bioética de la U.P. Comillas (2004-2006), es actualmente investigador del Instituto Interreligioso para la Paz (WCRP, Tokyo) y profesor de Ética en las universidades de Bunkyo, Sophia y Santa Catalina (Japón).
Ha publicado en japonés, entre otras, las obras siguientes: Temas de Bioética, Teología de la liberación, Anatomía de la moral. Entre sus publicaciones en español: El animal vulnerable (1997), Bioética y Antropología (1998), Moral de interrogaciones (2000), Tertulias de Bioética (2005), Bioética y Religión (2007), Vivir en la frontera (2009).

Extractos

Bioética
"Bioética es una ética de la gestión responsable de la vida humana en el marco de los rápidos avances biomédicos, hay que replantear los límites de lo terapéutico o las fronteras entre terapia e investigación".

Ciencia y fe
"Ciencia y fe se hallan emparentadas. La ciencia es hija de «doña Interrogación». La fe es hija de «doña Escucha». Las madres se asemejan, con herencia genética de audacia y decisión, en incertidumbre. La interrogación científica crea hipótesis, confiando en los descubrimientos. La escucha fiduciaria se atreve a esperar que se desvelen revelaciones. Ambas son capaces de buscar, cuestionar y cambiar de parecer ante la presencia de nuevos datos, sin dejarse contagiar por el sín¬drome del miedo al relativismo. Pero las ideologías, ya sea con máscara de ciencia o de fe, ni dudan ni inquieren: se aferran a certezas engañosas, anhelando seguridades. Pseudociencia y pseudoreligión son el uniforme de fanatismos dogmáticos".

¿Bebé-medicamento o bebé-esperanza?
"Cuando se anunció en los medios que una familia buscaba, mediante selección genética, un hijo que salvase como donante la patología de su hermano enfermo, me alegré ante «una criatura que nace dando vida» y propuse no hablar de selección, sino de solidaridad genética. Me desagrada que se llame «bebé-medicamento» a la cria-tura procreada así. Hay calificativos mejores: «bebé-esperanza», «vida que nace dando vida», «criatura esperanzadora y solidaria», etc. «Bebé-medicamento», nombre por desgracia arraigado en titulares, proviene de las quejas de un portavoz episcopal, para quien esa criatura representa un medio o medicamento y no una persona. Pero ese recién nacido no es cosa, sino persona; no es medicamento, sino hermano solidario, donante de vida al hermano y alegría para su padre y madre, que con amor lo procrearon".

Jugando a ser Dios
"Muy manida es la expresión Playing God, «jugar a ser dioses o aprendices de brujo», tanto para promocionar ese juego como para criticarlo. Habría que decir, con más optimismo científico y filosófico, que es misión conferida al ser humano por el mismo Dios el jugar el papel creador, con tal de que lo haga responsablemente. Si la manipulación biológica desembocase en la aparición de nuevas formas de vida en el laboratorio, no sería sino un resultado más de la creatividad puesta por el creador en las criaturas. Dios ha creado criaturas creadoras que cooperan en la creación, dice la teología renovada más reciente".

Acoger el proceso prenatal
"Lo leímos en un boletín parroquial, que se quejaba así: «Fabricar niños en el laboratorio es impropio de la dignidad humana, porque se trata de un acto de producción. Los niños no se deben producir, hay que procrearlos». Lo afirmaba un teólogo, vocero oficial de un episcopado, conocido en los medios por sus frecuentes intervenciones pesimistas y condenatorias. Habrá que corregir su texto, si aspira a un aprobado en ética. Porque la fecundación médicamente asistida es auténtica procreación, es decir, cooperación a la obra creadora: la nueva criatura viene al mundo mediante un proceso en el que es engendrada, gestada y alumbrada. Sus progenitores, su familia y la sociedad más cercana acogen esa nueva vida acompañando el proceso de su nacimiento".

Aborto
"En situaciones límite, el aborto conlleva serios conflictos morales. Pero no deberían formularse como colisión de derechos entre madre y feto, sino como conflicto de deberes en el interior de la conciencia de quienes quieren (incluida la madre) proteger ambas vidas, la de madre y la del feto. En los casos trágicos no hay soluciones prefabricadas. Se requiere flexibilidad para no condenar ninguna de las diversas posturas adoptadas en esas situaciones por diversas personas. Las campañas de mal gusto -por ambos extremos, pro abortistas y antiabortistas- impiden el debate ecuánime. Ni las religiones deberían enarbolar banderas de excomunión, ni las presuntas posturas defensoras de la mujer deberían jugar demagógicamente con la apelación a derechos ilimitados de esta para decidir sobre su cuerpo en supuesta colisión con la exigencia de respeto por parte del feto. El aconsejamiento moral o religioso, así como el psicológico, cumplen su papel de acompañar a las personas en sus tomas de decisión, pero sin decidir en su lugar ni condenarlas".

Situaciones terminales
"Lo principal en situaciones terminales no es trazar una línea para decidir si se pone un calmante, o si se retira la prolongación artificial de la vida biológica. Lo decisivo es cómo humanizar el proceso de morir. Lo deshumaniza la prolongación inútil de la agonía con recursos tecnológicos exagerados, así como el no aliviar el dolor, paliar o sedar, por miedo a ser acusados de acelerar la muerte. Se hace así difícil asumir la propia muerte y acompañar a quienes mueren".

RD/Herder, 17 de septiembre de 2012 a las 09:36

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Educación acepta la sentencia del Supremo sobre la clase de religión

Educación acepta la sentencia del Supremo sobre la clase de religión

Ha adaptado el proceso de matriculación

FERE-CECA presentó un recurso al Tribunal Superior extremeño

Redacción, 09 de agosto de 2012 a las 17:34

La Consejería de Educación y Cultura ha manifestado que ha adaptado el proceso de matriculación para el curso 2012-13 a los criterios que fija una sentencia del 12 de abril de 2012 del Tribunal Supremo y que afecta a ciertos aspectos sobre la regulación de las enseñanzas de religión.

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Espaldarazo del Tribunal Supremo a la clase de Religión

Espaldarazo del Tribunal Supremo a la clase de Religión

Clase de Religión

Rechaza que el silencio de los padres signifique no optar a esa materia

Espaldarazo del Tribunal Supremo a la clase de Religión

Da la razón a la Federación Española de Religiosos de la Enseñanza y a las diócesis vascas

Redacción, 09 de agosto de 2012 a las 11:28

El Tribunal Supremo ha anulado las normas que regulan la enseñanza de religión en Extremadura y País Vasco por exceder lo establecido en leyes de rango superior, ya que, en el primer caso, la administración se arroga la capacidad de interpretar el silencio de los padres como que sus hijos no optan a esa materia y, en el segundo, no se ofrecen alternativas a esa asignatura.

En el caso de Extremadura, el TS ha revocado el artículo 11.2 de la Orden de la Consejería de Educación de 2008 sobre las enseñanzas de Educación Infantil por establecer que cuando los padres o tutores "no manifestaran expresamente, a comienzos de cada curso escolar, la voluntad de que sus hijos reciban la enseñanza de religión, se entenderá que no optan" a ella.

Para la Sala de lo Contencioso-Administrativo del TS, de las normas de superior rango -como la Ley Orgánica de Libertad Religiosa o la Ley Orgánica de Educación-, se deduce que "debe salvarse el defecto consistente en la falta de elección de los padres o tutores (...) mediante el correspondiente requerimiento para que efectúen dicha opción".

Por ello, añade la Sala, "no interpretamos que pueda la administración o cada centro suplir la falta de opción de los padres".

"La administración carece, por lo tanto, de competencia para decir que sí, que no, y también para interpretar el silencio, al menos, a través de esta norma reglamentaria doméstica", destaca la sentencia del Tribunal Superior de Justicia de Extremadura, que ahora confirma el Supremo, que impone además a la Junta extremeña el pago de 3.000 euros por las costas del recurso contra esa resolución.

Currículo en el Bachillerato

Respecto al País Vasco, el Alto Tribunal ha echado atrás en otra sentencia el decreto de 2009 por el que se regula la implantación del currículo de Bachillerato, al no contemplar en su disposición adicional primera ninguna actividad alternativa a la enseñanza de religión.

La Sala entiende que el decreto no configura la enseñanza de la religión en la forma establecida "en el bloque normativo estatal", sino que "determina el incumplimiento del mismo al no asegurar el  tratamiento 'en condiciones equiparables a las demás disciplinas fundamentales', al no establecerse alternativa o disciplina académica equiparable".

A juicio del Supremo, la falta de alternativa a esa asignatura provocaría "un efecto disuasorio de los alumnos (o sus padres) que potencialmente podrían elegirla", al no estar incluida en la etapa de Bachillerato "dentro del horario lectivo mínimo".

Alternativa a la asignatura

Anula así la sentencia del Tribunal Superior de Justicia del País Vasco, que consideró "de forma errónea" que la ausencia de una actividad alternativa a la religión no suponía vulnerar el acuerdo con la Santa Sede.

Según el TS, "la peculiaridad propia de la enseñanza de la religión dentro de nuestro modelo de Estado aconfesional (...) impide igualar lo no igual, pero sí permitir una equiparación a alternativas académicas que permitan cumplir esos mandatos" legales.

En estas dos sentencias, el Supremo da la razón a la Federación Española de Religiosos de la Enseñanza-titulares de Centros Católicos (FERE-CECA), que impugnó la norma extremeña, y a las diócesis de San Sebastián, Vitoria y Bilbao y a la asociación Kristau Eskola, que recurrieron la de su comunidad autónoma. (RD/Efe)

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Ivone Gebara, brasileña, monja y feminista: ‘Es un derecho pensar diferente’

Ivone Gebara, brasileña, monja y feminista: ‘Es un derecho pensar diferente’

 

Adital

Página 12
–¿Por qué quiso ser monja?
–Es una larga historia. Yo siempre había estudiado en escuela de monjas pero nunca había querido ser monja. Pero de repente, en los años ’60 entré en la universidad para estudiar Filosofía y me encontré con algunas monjas que estaban muy conectadas políticamente y trabajaban con las poblaciones pobres, y empezó a dibujarse para mí como una alternativa de vida. No lo tenía tan claro pero me parecía una vida más libre que la vida de familia y tener pareja.

Suena raro que haya ido a un convento en busca de libertad…

–Es que nunca me he sentido encerrada. A veces iba a conferencias en la Universidad de San Pablo, que era un foco de lucha antidictadura, y tenía la llave de la casa de las monjas. Mi historia fue de búsqueda de libertad. No soporto que me impidan pensar. Es un derecho pensar diferente. Y ésa ha sido la clave de mi vida, con todos los tropiezos y las contradicciones, porque a veces una no ve claro, y va por un camino y después no es por ahí.

–Realmente suena contradictorio que una mujer busque libertad dentro de una estructura patriarcal, machista y conservadora como la Iglesia Católica. ¿Cómo se entiende?

–Sí, muy contradictorio. Cuando entré en la vida religiosa, fue en 1967, cuando tenía 22 años. Era el momento de los grandes cambios de la Iglesia Católica, justo después del Concilio Vaticano II. Las congregaciones religiosas eran invitadas a aggiornarse. Fue el tiempo en que dejamos las instituciones para vivir entre los pobres. Y ésa ha sido una característica de la vida de las mujeres: salir de las instituciones y vivir en las comunidades populares. Para mí era una vida llena de desafíos.

Desde que era estudiante quería cambiar el mundo. Siempre me pareció una injusticia que hubiera gente tan, tan rica y gente tan, tan pobre. Pensaba que algo se podía hacer. La vida de las monjas me parecía “un” camino, no “el” camino, que se ajustaba un poco a mi tradición familiar, donde había sido muy protegida y resguardada.

–¿Su familia era muy religiosa?

–No. Vengo de una familia de inmigrantes siriolibaneses, con todos los miedos que los inmigrantes tienen sobre todo con las chicas, que los lleva a no permitirles que salgan solas. Soy hija de la primera generación en Brasil. Luché mucho por ir a la universidad. Mis padres no querían. No por el hecho de no querer que yo estudiara, pero sí porque pensaban que el mundo podía ser peligroso para mí. Esas cosas nunca me entraron. Siempre he sido una rebelde. Siempre he sido una peleona dentro de las estructuras familiares.

–¿No se sintió limitada en el convento con ese espíritu tan rebelde?

–No puedo decir que no hubo cosas que me limitaban. Claro, hubo, como en todas las formas de vida. Pero una característica de mi congregación es que hay que respetar la libertad de las personas. Eso es muy fuerte. Y llega a veces a ser bastante contradictorio.

–¿Cuál es su congregación?

–Hermanas de Nuestro Señor, una congregación de origen francés, sólo de mujeres. Estamos en muchos países, Francia, Bélgica, Holanda, Inglaterra, Vietnam, Hong Kong, y en Latinoamérica, en Brasil y México.

–¿Cómo es el vínculo de las congregaciones de mujeres con el Vaticano?

–Oficialmente hay un vínculo de dependencia en el sentido de que la organización de las congregaciones es aprobada por el Vaticano. Algunas mujeres se han sometido, pero nosotras hemos querido hacer lo que creíamos, que era nuestra interpretación del Evangelio. Siempre hemos peleado incluso con el Vaticano, discutiendo nuestros textos.

–¿La suya es una congregación feminista?

–No. Hay poquísimas monjas feministas en la congregación. No sé si puedo nombrar más de cuatro conmigo.

–¿Cómo empezó a incorporar la conciencia de género?

–Yo pertenecía a la Teología de la Liberación. Siempre trabajé desde la perspectiva de la liberación de los pobres, de los movimientos sociales y políticos. El foco era cambiar el mundo desde los pobres. Yo sabía que existía el feminismo, conocía algo del feminismo norteamericano, brasileño y argentino. Pero en la Teología de la Liberación, sobre todo los varones más eminentes, nos decían que el feminismo era cosa de América del Norte, que el feminismo en Latinoamérica era importado.

En tanto militante de la Teología de la Liberación trabajaba en el Instituto de Teología de Recife dando charlas. Siempre, siempre había una sospecha en relación al feminismo. Hasta que mi camino y el del feminismo se cruzaron de muchas maneras. Una primera manera fue con una mujer de un barrio popular, adonde yo iba a dar clases para los obreros varones sobre la Biblia. Iba una vez por mes a la casa de uno de ellos, donde se reunían ocho a diez obreros. Estudiábamos la Biblia desde una perspectiva social, para fundamentar las huelgas, las reivindicaciones laborales.

Yo tenía siempre la lectura de la Biblia que confirmaba los derechos de los trabajadores. La esposa del dueño de casa nunca participaba de las charlas, se quedaba en la cocina, o nos traía café. Hasta que un día fui a visitarla sólo a ella y le pregunté por qué no iba a nuestras charlas. Me dijo que tenía que cuidar a sus niñas, que tenía que hacer café. Discutimos. Hasta que me dijo, casi enojada: “¿Quieres saber por qué no voy? Porque tú hablas como un hombre”.

Yo intenté defenderme. Ella me preguntó: “¿Tú conoces los problemas económicos que nosotras, mujeres de obreros, tenemos?” No. “¿Tú sabes que el viernes es el peor día para nosotros porque el sueldo del obrero sale el sábado y el viernes casi no hay comida?” No, yo le decía. “¿Tú sabes el tipo de trabajo que hacemos para aprovechar el sueldo del esposo?” No. “¿Tú sabes las dificultades sexuales que tenemos con nuestros esposos?” No. “Entiendes por qué no quiero ir a tus charlas, porque no hablas desde nosotras”, me dijo. Esa mujer me abrió los ojos. No me daba cuenta de que abría los ojos para mi condición de mujer en la Iglesia.

–¿Y cómo llegó al feminismo?

–Empecé a leer a las teólogas feministas norteamericanas como Mary Daly. Leí su obra Más allá de Dios Padre. Casi me morí porque ella criticaba casi todo lo que yo creía. Me tomaba las entrañas, empecé a pensar… Leí a Dorothe Sölle, una alemana, que hablaba de la complicidad de las iglesias cristianas con el nazismo y hacía una relación entre la figura del Dios padre y el general.

Cuando recién había entrado al convento yo había vivido de cerca la represión. Enseñaba Filosofía en una escuela pública y eran tiempos de la dictadura militar. Con una de mis amigas que era profesora de Química fuimos detenidas juntas, pero la policía a las dos de la mañana me dejó salir a mí y ella quedó detenida. Mi amiga pertenecía a un grupo político. La torturaron y finalmente cuando salió, al ver a los torturadores en la calle, terminó enfermándose y murió. Ese artículo sobre el nazismo me abrió las puertas para pensar la dictadura de Brasil y cómo también la religión se mezclaba en todo eso. Las manifestaciones en plazas públicas de Tradición, Familia y Propiedad con rosarios en la mano –no sé si aquí también se hicieron– para defender a la gente del comunismo y apoyar a los militares. También leía a muchas norteamericanas. Eso empezó a iluminarme.

La clave fue que un día me encontré con dos feministas en San Pablo, una de ellas me dijo: “Ustedes trabajan teología, ¿pero cuáles son los contenidos?”. Sobre Jesucristo y otras cosas, le dije. Y me preguntó qué cambio tenía eso en la vida de las mujeres, si yo trabajaba la cuestión de la sexualidad, si había enfrentado el tema del aborto. No, le dije. Y me di cuenta de que no conocía nada de las mujeres. Ese fue el comienzo. Me acerqué a grupos feministas de Recife como SOS cuerpo, democracia y ciudadanía. Decidimos programar tres encuentros entre feministas liberales y teólogas en Recife, San Pablo y Río. Desde ese momento, hice mi opción por el feminismo, alrededor de 1992.

–¿Qué la movilizó a involucrarse con la defensa de la despenalización del aborto, uno de los pecados más graves para la Iglesia Católica?

–Fueron muchas casualidades. Los grandes cambios en mi vida vinieron por azar. Yo apoyaba la causa por saber de mujeres que se habían hecho abortos en mi barrio y también entre las feministas. Las apoyaba como persona pero no tenía muy claras las cosas. Hasta que un día una de las feministas de San Pablo me llama por teléfono a Recife y me dice si podría dar una entrevista a la revista Veja sobre la Iglesia Católica y la formación de curas, y acepté. Hice la entrevista.

Al final, el periodista me pregunta en off the record si yo conocía casos de mujeres que se habían hecho abortos. En ese momento justo había ocurrido que una chica que yo conocía del barrio, que tenía ya cinco hijos y se había enamorado de un hombre que trabajaba en una estación de servicio, después de una noche juntos había vuelto a quedar embarazada. Ella tenía problemas mentales y se había hecho el aborto con misoprostol. Se lo comento. El periodista me dice que en ese caso el aborto no es un pecado. Yo digo: “Claro, no es un pecado”. Entonces, rompiendo el off the record, el periodista publica en la revista la entrevista diciendo que una monja católica está en contra de la hipocresía de la Iglesia y a favor del aborto. Me molestó que lo pusiera.

–¿Era la primera vez que usted se manifestaba públicamente a favor del aborto?

–Sí. Fue un lío total. El tema repercutió en la prensa nacional e internacional. Publicaron una foto mía con un crucifijo y la Virgen para hacer sensacionalismo con el tema. Eso fue en el ’94 o ’95. El obispo de mi diócesis me pidió una retractación pública. Yo no acepté. Le dije que sabía de los dolores de las mujeres. De pronto me vino un gran coraje. Pero me llegó una segunda carta pidiendo otra vez una retractación pública, querían que acusara al periodista de mentiroso. Me negué. En la tercera carta me avisan que iban a enviar un dictamen al Vaticano para abrir un proceso en mi contra. El Vaticano reaccionó y tuve que hacer muchas cosas.

–¿Cuál fue el castigo?

–Primero quisieron sacarme de mi congregación. Pero no lo consiguieron porque las autoridades de mi congregación no apoyaban el aborto, pero me apoyaban a mí. Me propusieron otra alternativa: salir de Brasil y volver a hacer estudios de Teología. Yo ya tenía una licenciatura y un doctorado en Filosofía. Me obligaron a estudiar de nuevo. En la carta del Vaticano decían que yo era una persona muy ingenua, que no había razonado desde las claves que la Iglesia negaba, y por mi ingenuidad me mandaban a estudiar para aprender de nuevo la doctrina católica. Querían que fuera a Europa.

Como ya había estudiado en Bélgica, decidimos que fuera allí. La gente ha sido muy buena conmigo. No tuve ningún problema. Hice otro doctorado allá. La contradicción es ésa: te condenan y después hasta se olvidan que te condenaron y te dan un doctorado en nombre del papa Juan Pablo II. Es casi chistoso.

–¿Con qué argumentos defiende la despenalización del aborto en una estructura como la de la Iglesia Católica, que condena tan duramente esa práctica incluso cuando se trata de un embarazo producto de una violación o corre riesgo la vida de la mujer?

–Ni en caso de fetos anencefálicos lo permite la Iglesia. Es algo espantoso. Hay una forma de hacer teología metafísica que naturaliza la maternidad, que te hace dependiente de un ser suprahistórico. Yo hago la deconstrucción de ese tipo de pensamiento. En mi militancia por la causa de las mujeres, no sólo del aborto, trabajo en la teología feminista. Y ellos no lo aceptan. He tenido un segundo proceso por mi pensamiento también. Tuve que contestar tres páginas de preguntas. Si creo en la Trinidad, si creo que el Papa es infalible, cosas de ese tipo.

Lo que hago es la deconstrucción del discurso religioso justificador de la superioridad masculina. Justificador también de que hay una suprahistoria que nos conduce, deconstruyo qué es la naturaleza. Un obispo incluso justifica que se lleva a término un embarazo de un feto anencefálico porque Dios lo quiere, es de un primitivismo hasta chocante. Una persona más sencilla no dice una tontería como ésa. Mi trabajo es deconstruir eso y también la Biblia como la palabra de Dios. Yo digo: no es la palabra, es una palabra humana, donde se pone una persona a la cual se le atribuye, dependiendo de los textos, una característica. A veces Dios es vengador, a veces bueno, a veces manda matar profetas. Intento entrar por la línea del humanismo, donde el dolor del otro me toca, me provoca. Dios es más un verbo. Quiero diosar, quiero sentir tu dolor y quiero que sientas mi dolor. No hay una ley de arriba que dice “no hagas abortos” o “no mates”.

El hecho es que de muchas maneras nos matamos, incluso afirmando que no mates. La vida social es una vida de vida y muerte. Mi trabajo principal es la deconstrucción del pensamiento, de la filosofía, de la teología que mantiene estas posiciones en contra de las elecciones de las mujeres, en contra de los cuerpos femeninos, en contra de los dolores femeninos.

Y esto les molesta mucho, porque dicen que, según Santo Tomas, el alma masculina viene primero, para de nuevo demostrar la superioridad masculina, o sostienen que desde el principio de la unión del óvulo y el espermatozoide está el alma creada por Dios. Y ahora toman la ciencia del ADN para justificar sus posiciones.

–¿Qué contesta a esas argumentaciones?

–Digo cosas muy sencillas: el óvulo es una posibilidad de ser un ser humano, pero para poder ser un ser humano necesitas de sociabilidad, de vida. La Iglesia valora mucho más la vida del feto que la de las mujeres, y entonces mi pregunta es por qué la vida de las mujeres tiene menos valor. Hablan de la inocencia. Y yo digo: ¿Qué es la inocencia? ¿Por qué se habla de la inocencia del feto y no de la inocencia de la mujer que fue violada?

No son argumentos que convencen a todas las mujeres católicas, pero si puedo hacer un proceso de formación hay luces que se encienden. A veces me dicen: “El de arriba quiere esto”. Y yo le digo. “El de aquí, tú, tienes que decidir”. Lo que hago es siempre volver la responsabilidad no para el sacerdote, el obispo, a Dios, a la Virgen. El que decides, digo, eres tú. También hago la reconstrucción de algunas cosas del cristianismo. El cristianismo habla de la reencarnación.

Ellos creen que sólo Jesús encarna. No es así. Hay muchas corrientes. Lo divino está en carne humana. También ahí argumento. Y digo a las mujeres que hay que cambiar esa creencia. El divino habita en cada una. Es un poco por ahí que hago la reconstrucción de la teología y las filosofías que mantienen esta postura.

–¿Y en su congregación la apoyan?

–Me apoyan como persona. Hacemos una distinción. Yo estoy muy presente cuando me necesitan, si alguien está enferma, si me piden un texto para un retiro, para unas ancianas, también en mi barrio en Recife, con la gente sencilla, que me viene a decir que hizo una promesa. Yo escucho. Pero también tengo el otro lado, la cara de la intelectual, de de-constructora de las teorías dominadoras de la gente, no sólo de las mujeres: dominan también a los pobres. Me da pena ver la cantidad de iglesias neopentecostales en la televisión que toman la plata de la gente para hacer milagros y sacar el diablo de la gente: eso no es religión, es mercado, negocio.

–¿Por qué voces como la suya son tan aisladas dentro de la Iglesia Católica?

–Es que no nos dan ningún espacio. El Vaticano cerró el Instituto de Teología de Recife, donde yo trabajaba, porque nos decían que éramos comunistas, y no era una institución seria para la formación del clero. Después del cierre y por defender la legalización del aborto no tengo lugar en la institución como maestra con dos títulos doctorales, con más de 30 libros publicados y tantísimos artículos, porque les molesto.

Y también hay otro problema que es muy serio: tampoco tenemos lugar en las parroquias, en los lugares donde está la gente. Hay un convento de monjas de clausura cerca de mi casa, donde me invitaban a que fuera a darles charlas para que les contara cómo estaban las cosas afuera, y el obispo –no el actual, el anterior– las llamó por teléfono y les dijo que yo era una mujer muy peligrosa, que no me invitaran más. Los espacios de reproducción de este pensamiento son absolutamente escasos.

–¿Ha pensado en irse de la Iglesia?

–No, por coherencia con cierto feminismo y con el cristianismo. Porque irse significa también desconectarse de las mujeres, las que más sufren, todas son creyentes. Creo que las feministas no han trabajado suficientemente las cadenas religiosas de los medios populares, que son cadenas que consuelan y oprimen al mismo tiempo. No puedes ser feminista ignorando la pertenencia religiosa de las mujeres; si no son católicas, son de la Asamblea de Dios, o de la Iglesia Universal, o del candomblé o del espiritismo. Y en cada lugar de éstos hay una dominación de los cuerpos femeninos.

La religión es un componente importantísimo en la construcción de la cultura latinoamericana y, a tal punto, que aquí en la Argentina la conexión entre Iglesia y Estado es tan fuerte. En Brasil tenemos oficialmente la separación, pero en la cultura no. A la presidenta Dilma la han presionado, en la cultura, tanto que ya no habla más de su posición a favor de la despenalización del aborto. Se retractó. Hay que cambiar la Iglesia desde adentro.

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El Supremo reconoce el derecho a los trienios de los profesores de Religión

El Supremo reconoce el derecho a los trienios de los profesores de Religión

Una iniciativa del sindicato USIT-EP

El Supremo reconoce el derecho a los trienios de los profesores de Religión

El Alto Tribunal reconsidera su postura manifestada en sentencias en unificación

Redacción, 16 de julio de 2012 a las 11:03

(USIT-EP).- Desde USIT-EP no podemos sino expresar nuestra alegría por haber conseguido lo que otros daban por perdido, es decir, que el Tribunal Supremoreconsidere su postura manifestada en sentencias en unificación de doctrina de fechas 10 y 21 de diciembre de 2010, respecto al devengo de la antigüedad (trienios) del profesorado de religión.

Nuestros servicios jurídicos mantuvieron intacta la confianza en poder "forzar" un cambio de criterio del Alto Tribunal, aún sabiendo de la valentía y dificultad que entrañaba interponer un Conflicto Colectivo en la Comunidad de Madrid en esta materia, esto es, respecto a la antigüedad (trienios) del profesorado de religión, negados en las citadas sentencias de 10 y 21 de diciembre de 2010.

Así, y a pesar de las críticas que se vertieron sobre la pertinencia de este procedimiento, la utilización de argumentos jurídicos de elevada altura, viene recogido por la propia sentencia: "Esta Sala es consciente de que con esta resolución está matizando de alguna manera resoluciones anteriores dictadas en unificación de doctrina, pero tiene que insistir en el hecho de que en este recurso se han utilizado por la parte recurrente argumentos jurídicos mucho más profundos de los que se alegaron en ocasiones anteriores (...)".

Aquellos profesores que paralizaron los procedimientos que estaban en "camino" cuando se dictaron las sentencias mencionadas, como en su día advertimos, y todos los que no habían iniciado el mismo, ahora pueden continuar o iniciar el procedimiento, con la garantía de que el Conflicto Colectivo ganado por USIT-EP es vinculante para las sentencias individuales.

En su día, USIT-EP fue el único sindicato con representación entre los profesores de religión, que se negó a firmar el Convenio Colectivo impuesto por la Comunidad de Madrid, por no contener en su texto, el devengo de los trienios. A día de hoy, nuevamente nos felicitamos porque si se hubiera firmado se habría perdido irremediablemente este derecho.

Por último, no podemos olvidar la afirmación de esta nueva STS:

"(...) tiene razón el recurrente cuando en atención a tal situación concreta invoca el derecho a la igualdad del art. 14 de la Constitución y la exigencia de que se acomode la propia Administración a las consecuencias que derivan de sus actos propios como derivación del principio de buena fe que preside todo nuestro ordenamiento jurídico desde la previsión que en tal sentido se contiene en el art. 7 del Código Civil".

¡Un nuevo paso, una nueva conquista!



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Woelki, cardenal de Berlín Woelki, cardenal de Berlín

La Iglesia "debe repensar" su postura sobre divorciados y gays

Woelki pone como ejemplo la Iglesia ortodoxa, donde se tolera el divorcio y un sucesivo enlace

El cardenal de Berlín considera que la Iglesia "debe repensar" su postura sobre divorciados y gays

A sus 55 años, el arzobispo es el purpurado más joven del mundo

Redacción, 06 de julio de 2012 a las 09:02

"La Iglesia debería repensar su actitud hacia los divorciados y las relaciones homosexuales", consideró hoy el arzobispo de Berlín, cardenal Rainer Maria Woelki, el más joven purpurado del mundo, de 55 años.

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