La interrupción voluntaria del embarazo ¿delito, pecado o derecho? DESTACADO destacado

feb062014

 

Enviado a la página web de Redes Cristianas

Ante la involución ideológica y moral que representa el anteproyecto de ley sobre el aborto (en adelante Interrupción Voluntaria del Embarazo IVE) presentado por el gobierno del PP, que nos transporta a los viejos tiempos del nacionalcatolicismo, (que creíamos ya superados), el colectivo de CRISTIANAS Y CRISTIANOS DE BASE de Madrid consideramos necesario alzar nuestra voz para denunciar este anteproyecto que supone un ataque sin precedentes a los derechos de las mujeres, a las que obviamente considera menores de edad y, a la vez, llamar la atención sobre la contaminación de los principios jurídicos que rigen la vida social por parte de concepciones filosóficas y principios religiosos extraídos del Catolicismo más conservador.

La lógica jurídica que inspira esta ley parece dirigida a salvarnos a todos del pecado de la IVE convirtiendo lo que es pecado en delito. Como si los preceptos legales en una democracia fueran deudores de las morales religiosas.

Tras esa confusión de planos que hace pensar en los estados teocráticos, consideramos importante centrar la reflexión sobre la IVE en torno a estas tres cuestiones fundamentales: a) el derecho a la vida, b) el derecho de las mujeres a decidir y c) el principio de laicidad

El derecho a la vida
La vida de las personas es mucho más que vida biológica. Cuando hablamos de la vida, debemos siempre referirnos a una “vida digna”, porque sólo así es verdaderamente humana. Lxs cristianxs de Base pensamos que no es una vida digna para una persona aquella que no le permite disponer de un hogar para vivir, de un trabajo que le permita subsistir, de unos servicios públicos que le garanticen la atención sanitaria y la educación, en igualdad de condiciones que al resto de la ciudadanía, en definitiva, que le niega las posibilidades materiales para desarrollarse como persona. Esto, que parece tan obvio para cualquiera, hoy está siendo negado a muchas familias. En este contexto hay que reivindicar con fuerza el derecho a una vida digna para todos, sabiendo que la vida biológica, sin unos derechos básicos garantizados, es más muerte que vida. Nuestra inequívoca apuesta por el derecho a la vida lo es siempre a favor de una vida digna.

De otro lado hay que subrayar que, hoy por hoy, la ciencia no tiene respuestas definitivas sobre cuál sea el momento en que la vida humana comienza. Este es aun un tema abierto al debate que no puede ser invocado para prohibir la IVE ni, menos aún, para tacharlo como homicidio
En este contexto, afirmamos que son las mujeres, las únicas que tienen derecho a decidir sobre su maternidad.

El derecho de las mujeres a decidir, debe ser respetado siempre

Las mujeres somos personas, no solo cuerpos que pueden dar vida a otros cuerpos. El cuerpo de la mujer no puede separarse de su ser de persona, de su dignidad, su conciencia autónoma, su libertad y sus derechos. Así lo reconocen las Naciones Unidas en la Declaración Universal de DDHH de 1948, y se recoge en otras muchas Convenciones internacionales. Por todo ello, las mujeres que son sujetos de derecho y con capacidad de decisión autónoma, deberán tomar en cada caso la decisión de ser madres o no, cómo y cuándo. Esta decisión deberá ser siempre suya, y deberá ser respetada siempre.

Este respeto fundamental a las decisiones que las mujeres tomen sobre su maternidad, solo podrá ser garantizado desde una ética laica exigible al Estado y a todos los ciudadanos, con independencia de sus creencias religiosas o sus principios filosóficos. Nunca desde una “moral” privativa de una u otra confesión religiosa particular, por muchos adeptos que tenga.

El principio de laicidad del Estado

Las cristianas y cristianos de base venimos reclamando hace ya muchos años la urgente necesidad de un Estado laico en el que toda la ciudadanía pueda sentirse representada, sin acepción de credos ni de ideologías. Un Estado que acoja a todos los ciudadanos y ciudadanas por igual, que sepa legislar para todos, en el respeto exquisito a la libertad de conciencia de cada uno, y pensando en el bienestar y los intereses de la mayoría.

Por ello, ante el texto del anteproyecto, no podemos sino levantar la voz para gritar a los cuatro vientos que, en Democracia, no se puede legislar al dictado de los obispos, por muy arraigadas que el legislador tenga sus convicciones religiosas. Denunciamos con el máximo rigor toda situación en la que se pretenda que lo que es considerado “pecado” por unos sea convertido en “delito” en el ordenamiento jurídico que rige para todos. ¿Para cuándo la necesaria separación de Iglesias y Estado? Mientras esta separación no sea un hecho irreversible, seguiremos viviendo en una “democracia de papel”.

Solo en el marco de una sociedad laica, en la que los derechos de todas las personas sean respetadas por igual, sin acepción de credos, confesiones, escuelas de pensamiento, etc. y se garantice por ley la libertad de conciencia, es posible pensar en una democracia real. Por eso, la batalla por una sociedad laica, es decir, de libertad de conciencia para todos y todas, y por un Estado laico que la garantice, es hoy primordial.

En consecuencia con lo anterior, denunciamos la irresponsabilidad y la hipocresía de un Gobierno que, con una mano genera pobreza y exclusión, y con la otra pretende hacernos creer que defiende la vida. ¿La vida de quién? Ni la de las mujeres, ni la de los parados, ni la de los desahuciados de sus viviendas, o privados de sus derechos más elementales… ¡Cada día está más claro a quiénes defienden nuestros gobernantes!

Y, con el mismo énfasis, interpelamos a la jerarquía de Iglesia Católica, cuyo silencio ante el clamor de las mujeres confirma su complicidad con el Gobierno, para que -con independencia de cuál sea su criterio religioso sobre la IVE- demuestren respeto a la democracia laica y compasión radical con las mujeres que se ven en el trance de interrumpir su embarazo, no por frivolidad, sino por estrictas exigencias de las políticas de subordinación y exclusión social a que se ven sometidas. Que, en lugar de condenar y apoyar leyes represoras recuerden el mensaje de libertad y misericordia que proclama el evangelio de Jesús.

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